29 de noviembre de 2015

Elogio de todo lo viejo

 ERA costumbre inveterada de ciertos aristócratas ingleses dar sus zapatos recién hechos a sus criados, a fin de que estos domaran su horma y les dotaran de esa pátina adecuada, noble, que sólo proporciona el uso. Pasado un tiempo, los zapatos, domados, volvían a él. Se publicó hace años una fotografía de Carlos, príncipe de Gales. Aparecía sentado en su sillón preferido, un viejo Chester aculatado y decrépito.  Sólo se entendía aquello como un rasgo del dandismo de su dueño, vestido para la ocasión de una forma impecable .

Podríamos dividir a la gente  en dos grandes grupos, los partidarios de lo viejo y los partidarios de lo nuevo. Aquellos a los que gustan las cosas viejas, y aquellos otros que sólo quieren las nuevas. El fanatismo de lo nuevo llevó a muchos curas, en los años sesenta del siglo pasado, a vender las tallas y tablas góticas de sus iglesias, que sustituyeron por otras modernas, acordes con su interpretación del Concilio Vaticano II. El furor de lo nuevo llevó también a muchos, por esos mismos años, a cambiar sus viejas, grandes y venerables casas, en los cascos viejos de sus ciudades, por chalets sin otra ventaja que una piscina, un trozo de césped y media docena de arbolitos.

Hasta hace unas semanas hubo en la calle Libertad, de Madrid, un negocio de reparación de electrodomésticos. Llevaba abierto no se sabe los años. Era tan angosto que apenas cabían en él dos o tres personas. En los estantes de las paredes se hacinaba toda clase de cafeteras, ventiladores, ollas exprés, aspiradoras, planchas, secadores de pelo y mil objetos más, a menudo  obsoletos y de marcas desaparecidas del mercado hacía medio siglo. No se sabía cómo, los mecánicos se encargaban de conseguir las piezas de recambio, o adaptar otras, y casi siempre proporcionaban a aquellos trastos moribundos otros veinte o treinta años de vida. Quienes llevaban a aquel mechinal sus viejos cacharros eran conscientes de que por muy poco dinero más, podrían acaso tener otro nuevo. ¿Por qué, pues, preferían cargar con su vieja tostadora hasta allí? Sin duda porque a menudo las nuevas son no sólo peores, sino que acabarán averiándose antes que la vieja. Y esto vale también para la ropa. ¿No duraba antes un abrigo toda la vida? Y por supuesto para las patrias. Le pasa a lo nuevo lo que, según Bernardo Soares, le pasa al entusiasmo: es  una ordinariez y cosa de nuevos ricos.

     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de noviembre de 2015]

