29 de diciembre de 2014

Indumentos


NO tendría nada de extraño que la política española de los próximos meses la decidieran los indumentos. En realidad, en épocas de crisis y revueltas, la ropa acaba cobrando una gran importancia identitaria. Sucedió en el motín de Esquilache, desatado por una ordenanza que pretendía acortar las capas y reducir el chambergo de ala ancha, muy apreciados por el pueblo llano. Sucedió en la Revolución Francesa, en manos en un primer momento de los sans culottes (“sin calzones” literalmente, y por extensión desarrapados y parias). Volvería a pasar en el Tercer Reich, con sus camisas pardas; en la Italia del Duce, con las camisas negras; en el franquismo, con las camisas azules. Con la irrupción de Podemos, España ha entrado en la era de las camisas blancas sin corbata (o con una de nudo flojo). 

Y que estas van a jugar un papel importante lo tenemos en el hecho de que el líder de los podemos ya ha acusado al de los socialistas de estar copiándole las camisas, a lo que éste ha respondido que aquél le ha copiado el programa, al tiempo que otros recuerdan que el último en hacer política en mangas de camisa fue José Antonio, quien decía también “nosotros no somos de izquierdas ni de derechas, sino un movimiento social”. Las camisas del líder de Izquierda Unida, sin cuello y sin planchar, parecen proceder de unos extras de Novecento, de Bertolucci, y probablemente hayan sido las causantes de su fracaso: huelen a atrezo proletario y naftalina incluso por televisión. Las del Pp (y en parte Ciu) suelen ser de Ralph Lauren o de camisero, estas con las iniciales de su dueño en la tetilla, cuellos  blancos y tela de color y puños dobles para botón o gemelo, en fin, cualquier cosa que las distinga de las sufridas camisas de empleados y oficinistas que se venden amontonadas en las rebajas. Bildu y la Cup son más de camisetas (sudadas).

El triunfo de los socialistas en 1982 vino precedido del triunfo de la pana, que desapareció de la escena política en muy poco tiempo, en cuanto alcanzaron el poder. En los años ochenta del siglo pasado se puso de moda una canción de letra bastante graciosa. Se diría que hablaba de todo esto: “Estoy preparando una expedición al Congo, busco entre lo que tengo para ver lo que me pongo”. Veremos los próximos meses elegir cuidadosamente sus camisas sobre todo a aquellos que quieren ocultar que ya están cambiando de chaqueta.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 28 de diciembre de 2014]

23 de diciembre de 2014

Como un noble polaco

ESTE almanaque ha publicado sus hojas a diario (casi) durante cuatro años, más o menos. En pocos sitios he estado más a gusto, pero hoy deja uno de llevarlo como lo ha llevado hasta hoy, y ello acaso redunde en beneficio de otras cosas, incluido este blog.
O de Mundo es, que está viniendo.
Vendrán aquí cada lunes los artículos del Magazine, y aquello que le vague a uno, cuando le vague.
Los que le esperaban a diario tal vez encuentren a su autor en otras partes.
Siendo así, yo agradezco la espera, como agradecí la compañía.
Gracias, pues, a todxs.
Feliz año.
* * *
Y a propósito de lo que se decía aquí el otro día de ese burro ocioso, y para hacer de este sólo un mutis a medias; todo  podría resumirse en el aforismo que acabo de encontrarme en Mundo es:

Con trabajo y sin esfuerzo.

Todo nuestro trabajo debiera parecer hecho en un rato, o mejor, en sueños. Y esto, con aquello que decía Gaya, "pobres, pero de lujo", basta para que pueda cualquiera ir por la vida como un noble polaco.


Las Viñas, diciembre, 2014

22 de diciembre de 2014

El busilis quijotil

EL año que viene se celebrará el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote, y volveremos a oír la vieja cuestión: ¿se debe o no leer el Quijote en los colegios? La controversia no es nueva. Ya hace cien años intervinieron, a favor y en contra, conocidos intelectuales. A favor estaban quienes sostenían que si amaban de adultos tanto ese libro era porque de niños se les inculcó su lectura. En contra, quienes sostenían que precisamente porque se les obligó a leerlo de niños, habían acabado aborreciéndolo.

Que el Quijote no es una lectura infantil está fuera de duda. De hecho, probablemente ni un uno por ciento de los hispanohablantes podría leerlo si no es en una edición profusamente anotada. Los que creen recordar haberlo leído en el colegio u oído de labios de un maestro aplicado tendrían que hacer este cálculo: suponiendo que lo leyeran una vez a la semana, a cinco páginas por día, tardarían en completar su lectura unos seis años, sin contar el tiempo que emplearían en saber qué significa lo de “lanza en ristre” o expresiones como  “castígame mi madre, y yo trómpogelas” y mil otras, que dejan a los papiros del Mar Muerto en inocentes trabalenguas. Quien diga, pues, que “leyó” todo el Quijote de niño, o miente por fantasía, o se engaña por vanidad. 

No, no se ha de leer el Quijote en el colegio, porque no lo entenderán. Como tampoco hay que leerles La Ilíada ni la Biblia. Pero a los niños se les ha de contar el Quijote desde que tengan uso de razón, y hablarles de él a todas horas, y de Aquiles y de Odiseo, y de Moisés y de Cristo, y de todos aquellos personajes de ficción o reales en cuya ejemplaridad nos hemos de mirar los adultos, desde Carlomagno a Emily Dickinson. Contamos con adaptaciones para escolares y adolescentes de todas esas obras, películas, seriales y dibujos animados, algunos muy buenos. En ellos aprenderán a amar los más chicos  las virtudes quijotescas (libertad y justicia) y cervantinas (compasión, jovialidad). Sólo así quizá, un buen día, ya adultos, tomarán ese libro y otros parecidos en sus manos, lo abrirán y se dejarán llevar al más maravilloso lugar de la tierra, más allá de la ficción o la realidad, aquel donde cuentan sólo las cosas verdaderas. Para poder decir de mayores lo que Flaubert decía precisamente del Quijote: “Me lo sabía de memoria antes incluso de haber aprendido a leer”. Y este es el busilis, tan quijotesco.
   [Se publicó en el Magazine de La Vanguardia el 21 de diciembre de 2014]

