29 de octubre de 2017

Con los ojos abiertos

Tras una regañina, un muchacho, al que esta le ha parecido profundamente injusta, se sube, preso de la ira y como protesta, a un corpulento árbol. Así comienza una de las novelas más prodigiosas de nuestro tiempo. Tras ese inicio fulgurante, Italo Calvino, su autor, nos contará la vida del que llegará a ser “el barón rampante”, alguien que llegó a una edad avanzada sin bajarse del guindo en sentido literal y metafórico ni de otros árboles a los que llegaba a través de sus copas. Podría creerse un argumento artificioso, pero lo cierto es que el lector acaba aceptando todo lo que le ocurre a ese excéntrico personaje como algo que no podría haber sucedido de otro modo.

No es fácil hallar un buen argumento. Pero la realidad está sobrados de ellos. “Todo comenzó hace 28 años cuando  Carmen Jiménez fingió una lesión ocular que le privó de la visión por completo”, nos informaba un periódico navarro. Al parecer se inventó tal enfermedad porque, según aseguró, “estaba harta de ver a la gente y pararme a saludar, nunca he sido muy social y haciéndome pasar por ciega he evitado muchos compromisos sociales”. Familiares y amigos llevaban años sospechando algo, pero “el problema al que se enfrenta ahora la mujer no es a la desconfianza de su marido y sus familiares, sino a que durante el tiempo que se pasó fingiendo, la mujer ha recibido ayuda económica de algunas organizaciones y ahora se tendrá que enfrentar a la justicia”.

Días después se divulgada, parece que se ha confirmado que la noticia es falsa, pero la semilla de novela ya está sembrada. Comprende uno perfectamente a esa Carmen Jiménez, real o ficticia. Muchas y graves cosas están sucediendo en España, muchas y graves, como una corneja agorera, se ciernen sobre Europa y el mundo. La alternativa que tenemos es fingir que no vemos o hacer la vista gorda (¿de dónde procederá esa expresión tan surrealista?). “Las cosas que hemos visto”, dice un Falstaff, nostálgico y desengañado. “Y cosas veredes, amigo Sancho, que harán hablar a las piedras” es la frase que pronunció un don Quijote tan apócrifo como la señora Jiménez... ¿Qué será mejor? Una mayoría de españoles fingen hoy no ver ni a los ciegos ni a los que hacen la vista gorda. Gran sintoísmo. Hoy un escritor del côté de Galdós es afortunado si le dejan mantener los ojos abiertos.

  [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de octubre de 2017]

28 de octubre de 2017

Mañana, domingo 29 de octubre, manifestación en Barcelona

Convocada por Sociedad Civil Catalana, mañana, bajo el lema "Todxs somos Cataluña", en Barcelona a favor de la Constitución y contra los golpistas, bajo pabellón español y la señera.


Y a propósito de banderas. Uno de los tics progres es ese de "yo no soy de banderas" o "para mí todas las banderas son lo mismo". 
Cuando Franco, muchos progres repetían: "yo no veo la televisión", aunque lo cierto es que la veían de una manera vergonzante. Hasta que salieron de ese armario y reconocieron con naturalidad que ver la televisión no tenía por qué ser algo franquista (como tampoco lo eran Cervantes, Santa Teresa o Azorín, Galdós o Baroja, sólo porque se estudiaran en los libros de textos circulados durante el franquismo).
Yo estoy muy gusto junto a una bandera española. No es contagiosa ni me hace nacionalista. Y simboliza todo aquello que nos ha hecho ciudadanos libres e iguales.
Las banderas son como el colesterol, unas son buenas y otras malas. Algunas ni siquiera son respetables  En el París ocupado no significaba lo mismo una bandera nazi y otra francesa, no es lo mismo la confederada que la unionista y, hoy, no es igual la constitucional que la estrellada o la republicana, la bandera pirata que la blanca, etc. 
Mañana se verán en las calles de Barcelona dos banderas constitucionales que representan lo mejor de España y Cataluña. Ahora únicamente hay que esperar que los progres que dicen que “hemos dejado la bandera a la derecha”, se animen y la saquen del armario (también en el chino las dan baratas). Porque las banderas sólo son banderas cuando las da el aire.
Todo lo demás, el relato de lo que ha sucedido estos últimos días, quede para esa novela galdosiana titulada La sagrada familia, cuyo penúltimo capitulo debería llevar el título de aquella de John Kennedy Toole: La conjura de los necios. Del mayor de todos ellos, El Empecinado, se ha anuncia una arenga hoy a las 14:30 grabada en Gerona, pero con los antecedentes de estos días a saber si será a las 14:30 y desde Gerona.
(...) Ya la ha echado, leída y breve. No me ha quedado claro si ha dicho "nos rendimos" o "vamos a seguir siendo nosotros mismos".