28 de noviembre de 2015

En un solo tomo

ACABA de llegar a las librerías este libro, que reúne por primera vez las dos novelas cervantinas con este prólogo.
 * * *
No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que pensé en escribir una continuación del Quijote, hace ya quince o más años. Sí sé, en cambio, que no se lo dije a nadie, ni a amigos ni a editores, únicamente a mi mujer. Quería que se juzgara esa obra sólo al final, ya escrita. En cuanto a mi mujer, despejadas las primeras dudas acerca de mi salud mental, recuerdo que sólo alguna vez, de tiempo en tiempo, y viéndome trabajar con tanta ilusión en aquella empresa quijotesca, me decía con una vaga inquietud: “¿Estas seguro de lo que vas a hacer? ¿No tienes miedo de lo que puedan decir?”. La verdad es que pocas veces he estado tan seguro de algo y pocas he tenido menos miedo de lo que pudieran decir. Y no tanto porque confiara mucho en mí o tuviese una alta opinión de mis facultades de escritor; en absoluto. No me considero nada especial, pero tampoco he visto a nadie más generoso que Cervantes con aquellos que nos hemos acercado a sus obras de una manera amistosa, y estoy por decir que no he leído, oído o visto jamás ni un solo folleto, artículo, ensayo, poema, teatro, cine, ópera, tebeo, novela o tratado sobre él o sus obras que no contuviera algo valioso, de buena ley, incluso los más torpes y académicos de ellos tienen algo. Yo sabía que a poco que me dejara contagiar de su espíritu todo resultaría fácil, fuesen los resultados mejores o peores.
Sólo un libro me ha dado más satisfacciones, mientras lo escribía y después, que Al morir don Quijote: El final de Sancho y otras suertes. Aún me lo pasé mejor en este, dueño del tono, más libre y sabiendo que el susto que produjo en algunos Al morir don Quijote habría desaparecido.
Al tono me ayudó mucho la traducción del Quijote al castellano actual. La empecé precisamente a la par que Al morir don Quijote y la terminé un año después de acabar El final de Sancho. Ese Quijote traducido tampoco produjo demasiadas polémicas, exceptuando alguna que otra frase: “crimen de lesa literatura”, dijo alguien el mismo día que lo presentábamos en la Residencia de Estudiantes y de una manera a todas luces melodramática. Me supo a poco. Lo cierto es que ni siquiera he sido muy original. Los libros, cuando no se entienden, se traducen, y antes que el Quijote se tradujeron Shakespeare, Dante o Montaigne a sus lenguas modernas correspondientes, y entre nosotros el Poema de Mío Cid, El Libro del buen amor o La Celestina. Y en poemas épicos o novelas, ¿qué decir? ¿No es la Eneida continuación y secuela de la Ilíada?
En estas dos que tienes por primera vez en un solo volumen (fueron concebidas y escritas como dos partes de la misma obra) se cuentan las historias que les sucedieron a todos esos personajes al morir don Quijote, a quien no he tocado yo un pelo en su tumba, quiero decir, ni un hueso, tal y como pidió Cervantes que no se le tocara, al contrario de lo que les ha sucedido a los suyos propios. En lo demás he tratado de hacer las cosas lo más cervantinamente que he podido, sin olvidar nunca que mi propósito y mi deseo fueron desde el principio que después de leer este libro mío volvieras corriendo al Don Quijote de la Mancha, que siempre será el origen.
                                                        

Madrid, 27 de septiembre de 2015

Cubierta de Guillermo Trapiello

22 de noviembre de 2015

Sólo sexo

Cruising es el término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos, como parques, playas o descampados”, define Wikipedia. Cruising cuenta con una aplicación para móvil, igual que Tinder y Gringer, al servicio de quienes buscan relaciones sexuales bajo techado, pero no menos improvisadas. Ayudados por un gps, que favorece en primer lugar la localización de los copulantes, esa actividad se resume en lo que antiguamente se decía, de un modo tosco, “aquí te pillo, aquí te mato”, seguido de un “si te he visto no me acuerdo”.

La publicación de La vida sexual de Catherine M. fue un gran escándalo en Francia hace quince años. Su autora, Catherine Millet, relataba sus relaciones sexuales, copiosísimas y a dos, a tres, a cinco, a quince bandas,  con mujeres, con hombres, con jóvenes, con viejos, con conocidos, con desconocidos, en el parque de Boulogne, en su casa, en una iglesia, en un cementerio... El libro fue, pues, anuncio de lo que hoy está al orden del día. El cruising de Madrid se practica en el Retiro, en la Casa de Campo y en el primer vagón de la línea 1 de metro (no puedo aclarar si es operativo en ambas direcciones o sólo en una), y Tinder y Gringer funcionan en todo el mundo. 

Cuando yo era joven empezó a hablarse de la “relajación de las costumbres”. Incluía esa relajación los besos en público o que las mujeres dejaran de llevar velo en la iglesia. Los más carcas clamaban alarmados y furiosos contra las relaciones prematrimoniales: “¿Pero qué van a dejar entonces para el matrimonio?”. No sé el número de personas que buscan esos contactos fortuitos ni si se trata de algo sociológicamente significativo. Seguramente yo ahora para los partidarios de esa manera de relacionarse seré uno de aquellos viejos carpetovetónicos que nos censuraban por irnos a vivir en pecado con nuestras novias. Pero sé que si al sexo se le quita el amor (que nada tiene que ver ni con clérigos ni con jueces), se le está privando de lo mejor que tiene, por breve que sea la relación. ¿Cómo puede nadie abrazar a quien no ama, y quién querría deshacer ese abrazo, si de verdad está amando? Por eso es cuestión de tiempo que digamos: de aquellos polvos estos lodos. “El sexo, si es bueno, es sucio”, decía Allen, y tiene razón probablemente, pero también es cierto que en el sexo con amor no hay sucio ni limpio, sólo sexo.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia  el 22 de noviembre de 2015]

15 de noviembre de 2015

Al senado

HOY recoge El País la noticia, y estas fueron mis palabras a Juan José Mateo, periodista que se ocupa hoy de política nacional, y autor durante diez años, en el mismo periódico, de memorables crónicas tenísticas.