21 de diciembre de 2014

Luciérnagas (y 2)

Y, sí, no acabó allí la cosa. 
Una semana después, en uno de los tableros del Rastro, hace, pues, dos o tres semanas, encontré el segundo ejemplar de estas Luciérnagas, en el que la cubierta de Leal da Câmara, con el retrato de Bargiela, ha sido sustituida por otra únicamente tipográfica, con menos fantasías. Todo lo demás, portada y tripas, es igual en ambas, caja pequeña, tipos menudos. ¿A qué vino esta fantasía tan bargielesca de cambiar las cubiertas?
Para saber del personaje es imprescindible leer el estudio que Emilio Gavilanes puso al frente de la reedición de Luciérnagas (Ed. Renacimiento, 2009). En realidad no es tanto una reedición, como unas obras completas, pues se incluyen en ese tomo artículos, ensayos y poemas del escritor diplomático gallego.
Cuenta EGavilanes en él la vida y milagros de ese curioso y divertido personaje (Tuy, 1864-Casablanca, 1910) al que miraron con simpatía la inmensa mayoría de los escritores del 98, con los que compartió la bohemia y los primeros pasos literarios, armada por el prologuista como un verdadero y apasionante puzle. Me atrevería a decir que tiene más interés y sabor ese estudio que la obra propiamente que le sigue (que tiene tanto de costumbrista como de modernista).
Desde hoy estos dos ejemplares del libro más curioso de la literatura española darán a nuestra casa un cierto temblor fosforescente, fantasmal, galaico. 
Con ellos se acaba el emplear la palabra "inencontrable", la ilusión, ay, de encontrarlo y el aura que hasta hoy le rodeaba. 




20 de diciembre de 2014

Luciérnagas (1)

LUCIÉRNAGAS, de Camilo Bargiela, es probablemente el más raro e inencontrable libro de la generación del 98 y uno de los más curiosos de toda la literatura española. Reúne en sí los tres famosos adjetivos de la sala de la Biblioteca Nacional: "Raros, curiosos y olvidados". En cuarenta años que lleva uno andando por librerías de viejo y rastros y almonedas de medio mundo no lo había visto jamás. 
Al acabar la presentación de El final de Sancho Panza en Sevilla el pasado noviembre se acercó un joven. Al parecer le había dicho uno en uno de esos efímeros encuentros en la Feria del Retiro que la mejor manera para aprender tipografía era comprar libros viejos. Me hizo caso y desde entonces, cuatro o cinco años, los busca por internet. Acababa de encontrar este que le parecía curioso, y lo traía para mostrármelo. Cuando le dije que era uno de los libros que llevaba buscando casi medio siglo, no lo dudó, y allí mismo me lo regaló. Estaba delante casualmente ALinares, que asistió a la escena con esa gravedad de los padrinos taurinos durante una alternativa. Tampoco él lo tenía, pese a haberlo reeditado en su editorial de Renacimiento, con un estudio de Emilio Gavilanes. Para JMBonet, Abelardo o yo mismo Luciérnagas también hubiera podido titularse Unicornios.
Me dijo su nombre, Miguel Bohórquez, y me comprometí a corresponderle con algunos otros libros. Rehusó con vehemencia. Nada le podía hacer más feliz, confesó, que hacerme aquel presente. Sólo forzado, acabó escribiendo su dirección en un papel, que he perdido. Su correo electrónico, que creía recordar, me lo devuelve el servidor. No sé a quién recurrir, porque no querría dejar incumplida aquella promesa. 
Pero no acaba aquí esta bonita historia.


18 de diciembre de 2014

El burro ocioso

NADA de lo que hagas debiera recordar a nadie el trabajo que hay detrás. Que todo lo tuyo parezca hecho en un rato, con la mano izquierda, mientras dormías. Que nadie te elogie el esfuerzo, es como si te elogiaran el sudor. Claro que tampoco está mal, lo has dicho otras veces: cuando alguien dice que escribes mucho es porque no ha podido decir nada peor. Y qué maravilla el burro ocioso.


Las Viñas, diciembre de 2014

Ni tren sin sueño

LOS libros o son intimidad o no son nada. Tienen algo de nuestra ropa, limpia y ordenada en un armario, y de armarios, ¿quién presume?
* * *
NI tren sin sueño ni avión con sobresalto.
* * *
LA ilusión de cada libro nuevo le hace a uno olvidarse del fracaso del anterior.
* * *
¿EL Quijote o don Quijote? Don Quijote no lo dudaría: el Quijote. Cervantes tampoco: don Quijote.
* * *
MÁS aún que en el terno del difunto, cuánta desolación en los zapatos de un muerto, saber que todo lo que sustentaron es ya el aire que respiramos.
* * *
TAN o más importante que el inventor del teléfono fue aquel al que se le ocurrió dotarlo de un timbre que habla en trinos.

Tren Madrid Ávila, 17 de noviembre de 2014

17 de diciembre de 2014

Amigxs

EL sol y la luna. Uno perro, la otra gato. Como el perro y el gato. Como perro, sabemos que apenas amanece, no se despega de nosotros. Como gato, la luna, un misterio, unos días está y otros no, y no sirve preguntar.
* * *
DOS se hacen amigos, uno tonto y el otro no se sabe. El tonto acaba pudiendo al no se sabe.
* * *
AL revés también sucede. Dos se hacen amigos, uno más listo y bueno. Pasado un tiempo el no se sabe es, si no más listo, sí más bueno.
* * *
LOS amigxs que no son mejores que nosotros, ¿para qué los necesitamos?





