11 de marzo de 2018

Ministerio de la Soledad

EL mes pasado Gran Bretaña nombró su primer “ministro de la soledad”, a quien se le encarga abordar lo que la primer ministro Theresa May llamó la “triste realidad de la vida moderna”. Así pudo leerse la noticia en varios periódicos ingleses.

De inmediato los responsables de la sanidad inglesa se apresuraron a elogiar la idea, porque no sólo “la soledad es psíquicamente dolorosa, sino por  tener consecuencias médicas graves: enfermedades cardíacas, cáncer, depresión, diabetes y suicidio”. Así lo prueban abundantes estudios epidemiológicos y clínicos (que algunos, todo hay que decirlo, cuestionan). Es decir, que combatiendo la soledad podrían ahorrársele a las arcas públicas ingentes cantidades del dinero, destinadas ahora al tratamiento de esas enfermedades. Entre los estudios asociados, se menciona uno según el cual la soledad reduce la esperanza de vida tanto como fumar quince cigarrillos diarios, lo cual, supongo, no les importa gran cosa a los solitarios, pues muchos de ellos, para sobrellevar su soledad, son fumadores y alcohólicos.

“Más personas que nunca viven  y envejecen solas”, se dice también en el informe, acaso porque las expectativas de vida se han multiplicado por dos, al tiempo que las nuevas tecnologías y el entretenimiento enlatado (seriales, cine, videojuegos, móviles, tabletas, internet) propician la soledad. Por lo demás nada dicen tales estudios de todos aquellos que precisamente porque son viejos, pobres, desdichados, fracasados o tímidos, se ven abocados a ella contra su voluntad, pues su espíritu es jovial, generoso, emprendedor y afable, y eso aún les produce un mayor desasosiego.

Hannah Arendt distinguía entre “hacerse compañía uno mismo” o “solitud” (solitude), y la “soledad” (loneliness), donde “uno se encuentra solo, pero privado de la compañía humana y también de la propia compañía”. Ambas palabras figuran en nuestro diccionario académico, pero sin matiz, como seudónimas. El trabajo que tiene por delante el nuevo Ministerio de la Soledad es, pues, ímprobo. ¿Cómo combatirá esta epidemia del siglo XXI? ¿Qué medidas higiénicas adoptará? ¿Sabrán que aquí sólo se mostrará eficaz la homeopatía? Quiero decir, que a la soledad, como sabemos los solitarios, sólo se la vence con solitud. 

    Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 11 de marzo de 2018] 
  

8 comentarios:

  1. Jose Fuentes Miranda11 de marzo de 2018, 17:23

    Puede ser que la vida sólo sea una herida abierta que sólo se cura o cicatriza con la muerte. De todas formas, nos empeñamos, y lo conseguimos, en complicarla y hacerla más difícil. Hace ya tiempo fuimos a la luna, aunque muchos sigan en ella. Del gran avance de la centralita única de teléfono en pueblos y ciudades, pasamos al teléfono domiciliario y, en la actualidad, al móvil que ha facilitado las comunicaciones a cualquier hora y desde cualquier lugar, pero que también produce aislamiento, accidentes y adicción como una droga más. No digamos el gran avance que ha experimentado la medicina, que ha permitido, aunque a veces se llegue en pésimas condiciones, que las personas vivan más de cien años. Sin embargo, la soledad, la incomunicación, la violencia, el materialismo, los malos modos y la insolidaridad se palpan y se respiran como la contaminación en las calles. Ya lo dijo un farmacéutico poeta: “Ni con paracetamol, doctor, ni con aspirina ni con amoxicilina ni con friccione de alcohol. ¡No hay ninguna medicina¡ Sólo hay para su dolor comprimidos de ternuras y cápsulas de fervor. Que este dolor no se cura más que con curas de amor”. Parecen unos versos algo cursis, pero que encierran una realidad muy actual.

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  2. Mi primer pensamiento al conocer la noticia fue: «Más burocracia “buenista” meramente ideológica». Mi segundo pensamiento fue «En realidad sí es un problema de estado: ancianos que mueren solos en casa sin que nadie se dé cuenta, cierre de bibliotecas y falta de plazas en centros de día y asilos públicos, suicidios de niños y adolescentes…»

    Mi tercer pensamiento fue: «Ojalá no se quede en eso, en burocracia. Lo llamen ministerio “de la soledad” o “contra la deshumanización posmoderna”, da igual».

