4 de marzo de 2018

La princesa cautiva

LA imagen se habrá quedado fijada en tu memoria: una niña escucha, arrobada y con ejemplar compostura, las palabras que le dice su padre. La ocasión es solemne. El salón, palaciego y de techos desmesuradamente altos. La concurrencia  escogida, apenas unas docenas, se trenza de familia y Estado. El padre es rey; la niña, princesa. Una princesa de cuento, trece años, rubia, ojos azules, distinguida, encantadora sonrisa. Un día, quién sabe, ella misma será reina. ¿Sí? El futuro es incierto para todos. El rey va a imponer a su hija la más alta distinción que pueda concederse a nadie, el Toisón de oro.

Quienes reprocharon a  Jesús ser ungido por el costoso perfume de Magdalena, volvieron a la carga (“es una vergüenza gastarse cincuenta mil euros, habiendo tantos pobres”), sin saber que ese Toisón no le ha costado nada a nadie: lo hereda de su bisabuelo y, a su muerte, sus herederos habrán de devolverlo. El demagogo echó entonces mano de la insidia: “De acuerdo, pero ¿qué méritos tiene esa niña? ¿Se le habría otorgado de no ser ella quien es?”. No, desde luego. Mérito ninguno, y además sale perdiendo: en aquella solemne ceremonia se estaba formalizando un hecho  insólito: la privación de libertad de un ser humano. A partir de ahora, esa niña se parecerá cada día menos a aquellos con los que habrá de compartir (eso le pidió su padre que hiciera) alegrías y pesares, anhelos y temores. Ni siquiera le estará permitido hacer las cosas que todos ellos hacen tratando de ser felices. ¿Será desdichada, pues? Tiene, para serlo, más probabilidades que tú y que yo. Pregúntalo de otro modo: ¿Desearías ese destino para un hijo?

La ilustración sólo puede ser republicana: todos nacemos libres, nadie está predestinado. “Podría abdicar”, vuelve el venenoso a intervenir. ¿Seguro? Probablemente, cuando pueda hacerlo, ya no sabrá cuál es el camino que lleva a ello. Y con todo, hoy, no es extraño que muchos permaneciéramos con el corazón encogido al lado de esta niña, repitiendo las palabras de Savater: “Preferimos ser ciudadanos sin república a republicanos sin ciudadanía”. Ni siquiera le han dado a elegir: el reino y el Toisón a cambio de su vida y en defensa de la tuya. De eso le habló su padre. De defender los principios ilustrados, el ser todos libres e iguales, menos ella. 

   [Publicado el 3 de marzo de 2018 en el Magazine de La Vanguardia]  

4 comentarios:

  1. Vaya, vaya, qué sacrificados... A ver si van a cansarse y a dejarnos a merced de los rojos... Bromas aparte, creo que la monarquía española debería ser más transparente en cuanto a su papel en la sociedad. Deberían tratar de estar más cerca de la gente, que no se les iban a caer los anillos ni los toisones. Pero se empeñan en dar la imagen de que todo eso es más una molestia que un honor para ellos, que, si de ellos dependiera, mejor retirarse y vivir de las rentas como Alfonso XIII... Pues deberían aprender de Su Majestad la Reina Isabel II, que, en su discurso por su 21.º cumpleaños, declaró que ella se iba a consagrar al servicio de sus ciudadanos y de la familia imperial, a la que todos los británicos pertenecen. Ese es el auténtico papel de la Corona: unir y representar esforzadamente a todos.

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  2. Muy atinado el análisis del señor Trapiello.

    Algunos tienen que vivir en una perfecta dictadura para que otros se quejen (no siempre con razón) de una imperfecta democracia. Y entre los que así se sacrifican (princesas aparte) también están ciertos ciudadanos y ciudadanas que visten de verde y que solemos olvidar. Y no me refiero a los irlandeses que celebran el Día de San Patricio.

    Quien tiene honor no necesita otra medalla. Y jamás la pide, aunque la tradición le otorgue alguna.

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  3. Jose Fuentes Miranda5 de marzo de 2018, 20:21

    Libres e iguales. Con republica o monarquia. Don Juan Carlos fue imprescindible en la consolidacion de la democracia. Hay que tener en cuenta aquello de que cuando mi amigo es tuerto lo miro de perfil. Hay que tener en cuenta los aciertos y olvidar errores y pecados. Felipe lo esta haciendo bien. Lo de menos toisones y tostones.

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  4. La Monarquía sigue siendo la institución más estable y generadora de estabilidad que tiene la sociedad española. Aparte de posibles errores en que hayan podido incurrir las personas representativas de esta institución, la Monarquía española y, en especial, Don Juan Carlos y, ahora su hijo, han prestado servicios impagables durante más de treinta años a un país que, una vez más, desde ciertos sectores extremistas, está creando inseguridad y promoviendo aventuras disgregadoras. Estamos todos de acuerdo en que, en una sociedad democrática, la Justicia y las Leyes tienen que estar por encima de “todo y todos”, pero también es cierto que hay “manos negras” moviendo los hilos del sectarismo, la desestabilización y el cambio de la forma de Estado.

    Como dijo el clásico, los experimentos con gaseosa.
    José Fuentes Miranda.

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