16 de diciembre de 2014

Platero en el 902 334 555

ACABAN de cumplirse cien años de la publicación de Platero y yo, y con esa ocasión se edita por primera vez el facsímil de la princeps (por decirlo a lo pedante), acaso el más raro, buscado y cotizado de los libros de su autor. 
Le han pedido el prólogo a uno y que supervisara la edición (papeles, tintas, fotomecánica), lo que he hecho muy gustoso con los amigos tipógrafos de Abc (Javier López Pando, Carlos Tallante) y los de Batiscafo (Oriol Castanys, Jerusalén Llácer), y puedo decir que el resultado es portentoso, pese a las dificultades técnicas. Sí, no os lo perdáis, porque pasada la ocasión suele ser tarde (la edición es además, creo, limitada), y vale la pena tener en un solo cuerpo, y a un precio más que razonable, uno de los mejores libros de la tipografía modernista española y uno de las más hermosas historias jamás escritas en nuestra lengua. Y vale la pena  tenerlo en esa edición precisamente por lo que decía el propio JRJ: en edición diferente los libros dicen cosa distinta.
No le gusta a uno el tono mercantilista de esta entrada, pero no he hallado un modo más natural de decir algo que desearía compartir con todo el mundo.


Página del periódico.

15 de diciembre de 2014

Una héroe de nuestro tiempo

CÓMO se hace una novela tituló Unamuno el libro que cuenta su enfrentamiento con Alfonso XIII y el botarate a quien este entregó el gobierno de España, el general Primo de Rivera, que lo mandó al destierro. No es, pues, un libro de literatura: las novelas sólo se escriben a partir de la vida, no al revés, dice Unamuno.

Cada semana se le presentan a uno una buena porción de temas para su artículo. Sucede a menudo que no sabemos por cuál decidirnos. Nos decimos: “De esto ya han hablado éste o aquél”, y lo dejamos. Es fácil para un articulista tirar con pólvora del rey, hacer brindis al sol, ensayar el lucimiento, el postureo. En esto no somos diferentes de los políticos. La galería agradece que se le hable de según qué  asuntos, pero lo cierto es que no suele serle difícil a un oportunista o un demagogo hacerse pasar por Don Quijote. Por ejemplo, todo lo que se diga de los desahucios es poco. ¿A quién no se le abren las carnes viendo cómo se arroja a la calle a una anciana indefensa de la casa donde ha vivido cincuenta años? Indigna, anonada y entristece a todos, desde los policías encargados de llevar a cabo el desalojo hasta, probablemente, los miserables usureros y buitres que lo han provocado. Nada nuevo, nada que no se repita cada día tres o cuatro veces en algún rincón de España.  ¿Qué ha ocurrido entonces con Carmen Martínez Ayuso para que no se hable de otra cosa?

Su caso es el de tantos, una conjunción de mala suerte, buen corazón (avaló a su hijo 40.000 euros) e ignorancia (no sabe leer ni escribir). El que la plantilla del Rayo Vallecano se haya comprometido a pagarle el alquiler de un piso añade una nota ejemplarizante, desde luego, pero hay algo más. ¿Qué? La novela que adivinamos en esta brava resistente vallecana:”Toda la vida levantándome a las seis de la mañana para recoger la espiga”, es decir, viviendo de lo que los segadores dejan olvidado en los campos. La tesis de la novela tampoco podría nadie resumirla mejor que ella: “Todo el dinero que se llevan los poderosos viene de nuestro sudor. He vivido muchos años, pero la vida no deja de espabilarte”. He aquí, sí, una héroe de nuestro tiempo. Mientras perdemos el nuestro buscando en noveluchas y seriales de tv personajes  de tres al cuarto, eso sí muy literarios, falsos y desalmados, tenemos ante nuestros ojos las grandes novelas, sin acertar a verlas porque tratan de gentes de carne, hueso y alma que tenemos cerca.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 14 de diciembre de 2014]

14 de diciembre de 2014

A modo de epílogo (Pessoa)

ACABA de reeditarse este hermoso libro, y a propósito de él escribió uno estas líneas cuando se publicó por vez primera. Sirven de epílogo en su reedición:


Se diría que, a falta de sistemas articulados de pensamiento necesitáramos sólo un puñado de recetas, como píldoras de un oráculo manual que mantengan la inteligencia y la esperanza en unos niveles aceptables. En muy poco tiempo se han publicado algunos libros de aforismos y se anuncian otros, de autores clásicos y de contemporáneos. El que ha propiciado estas líneas es de Fernando Pessoa,  un tomito escogido y traducido por José Luis García Martín, él mismo notable cultivador de aforismos. Pessoa no publicó nunca aforismos, y si no conociéramos la probidad del antólogo podríamos pensar que algunos de estos pudo haberlos escrito él. Porque llegados a este punto hemos de confesar algunas de las razones por las que tanto nos gustan los aforismos. En primer lugar, porque todos los aforismos, proverbios y máximas tienen algo de anónimo y algo de apócrifo: en la noche de la literatura todos los aforismos son pardos. En segundo lugar, porque cualquiera puede escribir un buen aforismo (como cualquiera puede hacer una buena foto, lo que no le convierte en fotógrafo) y en tercero, porque los aforismos, como los refranes, sus parientes pobres de pueblo, son un atajo que no olvida tampoco que no hay atajo sin trabajo.

Nietzsche, tal vez el aforista más deslumbrante y confeso admirador de nuestro Gracián, escribió en El ocaso de los ídolos: “Lo que no me destruye, me hace más fuerte”. ¿Es muy diferente esto de nuestro castizo “lo que no mata, engorda”? Ni siquiera podríamos asegurarlo, pero esa es otra de sus virtudes: el aforismo bueno es a un tiempo panacea y placebo, y no hace mal nunca, valiendo tanto para un roto como para un descosido.

