10 de abril de 2017

Lo mejor de nuestro tiempo

ACABO de leer un libro. Es un libro espléndido, inolvidable. A usted, que es también lector, esta última afirmación no le habrá impresionado, acostumbrados como estamos todos a que nos engañen con frases parecidas. Las hipérboles se han instalado en nuestra feria, y, al igual que las drogas, ni doblando las dosis nos creemos lo que nos cuentan en ella. Si yo le digo que el libro que acabo de leer es maravilloso, lo hago contraviniendo un viejo aforismo: hemos de leer con entusiasmo, pero conviene escribir con escepticismo, y yo no puedo escribir de este libro con escepticismo, porque sigo entusiasmado con el recuerdo de su lectura. Lo que el autor me ha contado da vueltas en mí modificando algunos de mis juicios, implantando otros nuevos o reafirmando algunos más antiguos. Y cuando discutimos... Sólo vale la pena discutir con los que estamos de acuerdo.

Lo extraño es que no es obra de entretenimiento. Lo poético y lo filosófico lo cruza de arriba abajo. Es sólo y nada menos que un libro de libros. Habla en él de autores antiguos y modernos. Algunos, revisitados y queridos (Proust: nadie ha contado mejor el universo oscuro e inagotable de la Recherche en menos páginas); otros, extraños y  herméticos (Hölderlin); otros, en fin, difusos (Prevost, Byron). Y muchos más. Pero la manera de hablarnos de ellos es tan deslumbrante, culta, amena, antirretórica y contagiosa, que no hay ni uno sólo de esos capitulillos que no nos anime a salir corriendo en busca del libro del que se nos ha hablado, como quien no puede dar paz a sus pies en compañía de Dionisios. Y ese es el busilis, porque ni aquellos libros nos parecen libros, ni este tampoco, el mayor elogio que se le puede hacer a un libro, “ay, tragedia del alma”, decía Unamuno. Aquí tragedias, las precisas. Al revés: el humor es tan fino que la sonrisa no se le despinta a uno en dos o tres días.

La vida no tiene sentido, nos recuerda su autor, pensando en Nietzsche, pero el arte nos ayuda a buscarle uno, y nos salva de una existencia desesperada y negra.  A mí estas Nuevas lecturas compulsivas de Félix de Azúa me han salvado estas tardes, que es lo mismo que decir que han puesto a nuestro alcance lo mejor de nuestro tiempo. Deploraría que usted, que ha leído esta página, no se convenciese, pero si no... espero que no le importe que yo siga leyendo.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 9 de abril de 2017]

8 comentarios:

  1. .... Que no tiene nada que ver con "Los mejores años de nuestra vida" pasados por Alberti&sra mientras sus enemigos y sus compañeros padecían la guerra civil.

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  2. Se de él como articulista y político, pero no sabia que era un escritor tan bueno como dice. He leído recomendaciones suyas y son acertadas, Igual lo compro, aunque me da que habla de gente de difícil lectura, si resulta una lectura fácil podría resultar fántastico.

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  3. Frecuentábamos a Azúa en un grupo de debate sobre arte y valoración de la obra artística, pictórica sobre todo, hace unos quince años. Escribe bien y sabe mucho de arte.

    Pero su filosófico "dominio de las pasiones" es más bien escaso, y últimamente se ha perjudicado mucho a sí mismo. Aún así, habrá que hacer una cata a esas lecturas compulsivas.

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  4. Hay mucho que leer y FdeA no entra en mis planes. Podría decir que lo siento, pero eso sería mentir. Con todo, gracias por la recomendación.

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  5. Necesitamos que alguien nos asesore sobre qué vale la pena leer. Es mucho -demasiado- lo que se publica, en papel y en soporte digital, y nuestro tiempo vital no está para derrocharlo en obras deficientes o de escaso nivel. Los libros clásicos y de culto son un valor casi seguro, pero entre los modernos y contemporáneos necesitamos que alguien con criterio confiable nos seleccione y aconseje lecturas adecuadas. También sería bueno que los suplementos culturales publicasen pasajes y fragmentos, para valorar (a modo de cata y cala) el estilo y contenido de las nuevas publicaciones, antes de decidir leerlas.

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    1. ¿Y quién aconseja al consejero/seleccionador?

      Personalmente pienso que la orientación es útil para quien no tiene un criterio formado todavía, porque ha leído muy poco.

      Para el resto, lo mejor es seguir la intuición propia, y leer (entre líneas) alguna que otra crítica antes de optar.

      Bueno, es mi opinión.

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    2. Mucho les pide usted a esos suplementos culturales cuyos críticos don descarados paniaguados de las editoriales o simplemente buenos amigos de sus amigos y los recomiendan sin el menor rubor, como es el el caso de R. Rivero y su adorado J. Marias. Pero la vida es así, unos influyen y otros se dejan influenciar. En medio de todo el juego solo perjudica a los buenos escritores que por diversas razones no se encuentran dentro del circuito de las vaselinas.

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  6. Azúa es un icono de nuestra cultura actual, aunque a algunos les disguste y critiquen su "obsesión" con el asunto catalán. Que a mí no me disguste esa "obsesión" no significa que no me produzca perplejidad que se encuentre tan especialmente motivado por defender la integridad de España. Se diría que ha encontrado oportunidad en ese siniestro yacimiento y se quiere incorporar a la historia dentro del grupo de intelectuales cabales y sensatos que en los años de deriva secesionista se manifestaron abiertamente en su contra. ¿Tentaciones de posteridad? Pues sí, yo creo que sí (dicho sea con todos los respetos hacia quien tiene la suerte de estar casado con una arquitecta y además asturiana). Entrar bajo palio en el reino de los cielos tiene su aquel para los que ya conocieron el almíbar del este y el ese.

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