"Yo no soy un político ni sé gran cosa de política, pero me honra aparecer de escudero de Savater, un don Quijote en toda regla. Él representa la política ilustrada de Unamuno, Ortega y Azaña. Jamás se arredró ante las embestidas de Eta y de los nacionalistas, y sus tesis se han visto confirmadas: los gerifaltes de Hb llevan seis años en la cárcel y los nacionalistas vascos no quieren oír ni hablar de independencia. ¿Alguien lo ha olvidado? En cuanto a Upyd, es el partido con el que se inició en España la idea de regeneración democrática, la lucha contra la corrupción y la reforma constitucional que hoy llevan en su programa todos los partidos. Por otro lado, a Rosa Díez, acaso la mejor parlamentaria que hemos tenido en España estos años, le han hecho escraches en Madrid y Barcelona los sujetos y sujetas más despreciables, todos ellos en alza y en algunos casos con mando en plaza. Si he decidido dar este pequeño paso, es sólo para eso. Yo ya sé que no voy a ser nunca senador de una cámara cuya disolución pedimos por inoperancia y duplicidad, pero sí puedo recordar a otros que sería una injusticia que Upyd acabara desapareciendo, como tantos parecen propiciar".

Heliotropo

UN día cualquiera, a finales de los años sesenta del pasado siglo, una joven silba, mientras espera en una parada de autobús, unas notas del Tannhaüser. Cerca de donde ella está, otra joven, desconocida, la oye y se acerca a ella silbando una segunda voz. Fue el inicio no sólo de una gran amistad, sino de uno de grandes los grupos (si se puede llamar grupo sólo a dos) del pop español. La primera de aquellas jóvenes, la wagneriana cabría decir, se llamaba Carmen Santonja. La que se acercó silbando, Gloria van Aerseen. Al revés nunca habría tenido lugar esa escena. De haber sido Gloria van Aerseen la que silbaba, Carmen Santonja probablemente no se habría acercado a ella, tal era su timidez. Gloria acaba de morir, Carmen lo hizo hace catorce años.

Aquel fue el germen de Vainica Doble (para entonces Gloria tenía más de treinta años y cuatro hijos), y unos años después, 1974, llegó su primer disco, producido por el poeta  José Manuel Caballero Bonald y con Pepe Nieto como arreglista, Heliotropo. No había ni un solo músico de la movida madrileña, desde Carlos Berlanga al Zurdo o Kikí de Aquí, que no  tuvieran a las Vainica en la mayor consideración por aquel primero y hasta entonces único disco. Todas sus canciones, escritas en estado de gracia, son un portento de finura, suma de letras insólitas, melodías bellísimas y una voz, la de Gloria, que su biógrafo Marcos Blanco Gendre llamó con toda exactitud “mercurial”: “Nadie ha cantado como ella lo hizo. Jamás”. Al conocer la noticia de su muerte, buscamos Heliotropo para despedirnos de ella, de ellas, oyendo algunas de sus canciones, a solas, como cosa nuestra íntima. Y no en un cd sino en el viejo vinilo, por estar más cerca. Y allí, de su puño y letra, nos tropezamos  sendas dedicatorias, una de Gloria y otra de Carmen. Nos dio un vuelco el corazón. ¿Cómo es posible que hubiéramos olvidado algo así? Deben de ser de 1980: “Para Andrés, Miriam y lo que venga”, se lee en la de Carmen. Ha empezado a dar vueltas el disco. Se oyen las “Coplas de un iconoclasta enamorado”, una de las declaraciones de amor más apasionada y fascinante jamás escrita (youtube). Hay algo en la música que hechiza, nada iguala su capacidad de evocación de un tiempo pasado. Nos decimos: 1974, Franco vivía aún y España era bastante siniestra, pero allí estaba Vainica Doble, construyendo la parte más luminosa y risueña de nuestros recuerdos.  