En este pequeño gran libro de Pessoa nos sale al paso uno, que nos entusiasma, apropiadísimo para la crisis, pero también para todo tiempo, pues no lo hay que no sea crítico, de crisis: “El entusiasmo es una grosería”. Deberían recordarlo tanto los entusiastas como aquellos que tachan de antipatriotas o derrotistas a los estoicos. Pensando en estos Pessoa dice también: “Os digo: Practicad el bien. ¿Por qué? ¿Qué ganáis con eso? Nada, no ganáis nada. Ni dinero, ni amor, ni respeto, ni acaso paz de espíritu. ¿Entonces ¿por qué os digo: practicad el bien? Porque no ganáis nada con ello. Por eso mismo vale la pena practicarlo”. ¿Predicó con el ejemplo Pessoa? Desde luego que sí: murió solo, pese a haber practicado el bien como pocos al dejarnos una obra llena de enseñanzas y consoladora belleza: “Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo”, nos dijo. ¿Y fue feliz? En la medida en que “para ser feliz es preciso no saberlo”, no. Pero no le culpó a nadie de ello. No sabemos si el mundo que hemos conocido hasta aquí se está hundiendo. Puede. Así lo indican los “sálvese quien pueda”, aforismo de moda, despiadado y estúpido, que oímos desde todas partes y a todas horas. Y sin embargo, Pessoa, el solitario y estoico, viene en nuestra ayuda a socorrernos, a salvarnos, y nos dice: “Nada le falta a quien nada es”. Y en eso estamos: aprendiendo a ser nada, aprendiendo a ser nadie, disciplina que nada tiene que ver, por cierto, con la resignación.


13 de diciembre de 2014

Al morir don Quijote

SE reproducía  aquí hace unos días un reclamo de la película de Rafael Gil, Don Quijote de la Mancha, de 1948. Con él aparecieron otros, todos en gran tamaño y fotografías originales. Acaso el más llamativo sea este en el que está espigado el reparto de la película, y que representa la escena de la muerte de don Quijote: Don Quijote (Rafael Rivelles), Sancho Panza (Juan Calvo), Antonia, la sobrina (Sara Montiel), el cura (Juan Espantaleón), barbero (Manolo Morán), Sansón Carrasco (Fernando Rey) y el ama (Julia Caba Alba).
La música era de Ernesto Halffter. Y sigue siendo.
Lo que tiene de simpático ese mito de don Quijote, es que de cualquier manera que se represente, acaba cuadrando. Quiero decir, que al rato, en cuanto se acostumbra uno, todas esas ficciones se dejan encarnar de una manera natural en mil anatomías diferentes. Es decir, a poco ponga uno de su parte, el Quijote nos hace mejores a todos.



12 de diciembre de 2014

Sobre la fama futura

LA gratitud es la respuesta a una dádiva, en sus diferentes versiones ésta, y a menudo inmerecida. Pero hay algo que va más allá de la propia gratitud, la gratitud de la gratitud, diríamos. Sentir que nuestro corazón es capaz de agradecer, porque, sí, la palabra gracias nos mejora a todos.
Y muy honda gratitud fue la que sintió uno a las siete de la mañana en un aeropuerto, camino de Bilbao. Tenía ante mí esto y esto, y la dicha de creer que todo formaba aún parte del sueño en el que medio seguía. 
Para mí era importante que uno de los que mejor han defendido "los hechos" contra las ficciones "reales" en el periodismo español en estos últimos treinta años, hablara de una novela cuya mayor aspiración es la de llegar a ser "una historia verdadera", y que la defendiera como lo hizo; gracias, Santiago González. O desde la poesía, lo único que puede disputarle a la realidad su propia naturaleza ontológica; gracias, Félix de Azúa.
Y como uno tenía que decir algo de Miguel de Cervantes, lo hizo leyendo este pequeño fragmento del quijotesco Bernardo Soares ante la mirada atenta de un don Miguel de Unamuno que tienen allí en efigie, hecho de cartón piedra.
Tratan esas líneas de la fama y de la eternidad, asunto que preocupó a estos tres grandes hombres, porque hombres y grandes son ya los tres por igual, los que tuvieron vida mortal y el que sólo la tuvo inmortal desde que nació.
Habla Soares en ese fragmento (311 de la edición Sáez/Pizarro, de Pre-Textos) de cierto millonario americano que se ha muerto después de haberlo tenido y gozado todo en esta vida, y lo compara con cierto modesto dependiente de Lisboa, que también lo ha tenido y gozado, en su medida:
"Si me dijesen que el placer de durar después de no existir es nulo, responderé, en primer lugar, que no sé si lo es o no, porque desconozco la verdad sobre la supervivencia humana; responderé también que el placer de la fama futura es un placer presente: la fama es la que es futura. Y es un placer para el orgullo como ningún otro que cualquier posesión material pueda proporcionar. Puede ser, de hecho, ilusorio, pero sea lo que sea, es más vasto que el placer de disfrutar sólo lo que está allí. El millonario americano no puede creer que la posteridad vaya a apreciar sus poemas, puesto que no ha escrito ninguno; el dependiente no puede imaginarse que el futuro se deleite con sus cuadros, puesto que no ha pintado ninguno.
"Yo, sin embargo, que no soy nada en la vida en tránsito, puedo disfrutar de la visión del futuro leyendo esta página, porque, efectivamente, la escribo; puedo ennorgullecerme, como de un hijo, de la fama que tendré, porque, al menos, tengo con qué tenerla. Y cuando pienso en ello, levantándome de la mesa, mi estatura invisible se eleva con íntima majestad por encima de Detroit, Michigan, y de toda la plaza de Lisboa. (...)
"La gloria no es una medalla, sino una moneda; por un lado tiene la cara, por el otro la indicación de su valor. Para los valores más elevados no hay moneda: son de papel y ese valor es siempre poco.
"Con estas psicologías metafísicas se consuelan los humildes como yo".