25 de octubre de 2017

Dos en uno

ESCRIBO este artículo en el Ave Madrid-Barcelona. Son las siete de la mañana. No hay vez que no haga este trayecto, o el inverso, que no me admire y agradezca esta obra de ingeniería mecánica y humana: unir dos ciudades tan importantes, dos comunidades hermanas, dos modos singulares y valiosos de entender la vida. No sé qué habrá ocurrido en España y en Cataluña cuando este artículo se publique. Nadie lo sabe. Los cuidados se han hecho sin sosiego y hemos vivido los últimos días con el alma en vilo. Ni siquiera sé si usted, que lee este artículo, va a seguir haciéndolo cuando sepa que estoy yendo a Barcelona a la manifestación del 8 de octubre  a favor de la Constitución, gracias a la cual pudo llevarse a cabo la obra de ingeniería política que nos ha permitido conocer el periodo más próspero y pacífico de toda nuestra historia. 

No se apure. No voy a hablarle de política. Raramente lo ha hecho uno en esta página.  He tratado siempre de ser respetuoso con su mañana de domingo. También hoy, si acaso le ha disgustado saber a qué estoy yendo esta mañana primaveral de otoño a Barcelona. Mi incertidumbre es completa. En los últimos días se han ido de Cataluña sus bancos y empresas más importantes. La editorial en la que he publicado una gran parte de mis libros, Planeta, ha anunciado que cambiará su sede si se conoce mañana, pasado, como está previsto, una declaración unilateral de independencia. Nadie sabe qué sucederá. La preocupación y la angustia persisten. Va uno a esta manifestación con el ánimo sombrío. Sé que apenas seremos cuatro gatos en una terra incognita, defendiendo ideas que han sido hostilizadas de manera beligerante y mendaz desde hace mucho tiempo. No importa. Voy feliz, como cuando vuelvo a casa.

(...) Son las siete de la tarde y termino este artículo en el Ave Barcelona-Madrid. Mis amigos me decían, incrédulos: “Hombre de poca fe”. De las tres manifestaciones masivas en las que he participado (23F, Miguel Ángel Blanco y 11M), esta ha sido la más importante. Era la más difícil, porque era la más incierta. Emocionaba la riada de los barrios obreros de la ciudad. Hoy los gobernantes nacionalistas están de enhorabuena: donde decían que había un solo pueblo, hay por lo menos dos que forman una sola comunidad de ciudadanos libres e iguales. Y ojalá este artículo se haya quedado viejo porque ya no haga falta.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 5 de noviembre de 2017]

15 de octubre de 2017

La vida buena

“A lo que usted dice con razón que «cada cual debe dar a su propia vida una importancia infinita» llamamos los viejos krausistas «el deber que cada cual tiene de hacer de su propia vida una obra de arte»”.  Se lo escribe don Manuel Bartolomé Cossío a Gregorio Marañón en una carta. Cuando lo escribió todo el mundo tenía una idea más o menos aproximada de lo que era una obra de arte, pero hoy día, tal y como se han puesto las cosas, no estoy seguro de que pudiéramos suscribirlo. De hecho el noventainueve por ciento de las que pasan por obras de arte, son churros de dos perras. Pero sabemos a qué se refería Cossío: la suma de verdad y belleza da como resultado la bondad. ¿Y en qué se traducía esto, cómo modificaba la vida corriente? En el cultivo de un puñado de virtudes personales, civiles, políticas: el aseo personal, el cuidado y guarda de los bienes comunes, y el respeto a las ideas y sentimientos de los demás así como la defensa cerrada de los principios de la ilustración: nadie es más que nadie.