    Por cierto, la etiqueta “fracasado” (cuyo uso se ha terminado por naturalizar, y eso también deshumaniza, pienso) me resulta tan polémica como lo de “soledad y solitud”. Humildemente creo que hay triunfos y fracasos en la vida (más de los segundos, normalmente). Pero yo no aplicaría el término a las personas como tales (tampoco su contrario: “triunfador”) Ni siquiera aunque el supuesto “fracasado” muera viejo y solo y encuentren su cadáver al lado de un miserable hornillo eléctrico. O aunque el laureado triunfador sea Bill Gates (que ojalá envejezca bien, la calefacción central no va a faltarle).

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  3. Existen, efectivamente, interesantes estudios que vinculan una mayor supervivencia en cáncer cuando se compara una población de individuos casados frente a no casados (no se atreve uno incorporar el debate de "casados vs.parejas de hecho", sólo se hace referencia a la expresión anglosajona usada en el artículo de referencia: unmarried).
    Son estudios poblacionales sólidos y publicados en revistas de alto impacto científico.

    Effects of Marital Status and Economic Resources on Survival After Cancer: A Population-Based Study.
    Publicado en: Cancer. 2016 May 15; 122(10): 1618–1625.

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  4. Al parecer mi último y civilizado comentario se perdió (y van dos). Quiero creer que nadie hizo una pajarita de papel con él, como la del (paradójico) logotipo rojo a la derecha.

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  5. Muy interesante, señor Trapiello. Gracias por la referencia a H. Arendt y a nuestro diccionario académico. No hay que ser un lince para sentir, para saber, que en el libre examen de esa soledad la humanidad nos lo jugamos todo: la única posibilidad de vencer al amargo totalitarismo, cuyo último fin no es otros que anular las conciencias. Hablando de justicia social, dice J. Bronowski que "ningún [otro] animal se enfrenta a esta disyuntiva: un animal es social o solitario. Solo el hombre aspira a ser ambas cosas, un solitario social". Cierto, con un pie aún en el grillete de la universal evolución biológica, creo que este del solitario social, especializado en decir `no´ y en batallar históricamente a muerte con lo social-totalitario, es el único camino honrado, el de la libertad, abierto por el `Homo sapiens´ para abordar esta nueva creación nuestra: la evolución cultural, y sortear así sus también múltiples peligros y aun más cualificados grilletes.

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  6. Jose Fuentes Miranda13 de marzo de 2018, 22:03

    Puede ser que la vida sólo sea una herida abierta que sólo se cura o cicatriza con la muerte. De todas formas, nos empeñamos, y lo conseguimos, en complicarla y hacerla más difícil. Hace ya tiempo fuimos a la luna, aunque muchos sigan en ella. Del gran avance de la centralita única de teléfono en pueblos y ciudades, pasamos al teléfono domiciliario y, en la actualidad, al móvil que ha facilitado las comunicaciones a cualquier hora y desde cualquier lugar, pero que también produce aislamiento, accidentes y adicción como una droga más. No digamos el gran avance que ha experimentado la medicina, que ha permitido, aunque a veces se llegue en pésimas condiciones, que las personas vivan más de cien años. Sin embargo, la soledad, la incomunicación, la violencia, el materialismo, los malos modos y la insolidaridad se palpan y se respiran como la contaminación en las calles. Ya lo dijo un farmacéutico poeta: “Ni con paracetamol, doctor, ni con aspirina ni con amoxicilina ni con friccione de alcohol. ¡No hay ninguna medicina¡ Sólo hay para su dolor comprimidos de ternuras y cápsulas de fervor. Que este dolor no se cura más que con curas de amor”. Parecen unos versos algo cursis, pero que encierran una realidad muy actual.

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  7. Excelente decisión la del Reino Unido, siempre a la cabeza de los cambios sociales. Porque, aunque pueda parecer algo poético y alejado de las estadísticas, en realidad es un factor a tener muy en cuenta a la hora de determinar a las personas realmente vulnerables. Ahora que debatimos la cuestión de las pensiones en España, pues la verdad es que hablar de los pensionistas en general es demasiado amplio. (Recordemos que nuestro sistema de cotización está basado en la solidaridad. Otra cuestión sería si es posible mantener una solidaridad teórica que en la práctica quizás no lo sea tanto). Igual que es demasiado amplio hablar de las mujeres en general. Pero las personas solas son objetivamente más vulnerables y, por lo tanto, podrían ser susceptibles de más ayudas económicas o de mayor atención por parte del estado. Como le dijo Belén Esteban a un independentista, “la unión hace la fuerza”. Los ancianos solos y sin recursos deberían recibir una protección que para otros sería una frivolidad.

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