Bilbao, 10 de diciembre de 2014


11 de diciembre de 2014

Bloom

SE le le pedía a uno de forma perentoria:
El 09/12/2014, a las 8:00, Geli Fons. Carles escribió:
Distinguido Andrés Trapiello:
Disculpe que le moleste.  Seguramente, ya debe haber leído la entrevista que publica hoy el diario al prestigioso (y siempre polémico) Harold Bloom. A raíz de un par de aspectos que comenta, me piden desde la redacción de Madrid –para publicar en la edición nacional– que preguntemos a gente cualificada qué piensa al respecto. 
1) Dice Bloom: "Hoy no existen los poetas: son versificadores". ¿Está de acuerdo?
2) Dice también que no existe hoy la crítica porque la mayoria de los críticos no lo son: "Se trata de periodistas, ideólogos o propagandistas: no me interesa la gente que ostenta una opinión sin conocimiento...". ¿Está de acuerdo en ello? La proliferación deestos "opinadores", que no críticos, lo ha empeorado internet?
3) Dice también Bloom: "No hay nada radicalmente nuevo en la literatura actual". I añade: "Leemos basura" en todo el mundo. Tiene la sensación de que quizá hace tiempo que no ha surgido una gran obra capital para la evolución de la literatura? Quizá se produce en exceso y eso va en detrimento de la calidad? Quizá los escritores tienen hoy una mala 'preparación' (bagajes de lectura, formación incluso 'gramatical') en relación a sus predecesores?
4) Dice Bloom que Joyce, Kafka i Beckett són los últimos de una gran saga, que "Borges es fascinante, pero no creador"... Y, desde entonces, el erial, casi...
5) Ha detectado o leído usted alguna obra o autor radicalmente nuevo o que podría serlo pronto?

Y se le respondía una hora después. Aunque vistos los resultados hoy en el periódico, supongo que habría sido mejor haber recordado a Julio Camba o a Azorín (que decían aquello de que las entrevistas las hace uno y las cobran otros). Sobre todo viendo en qué quedó en papel.

La literatura puede ser un asunto serio, pero no en manos de Bloom. La editorial que editó su conocido "canon" me envió ese libro. Lo miroteé, y vi que no escapaba de su escrutinio ni la literatura en catalán. Leí esos párrafos por curiosidad. Hablaba de ella con la misma autoridad que de la inglesa, pero saltaba a la vista que no tenía ni puta idea de lo que hablaba. Es obvio que alguien, en algún departamento universitario americano, le había dictado todo eso. No sé si en la literatura que conoce mejor sus opiniones tienen algún interés; en la que yo conozco bien, mejor que él desde luego, ninguno, me parecieron todo tópicos baratos y  frases de repertorio, de un jesuita, como las del padre Ladrón de Guevara, el de Novelistas malos y buenos. Lo suyo es lo mismo cien años después.

1) Es obvio que Bloom tendría que cambiar de lecturas. Desde Homero, no ha pasado ni un sólo día en el que alguien, en un oscuro rincón del mundo, no haya escrito, cantado, pintado, compuesto algo que no merezca el nombre de poesía, de gran poesía. No hay nada en la literatura que sea inabordable, todo sucede en el plano de la intimidad. Lo universal lo es porque puede ser particular. Lo grandioso tiene algo de doméstico, lo pequeño puede ser inmenso. No es "mejor" Shakespeare que San Juan de la Cruz.

2) No sé qué entiende por crítica. Por otro lado, ¿cuándo no ha sido venal y mediocre, como él dice? Y sin embargo siempre ha habido unos cuantos faros. Como en todo, cada cual busca los suyos. Y no olvidar que un pequeño faro es de la misma utilidad para el gran transatlántico y el bote de pescador.

3) Tiene razón Bloom: la prueba es él mismo. Nada nuevo. No sé qué idea tiene de las "obras capitales". Al ser americano, debe pensar que han de irrumpir como las mayoretes, a bombo y platillo.

4) ¿Y por qué esos tres y no otros? Bah. Los maestros de Van Gogh tal vez sean pequeños en la historia del arte, pero fueron grandísimos para Van Gogh. Quiero decir, que no hay autor pequeño en manos de un gran lector, ni uno grande al que no empequeñezcan tipos mediocres como Bloom.

5) No hago otra cosa cada día. Conocidos y desconocidos. Si hubiera dependido de Bloom, Emily Dickinson nunca se hubiera editado, no le quepa la menor duda. Porque se diría que sabe de todo (mercado, cotizaciones universitarias, escalafones, modas, fluctuaciones), menos de literatura. Debería recordar aquella frase: humano es ocuparse de las cosas y no medirse con los demás, ni medir a los demás unos con otros ni pasarse la vida midiéndosela a todo el mundo. Hay algo pornográfico en todo eso.

Cuando el amigo Fernando Yubero me envió por equivocación hace dos meses en un whatsapp esta fotografía (su hijo le mostraba todo lo que había encontrado en la nevera), me hizo gracia. Fue como asistir a una resurrección del surrealismo, ese cajón de sastre en el que cabe todo, menos lo que se queda fuera por las mismas razones. Como sucede en los libros de Bloom.