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de noviembre de 2015

13 de noviembre de 2015

DQuijote noche, nueva edición

ACABA de llegar a las librerías esta nueva edición de la traducción del Quijote. Se distingue de las que han ido apareciendo desde junio en el formato, algo mayor (se mantienen la encuadernación de tela y el papel semibiblia, pero no el cuerpo de letra, que ha aumentado un poco). 
Esta lleva la primera de las cubiertas que hizo Guillermo Trapiello, que a nosotros nos gustaba mucho también, aunque preferimos la otra, más luminosa. Es una edición limitada (a estas Navidades) y única (no volverá a editarse), pensada para regalo.
Que tenga una vida larga y corta, quiero decir, que se la recuerde siempre y que se agote pronto.


9 de noviembre de 2015

Una carta a JLGM, con réplica

Querido José Luis:

Acabo de ver tu diario del domingo, donde te encebollas por enésima vez con el asunto de mi traducción del Quijote, subiendo el tono con ese "completo disparate" y "poco ducho corrector de estilo". A cualquiera que se le diga que hablas de los pronombres enclíticos, no lo creería.

Que tu nota lleve fecha del 3 de noviembre, pero que se haya publicado el 8, habiendo entremedias un viernes (santo) 6, día de mi intervención en la presentación que tú me pediste que hiciera de tu libro, con lo que allí sucedió, no es sino la confirmación de que no necesitas años para vengarte ni para mentir (o no contar toda la verdad) ni para el pellizco de monja: para dar el cambiazo te bastan a ti un par de días.

Te dije este sábado, respondiendo tu carta, que yo ya te había "perdonado" lo del viernes, que no "olvidado", (como citas (mal) en tu libro, malditas comillas); te lo digo, porque creo que me acordaré siempre de lo bien que me lo pasé esa tarde. ¡Tenemos incluso una grabación del acto!

Sigue bien, cuídate y no cambies por nada del mundo.

Por cierto, te decía hace un par de meses que no sabía si enviarte o no el nuevo tomo del Salón de pasos perdidos. No lo haré y le pediré a los pretextos que no lo hagan tampoco. Sabiendo el mucho gusto que te dará escribir de él, a tenor del aperitivo que anuncia la nota del 3 de noviembre, he pensado que es mejor que cada cual se pague sus propios vicios. Sé que lo entiendes.

No dejes de llamarme si vienes alguna otra vez por aquí. Seguro que para entonces no estaré tan liado como lo estoy estas semanas.

Un abrazo

A.

* * *

EL diario hay que enviarlo días antes al periódico, amigo Andrés (para la ilustración). La nota del viernes corresponde al próximo domingo.

Un abrazo

JLGM

* * *

NO sabes lo tranquilo que me quedo sabiendo que acudías a la presentación con esas finezas tuyas en la cartera, ya preparadas, para darme las gracias por leerme tu libro, idear la presentación, cruzar Madrid en taxi y dedicarte dos horas, una de ellas, casi entera, hablando de alguien cuyo lema, como dije allí, no es el guilleniano "el mundo está bien hecho", sino "yo estoy bien hecho". Esta es una suerte que no se tiene todos los días.
Y si vas a escribir del asunto, atención con las comillas, que sueles usar algo a la ligera. Como aquí hay una grabación, y dos docenas de testigos, no te costará ponerlas bien.

Sigue bien

A.

8 de noviembre de 2015

Trigo limpio

CUANDO usted lea este artículo ya se habrán olvidado las palabras de Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia, que lo inspiraron: “Esta invasión de emigrantes, de refugiados [sirios, afganos, armenios, kurdos], ¿es todo trigo limpio o viene con mucha mezcla? Viene con mucha mezcla, y en todo caso, dentro de unos años, dónde quedará Europa? No se puede jugar con la identidad de los pueblos. ¿Vienen solamente porque son perseguidos? Muy pocos vienen perseguidos, muy pocos”.