Por esa razón Cossío y Giner, su maestro, fundadores de la Institución Libre de Enseñanza, pusieron el mayor empeño en la instrucción de lo más chicos e indefensos, a quienes enseñaban, en primer lugar, la diferencia entre la vida buena y la buena vida, entre ir a más o ir a menos, entre lo importante y lo superfluo. Frente al adoctrinamiento, la persuasión y el discernir perpetuo. Fueron los primeros pedagogos modernos. Curas y frailes, hasta entonces monopolistas de la enseñanza, los combatieron con todo, incluido, cuando pudieron, un golpe de Estado. 

En Las armas y las letras se reproducen algunas fotos tenebrosas de niños de corta edad desfilando con el puño levantado o saludando brazo en alto en los años más tristes de la historia de España. Durante el franquismo, antes de entrar en clase, se hacía formar a los alumnos de los colegios públicos y cantar el Cara al sol y dar, al final, los “una, grande y libre” de rigor. Creía uno que aquellos tiempos siniestros no volverían. Han vuelto. Los periódicos han reproducido algunas fotos de niños en labores de agitprop. Sus padres y maestros les han prometido una buena vida, de diseño, acaso porque están ellos muy lejos de conseguir para sí mismos una vida buena, una verdadera obra de arte. 

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de octubre de 2017]

9 de octubre de 2017

Barrios de Luna

EL pantano de Barrios de Luna, en León, está seco por primera vez desde que empezó a llenarse en 1951. Cubrió dieciséis pueblos, entre ellos ese Barrios de Luna, a los pies de la presa. Uno de los más bellos romances de la lengua castellana fue escrito en honor del Duero y todos sus afluentes. Su tercer verso nada tiene que envidiar al famoso del emperador Adriano (animula vagula blandula, “mínima alma mía, vaga y flotante”), ni el poema al catálogo de las naves de Homero. Seguro que lo recuerdan. Si no, búsquenlo en youtube. Existe registro de su autor, Miguel de Unamuno, recitándolo. Impresiona asistir a ese momento, eterno y renovado: “Arlazón, Carrión, Pisuerga,/ Tormes, Águeda, mi Duero. / Lígrimos, lánguidos, íntimos, / espejando claros cielos / abrevando pardos campos, / susurrando romanceros”. Permítanme que enumere aquí el nombre de esos dieciséis pueblos del antiguo condado de Luna. Media Edad Media está enterrada con ellos, media Edad Media acaba de resurgir del fondo: Arrévalo, Campo de Luna, La Canela, Casasola, Cosera, Lagüelles, Láncara de Luna, Miñera, Mirantes de Luna, El Molinón, Oblanca, San Pedro de Luna, Santa Eulalia de las Manzanas, Trabanco, Truva y Ventas de Mallo. Lígrimos, lánguidos, íntimos nombres de la lengua leonesa, de la lengua de mi infancia.

Los habitantes de esos pueblos, al represar las aceradas aguas de aquellas peñas en 1951, cargaron sus enseres en carros y buscaron donde asentarse. Dejaron atrás todo, hasta sus muertos. A Manzaneda de Torío llegó una de esas familias que desde entonces trenzó su historia con la nuestra. 

Las fotografías de ese pantano seco, como tantos otros de España, cuarteada en sus limos, son desoladoras. Recuerdo de niño haber entrado en el lavadero de Caldas de Luna,  de aguas termales. En él lavaban las mujeres la ropa. Ese día no había nadie. Un espacio mínimo también, como el alma, angosto y visigodo, de piedra seca, iluminado por un ventanuco y el hueco de la entrada. Al irrumpir en él se levantó un millón de mariposas blancas. Un millón, ni una menos. Nadie ha visto jamás un fulgor parecido, las mariposas pequeñitas, blancas, agitándose, temblorosas, en un rayo de sol, sin encontrar la salida, como copos de primavera. Cuando el clima cambie del todo, ¿adónde iremos? ¿Con qué bueyes?