10 de diciembre de 2014

Arquitectura del exilio

SE presentó ayer en La residencia de Estudiantes el libro Arquitectura española del exilio (Ed. Lampreave, 2014), que coordinaron Juan José Martín Frechilla y Carlos Sanbricio, de quien es el prólogo y uno de los capítulos más novelescos del libro, Por darle ese adjetivo demasiado noble para la Urss: el dedicado al arquitecto Lacasa, exiliado allí. 
Lo que dijo uno ayer en esa presentación, a propósito del exilio, lo ha contado uno en otras partes y no será cosa de repetirlo aquí. Quede resumido en una frase de Onetti, que recoge y glosa Sambricio: "Cuando natura no da, exilio no presta. Y lo que natura da, el exilio no quita".
Por lo demás, en 2007 se hizo una exposición sobre este mismo asunto, y esto fue lo que escribió uno en el Magazine correspondiente, con el título de  "Cerrilismo español".
Y algo extraño: en el libro presentado, que es el mejor sobre ese asunto de los publicado hasta hoy, no aparece ni rastro de Jordi Tell, del que habla uno. Se ve que tiene uno ojos más de poeta y novelista que de académico. Seguramente Tell como arquitecto era irrelevante. Como persona, toda una novela.
* * *
.El jefe de la oposición se ha opuesto muchas veces y de diversas maneras a la ley de memoria histórica, pero nin­guna acaso más triste que cuando reiteró su desdén a las víctimas: “Todo el mundo va a querer desenterrar sus muertos”, dijo. Y,  sí, en efecto, sobre todos los que los tienen en una cuneta o en la fosa común. Pero no querría uno hablar ahora de esas exhumaciones dolorosas, sino de otras bien diferentes.


Hace unos meses tuvo lugar en  las metafísicas galerías de los Nuevos Ministerios de Madrid una rara y excelente exposición sobre los arquitectos españoles exiliados como consecuencia de la guerra civil, que sus res­ponsables titularon con elegancia “arquitecturas des­­­pla­za­das”.  La vimos de una manera no menos metafísica, literalmente solos, un sábado por la mañana, quizá, porque a diferencia de otras disciplinas, la arquitectura en fotos y maquetas es poco vistosa política y culturalmente. Algunos de aquellos arquitectos, como Sert o Lacasa (y qué apellido este tan galdosiano para un arquitecto), fueron lo mejor que dio la arquitectura de este siglo, pero el exilio descabaló la vida y la obra de la mayoría de ellos, que a trancas y barrancas las rehicieron como pudieron y donde les dejaron: Orgaz, Rafael Bergamín o Esteban Marco y hasta un total de cuarenta y nueve fueron algo más que desplazados. La exposición les ha llegado cuando todos, excepto uno, han muerto ya, y va a ser difícil emplazarles de nuevo en el que fue su país de origen.
  
Todas sus biografías, leídas con atención, nos parecen desgarradoras y novelescas, pero ninguna como la del desconocido catalán Jordi Tell, que nació en Barcelona ahora hace cien años. El 34 viajó a Alemania como diplomático, aunque sin abandonar su profesión. Al estallar la guerra civil los alemanes le detuvieron. A los diez días lo pusieron en libertad. Trató de escapar de Alemania, pero la Gestapo lo confinó en un barco  y acabó entregándolo a los fascistas, que lo tuvieron preso quince meses en una cárcel de La Coruña, de donde salió únicamente para ser soldado forzoso de Franco. Logró no obstante fugarse de una manera rocambolesca en un barco hasta Brest, regresó a la España republicana y el gobierno lo reexpidió como encargado de negocios a Noruega en 1938. Al ocuparla los nazis tuvo que huir de nuevo, y lo hizo a Japón, desde donde viajó a Méjico. Allí dirigió una fábrica de muebles y luego otra de ropa hasta 1946. Volvió a ejercer alguna misión diplomática a favor del gobierno republicano en el exilio, pero a partir de 1948, desengañado, abandonó toda actividad política y volvió a Hvaler, al sur de Noruega, un pequeño islote en el que vivió apartado de todo, en una cabaña sin luz eléctrica, al margen de la civilización y llevando vida de naturista. Unos años después acabó de arquitecto municipal en una ciudad de provincias noruega (donde se construyó la maravillosa casa donde vivió él y su familia) y en Noruega murió en 1991.

No, la memoria histórica no quiere únicamente desenterrar a los muertos, sino a quienes como a Tell se les enterró vivos en el olvido, pese a las obras que nos dejaron, ejemplares y únicas. Sólo el cerrilismo español, que desprecia cuanto ignora, querría mantener desplazadas tales vidas.


9 de diciembre de 2014

Inagotables fuentes

HACE diez años dijo uno a una asamblea de sabios cervantistas y editores del Quijote congregados en la Universidad Autónoma de Madrid, que probablemente la nuestra sea la época en la que puede leerse el Quijote en ediciones más cuidadas y rigurosas filológicamente, pero también la más pobre en interpretaciones de ese libro. O dicho de otro modo: sus grandes intérpretes (Unamuno, Azaña, Ortega, Azorín, Pérez de Ayala, Américo Castro, Zambrano y tantos más), lo leyeron en ediciones llenas de erratas y no tan fiables como las nuestras, lo que no obstó para... etcétera, y que esto debería hacernos pensar. No gustó.
Cada cierto tiempo se nos hace partícipes de hallazgos de más o menos importancia. Hace unos meses unos investigadores hallaron la huella de Cervantes en la vida de una bizcochera sevillana y hoy la de ciertos personajes reales en la configuración de don Quijote. Da cuenta de ello este reportaje, publicado ayer en El País y para el que le pidieron a uno estas líneas:
El deseo de poner un nombre y apellidos reales a las grandes figuras literarias es antiguo, y responde acaso a la reticencia de quienes se resisten a creer que personajes tan vivos y descomunales hayan salido "sólo" de la imaginación del autor. Y nadie más vivo y descomunal que don Quijote. Por otro lado, ¿en qué pueblo o ciudad no hay un loco? Cervantes, que anduvo por cientos de pueblos, tuvo que conocer a cientos de locos. Ha frecuentado uno el mundo de los libreros de viejo y lectores de viejo y bibliófilos desde hace cuarenta años, y he conocido a unos cuantos locos de remate que se han vuelto locos leyendo, si acaso no leían ya desaforadamente porque estaban locos, unos graciosos y otros menos. Esto, tampoco es nuevo. De modo que no es extraño que se rastreen cada cierto tiempo en los archivos "casos" reales, "figuras históricas" que guardan una o varias semejanzas con don Quijote. Al margen de lo que digan los eruditos en este o aquel caso, don Quijote es la suma de todos ellos. El genio de Cervantes no habría estado en inspirarse en tal o cual caso real, sino en hacer de uno o varios locos comunes, uno solo excepcional y cuerdísimo para todo lo que no tocaba con la caballería andante. Menéndez Pidal hizo también la consiguiente pesquisa por la literatura, y encontró el antecedente de don Quijote en cierto Entremés de los romances, de autor desconocido y que él fecha en 1591, y en el que aparece alguien, Bartolo, que enloquece leyendo romances. Y en su caso de erudito eminente, al igual que en el caso de los eruditos aficionados, tampoco añade gran cosa al meollo de don Quijote.