Tiene razón el señor obispo.   Tampoco sabemos si Cañizares es trigo limpio. ¿Es trigo limpio Cañizares o viene con mucha mezcla? Desde luego en la iglesia católica no todo es trigo limpio. Cada día conocemos nuevos casos de curas a quienes se imputa un exceso de celo con los monaguillos. Esas declaraciones xenófobas del obispo, coincidieron con la divulgación de la historia de Rivesaltes, el campo que acogió a miles de refugiados republicanos españoles de la guerra civil a los que Francia consideró poco menos que bandidos y malhechores. Como es sabido Francia, al acabar la guerra civil española, recluyó en campos a miles de refugiados, a los que su gobierno y un número considerable de franceses trataron de un modo vejatorio y miserable. Ellos se hicieron la misma pregunta: ¿son todos estos republicanos trigo limpio? 

Por supuesto que no. Entre ellos se hallaban quienes habían cometido durante la guerra crímenes atroces, robos, actos execrables de los que jamás darían cuenta, convencidos de que la derrota y el exilio les exoneraba de cualquier responsabilidad moral y penal. Pero lo importante no fueron esos cientos o miles de criminales republicanos (en España quedaban cientos, miles de criminales franquistas, que gozaron de la misma impunidad gracias a la victoria), sino la inmensa mayoría, víctimas inocentes perseguidos por la guerra, la muerte, la barbarie y el hambre. ¿Qué más persecuciones se necesitan? Cuando los obispos empiezan a mostrar su preocupación por la identidad de los pueblos hay que echarse a temblar (o ponerse a rezar). No, señor obispo. El trigo limpio es un mito, como la limpieza de sangre y la identidad de los pueblos, más allá del rh, las jotas que bailen y los rezos que hagan. Lo que caracteriza al ser humano es su dignidad y su derecho a una ciudadanía, algo que, por suerte, no se expende ni en sinagogas, mezquitas o catedrales.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de noviembre de 2015]

2 de noviembre de 2015

Ay, Portugal...

LOS portugueses son tan discretos que incluso para declarar el amor que sienten por su país lo hacen de una manera afligida, delicada: “Ay, Portugal, por qué te quiero tanto...”. En cientos de fados está esta misma idea: ¿qué fatalidad nos lleva a amar un país como este que, desde Alcazarquivir, parece haber ido de derrota en derrota? ¿De dónde le nace esta pena tan profunda que representa como nadie el rey don Sebastián? 

Pocos sentimientos más conmovedores que esa fatalidad que les lleva a una especie de hospitalaria desesperación, cuando tienen que vivir en su país, o a una saudade insalvable cuando han de hacerlo lejos de él. De eso hablan sus fados, eso se preguntan sus íntimos soliloquios: “Ay, Portugal, por qué te quiero tanto...” Si dejaran hacerse portugués en alguna oficina, iría corriendo. No hay vez que no llegue uno a Portugal, que no nos preguntemos: ¿y por qué no nos pareceremos más a los portugueses? ¿Por qué hemos de ser tan ruidosos, folloneros y entusiastas? ¡Con cuánta solicitud hemos visto estos días a taxistas, camareros, comerciantes y hoteleros hablándonos castellano! ¡Cuánta ilusión ponían en hacerlo correctamente! Cuando se les preguntaba dónde habían aprendido a hablarlo tan bien, decían risueños: hablándolo, por el gusto de hacerlo... Así que nos quedábamos un poco abochornados por no saber corresponder en su lengua, tan hermosa, a tantas atenciones espontáneas, movidas a menudo sólo por el deseo de agradar. 

La idea de una federación ibérica, formada por Portugal y España, es antigua, muy anterior incluso a la de la Unión Europea. Desaparecidas hoy las fronteras entre nuestros dos países, sólo quedan un puñado de abandonadas casamatas y dependencias aduaneras en ruinas. Cuando cruza uno la Raya de Portugal, los alcornocales, encinares y olivares que dejamos en Extremadura o en el Alentejo, según el sentido de la marcha, nos confirman que seguimos en un mismo país. ¿El mismo? No, desde luego. El suyo está formado por gentes discretas, silenciosas, generosas, pacientes, y, sí, melancólicas, pero joviales. Algo más pobres, pero mucho más nobles. Han llegado a un punto de refinamiento tal (no en vano están emparentados con Inglaterra y con Oriente) que han hecho suya la enseñanza de Bernardo Soares: “El entusiasmo es una ordinariez”. Lo saben desde hace siglos.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de noviembre de 2015]