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 9 de octubre de 2017]

7 de octubre de 2017

Xenofobia en las dos direcciones

La ANC, que capitanea el golpe de Estado en Cataluña, ha pedido a sus parciales que el domingo día 8 no salgan de sus casas, para restar en lo posible porcentajes de participación involuntaria en la manifestación que ha convocado Sociedad Civil de Cataluña en defensa de la Constitución y las libertades democráticas. Con ello confirman el carácter xenófobo de los nacionalistas. Son xenófobos en las dos direcciones: hacia afuera, expulsando a quienes tratan de defender la libertad e igualdad de todos los ciudadanos, y hacia dentro y contra sí mismos, como los quistes, para evitar que la libertad y la igualdad los contamine.
De ello hablan este opotunísimo artículo de Cayetana Álvarez de Toledo. Y este de Fernando Savater, sonrisa incluida para un flaubertiano campeonato de lugares comunes.
Nos vemos en Barcelona. Y por supuesto en la calle. A cuerpo gentil.

5 de octubre de 2017

Mediación y el nieto de Juan de Mairena

LA única mediación entre ciudadanos libres es la ley.

Parece mentira que haya tenido que venir Felipe VI a recordarlo (en primer lugar a los políticos... y a todos).

Tampoco echen en saco roto esta entrevista con Alfonso Guerra, el nieto de Juan de Mairena. Verdades del barquero: la verdad es la verdad, la diga Agamenón... o su barquero.

http://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/alfonso-guerra-el-psoe-tiene-que-votar-a-favor-de-la-aplicacion-del-155_2017100459d48f3d0cf2304a2738a576.html

3 de octubre de 2017

Por la Constitución: libres e iguales

"LIBRES e Iguales llama a todos los demócratas españoles a que viajen el próximo domingo a Barcelona para apoyar la manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana, a las 12 horas, en la Plaza Urquinaona. En defensa de la libertad, la igualdad y la fraternidad."

1 de octubre de 2017

Basurilla virtual

HEMOS hecho, y mantenemos gustosos, una sociedad virtual. Al día siguiente de conocerse los resultados del Brexit, muchos de los que habían votado a favor de la salida de Inglaterra de la Unión Europea, pedían un nuevo referéndum, como la repetición de un gol, descontentos, sorprendidos y en cierto modo irritados por un resultado del que sólo ellos eran responsables. No creían que la cosa fuera tan en serio. Volvió a suceder en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Los que se quedaron en casa para no votar a Hilary Clinton, finos analistas políticos, no podían creer que, contra todo pronóstico, hubiera ganado Donald Trump. Ah, si se les diera una moviola, esa vez acertarían. En vista de que el tiempo es una máquina inexorable, y no pueden volver atrás, ya todo lo fían de un error de Trump o un impeachment que ponga fin a la partida de manera satisfactoria para el jugador.

La vida como un videojuego. Alguien ha patentado uno que simula los quince minutos previos de un atentado etarra. En él, el jugador puede adoptar todos los puntos de vista: el del guardia civil, el de la víctima y el del asesino etarra. La parte de la sociedad no idiotizada aún del todo o con memoria de lo que ha sucedido en el País Vasco en los últimos cuarenta años, ha reaccionado desolada. El  autor del vídeo ha declarado que no lo ha hecho con mala intención, pero anuncia que tras la versión inglesa, vendrá una en vascuence y otra en castellano. Maite Pagaza, hermana de un asesinado por Eta y una bellísima persona, intervino en el debate: “Quiero creer que ese chico no lo ha hecho con mala intención, pero es tremendo que alguien piense que es lo mismo morir que matar”. 

A ese joven, sin duda aún en minoría de edad mental, habría que explicárselo con otros ejemplos: un videojuego con los quince minutos previos a una violación, para que el jugador experimente lo que siente la víctima y el violador, etc. Sí, hemos llegado a vivir en una sociedad en la que parece que ninguna de nuestras acciones tendrá consecuencias morales, políticas, humanas. Podremos, en el último momento, apretar un botón, dar marcha atrás, y hacer que la ficción suceda de otra manera más a nuestro gusto. Todo antes que reconocer que en la realidad nos hemos convertido en basurilla.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de Octubre de 2017