Rafael Rivelles en el papel de don Quijote, en la película de Rafael Gil (1948). Foto original en una cartelera.

8 de diciembre de 2014

En suposición de tocar

NO me digan por qué, pero en el mundo de los libros antiguos y viejos, los dedicados a la crotalogía o arte de tocar las castañuelas, alcanzan cifras fabulosas. Supongo que será por su rareza, pero no debe de ser por eso sólo, ya que también hay un gran número de libros raros que no busca ni quiere nadie.

En todo caso, en el primer tratado de crotalogía que se conoce, del agustino fray Juan Fernández de Rojas (y no pregunten qué hace un fraile escribiendo sobre las castañuelas), de 1792, se dice algo de ellas que recoge en 1878 el segundo, del que es autor Francisco Asenjo Barbieri, musicólogo y célebre autor de zarzuelas. Y es ello una de esas frases de aplicación universal, que justifica a mi modo de ver su peso en oro. La difundió e hizo célebre Rafael Sánchez Ferlosio, finísimo buscando píldoras conceptistas en otros y dándolas él mismo, con ocasión de su reedición facsímil en 1981. Decía el padre Fernández, para justificar la necesidad del estudio de las castañuelas, algo de Perogrullo que no lo es: “En suposición de tocar, mejor es tocar bien que tocar mal”. Hay en  este “en suposición de tocar” una grandísima coña, algo así como un “en la vida no hay ninguna necesidad de tocar las castañuelas; ahora, si va a tocarlas será mejor que las toque bien a que las toque mal, por usted, en primer término, pero sobre todo por los demás, que van a tener que sufrirle la murga esa de los palillos”, que es como se llama también a esos dos trozos de madera de granadillo que juntos forman una castaña, de donde les viene el nombre. De hecho dos de las palabras universales que ha aportado la lengua castellana a las lenguas del mundo han sido estas: guerrilla y castañuela, que tal cual circulan en todos los idiomas. 

En la política española acaba de irrumpir un grupo de jóvenes puño en alto, barbas, y coletas que se ve quieren imitar a los guerrilleros que entraron en La Habana en 1959 con un aspecto parecido. Aquellos, aunque viejos, siguen allí, con la admiración de estos que ya han prometido acabar con el “régimen” de la Transición, convencidos, ¿sí?, de que antes de un año gobernarán España, probablemente en mangas de camisa y sin dejar de hablar un solo instante como gustaban tanto hacer los comandantes Fidel y Chávez. Todo puede ser, porque no hay día que no veamos cosas inauditas. Por eso le parecía a uno oportuno recordarles aquello de “en suposición de tocar...”, y lo que sigue.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 7 de diciembre de 2014]



7 de diciembre de 2014

Y todo bueno

UNO de los primeros días de la guerra civil se llegaron unos anarquistas a la Biblioteca Nacional. Aunque llevaban consigo unas latas de gasolina, su propósito en aquella ocasión no era tanto el de pegarle fuego a la cultura burguesa, como tomar posesión de ella. Al entrar en su sala principal y ver la venerable serenidad de aquellos miles de libros perfectamente dispuestos en sus anaqueles, se apoderó del que mandaba a los milicianos, un viejo zapatero, el espíritu de la sabiduría, y exclamó admirado: "¡Cuánto se ha escrito, y todo bueno". Lo dijo con verdadero convencimiento y conmovido, y acto seguido ordenó suprimir la sala de "libros raros, curiosos y olvidados": "Ahora somos todos iguales", dijo compadecido.
Se da uno un paseo por los museos y galerías de arte y no puede por menos que recordar a aquel gran hombre (qué habrá sido de él, y qué será de nosotros): cuánto se ha pintado, y todo bueno.







6 de diciembre de 2014

Luna llena

ASÍ como el sol parece dirigirse a todas las criaturas por igual, manteniéndonos vivos y activos a su lado, se diría que la luna se dirige a cada uno en particular, estableciendo con cada uno de nosotros una relación personal, íntima, secreta. Y, sí, es verdad, el sol es de todos, pero la luna no es de nadie, salvo en sueños.

Extremadura, 5 de diciembre de 2014

5 de diciembre de 2014

Amparo

BUSCANDO ayer la ilustración que acompañaba la entrada correspondiente (el Sancho alambrado), se tropezó uno con esta tarjeta de visita. 
Las búsquedas en la propia casa tienen algo también del Rastro, se diría que acaban pareciéndose mucho a él, con sus sorpresas, modestas pero no menos sorprendentes, y a su modo encantadoras, encantatorias.
Qué duda cabe que este trozo de papel, con su luto, le llamó a uno la atención hace muchos años, cuando lo encontré en el Rastro. Ya lo había olvidado, hasta ayer. Venía con su pequeña novela galdosiana. Galdosiano es en esa tarjeta todo, el nombre, el oficio, la calle modesta donde tenía su taller ese hombre y el piso, ese piso tercero, al que subiría una clientela no precisamente distinguida. Y, claro, el luto. ¿Cómo no recordar a aquel infeliz José Ido del Sagrario, lutero, que aparece en Fortuna y Jacinta?
De modo que, sí, ha venido el sastre Andrés Marzo al encuentro de este otro Andrés, y se han despedido los dos con un fuerte apretón de manos y las consabidas condolencias, porque no hay nadie que no sea merecedor de alguna.


4 de diciembre de 2014

La verdadera historia de


DISCULPAD que siga uno dándole vueltas. Será un minuto. Ayer se presentó la novela en Madrid (gracias, Silvia Sesé; gracias, Juan Marqués; gracias, amigxs). Y, como ocurre siempre, luego, rumiando las cosas que se dijeron, echa en falta uno las que acaso debiera haber dicho y las que se le quedaron en el almario medio dichas. Como esta: a lo que uno ha aspirado en El final de Sancho Panza y otras suertes no es tanto a escribir una novela, sino “la verdadera historia” del final de Sancho Panza, tal y como solían titularse no pocas novelas del siglo XVII y se titulan muchos de los encabezamientos de los capítulos del propio Quijote. Por creer que la historia de sus vidas y muertes está por encima de la ficción o la realidad, en el territorio de la fatalidad en el que ocurre todo. Quiero decir que del mismo modo que no podríamos pensar en don Quijote en términos diferentes de aquellos en los que le puso Cervantes, aspira uno a que los lectores de esta “resonancia” cervantina piensen en el futuro en Sancho Panza y los demás personajes tal y como aparecen aquí, tras la muerte de don Quijote, y no de otro modo: yéndose a las Indias y viviendo cuanto les sucedió. Porque no aspira uno a ser el novelista que les dio la vida, sino el biógrafo que dio cuenta de ella. 
* * *
Aviso: pensando en que algún día se publicarán juntas las dos novelas, y para evitar pequeños anacronismos y desajustes de la segunda con relación a la primera, acaba de reeditarse en bolsillo Al morir don Quijote (Austral) en una edición con abundantes correcciones, enmiendas y añadidos, lo que hace aconsejable su lectura en esta y no en ninguna anterior.

Actividades manuales. Figuras de Alambre, Editorial Miguel A. Salvatella. s.a. Y lo gracioso de esta ilustración, sacada de una de esas cosas que va encontrando uno en el Rastro sin saber si alguna vez las utilizará (esta yo creo que la encontré hará cosa de quince o veinte años) no es que figure en ella Sancho Panza, sino la pita de arriba, que parece estar prefigurando las Indias, y que es planta oriunda de ellas.

3 de diciembre de 2014

Un punto

CUANDO pasen los años y los historiadores busquen precisar el paso de una era a otra (1492, 1789), probablemente no elegirán la fecha de 1969, primera conexión de internet, o 2001, atentado de las Torres Gemelas, sino la de 2014, cuando el Abc publicó esta cubierta, para edificación de sus lectoras (y lectores) y admiración de quienes, como Rafael Sánchez Ferlosio, primero en sintetizar la abeceína, pensamos que esta tiene su punto, administrado de forma homeopática como aquí.
Y bien mirado, los varones de la escena, no sé yo.





2 de diciembre de 2014

Making off

MALOS tiempos estos en los que empieza a ser más importante el making of de una película que la propia película.
* * *
LO más bonito de las mariposas es la poca importancia que le dan ellas a su volar.
* * *
DARÍA igual que caminara sobre las aguas o resucitara a los muertos o sanase a los tullidos. En su caso la noticia la meterían en la sección de sucesos (¡o en la de pasatiempos!), página par, a una columna, en suelto. Porque los famosos hechos, como los perfumes, huelen de forma distinta según quien los lleva o protagoniza. Otro vende crecepelo, y es asunto de todas las portadas y materia del Consejo de ministros.

El Rastro, 21 de septiembre de 2014

1 de diciembre de 2014

Platero y tú

SI apreciamos tanto la memoria, si la encontramos perfecta en su género, como extraordinaria facultad de la mente o, según la vieja escolástica, “potencia del alma”, es precisamente por su imperfección. Hace años le preguntaron a uno en una entrevista qué hacía después de escribir durante ocho o diez horas diarias. Respondí que como estaba tan cansado al llegar la noche, me tragaba cualquier película de la tele, la que echaran ese día. Me da lo mismo. Cree uno ser el que más películas malas ha visto en España, pero gracias a que la memoria colabora con la justicia poética, las olvido cinco minutos después, así que casi todas las películas malas que ha visto uno las ha visto dos y tres veces, sin acordarme de nada sino hasta que ya están llegando al final y es demasiado tarde para cualquier otra cosa que no sea maldecir mi suerte.

Pero, por fortuna, esto que sucede con las películas malas, suele ocurrir también con las buenas, y quien dice películas, habla de novelas, ciudades, personas. Y entonces, sin memoria, qué maravillosa sensación la de volver a disfrutar de algo como la primera vez, instalados en una perpetua revelación inagotable. Una de las razones más tontas que encuentra mucha gente para no tener que leer por gusto, ya de adultos, el Quijote o Platero y yo, los dos libros más editados de la lengua castellana, es recordar o creer que recuerdan haberlos leído por obligación cuando eran jóvenes o chicos. Las dos cosas suelen ser mentira: que lo leyeran de pequeños, más allá de algún capítulo suelto, y que recuerdan algo de aquellas lecturas.

El mes que viene hará cien años que se publicó por primera vez Platero y yo. Otra de las razones que suelen decirse los adultos para no tener que leer ese prodigio de gracia, sencillez y finura, es creer que es un libro para niños. El primero que sabía que no se había escrito para ellos fue JRJ. Los libros que se escriben “para” alguien acaban no siendo de nadie, y olvidándose.  Don Francisco Giner, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, vio en Platero, y con razón, el libro ideal para inculcar en los niños y muchachos ese amor y respeto hacia todos los seres vivos, animales, plantas y personas que muchos, en su edad adulta, habrán olvidado o combatirán con arrogancia y desprecio. Así que cuando hace un rato ha terminado uno su relectura quinquenal de Platero, da gracias a la vida, y cuánto, por su mala memoria.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 30 de noviembre de 2014]