31 de octubre de 2014

Barcelona (una fotografía)

No hay un solo lugar sobre la tierra que no tenga su instante de misterio, suma de todos los instantes, sucesión de dinastías, cómputo de todos los universos.

Foto de Rafael Trapiello. Barcelona, octubre de 2014. Y en esta fotografía el misterio no procede, desde luego, de esas que parecen ruedas de bicibleta en las ramas del árbol, de las que el fotógrafo sólo se percató cuando vio la fotografía ya hecha, a muchos kilómetros de distancia y en otro tiempo ya; el misterio, decía, no procede de ahí, pero forma parte de él y contribuye silenciosamente a su cristalización.

30 de octubre de 2014

Valenciennes

La publicación en hflexia de alguno de los cuadros de Pierre Henri de Valenciennes despertó el interés de algunos amigos por este pintor. A uno de ellos, JMBonet, debo este enlace de la Red de Museos Nacionales franceses en el que pueden verse más de setecientas de sus obras. 
Al propio JM. le ponía uno hace unos días estas letras: 
"Lo de Valenciennes es, sí, maravilloso; en el Louvre lo tienen al lado del Corot y hay muchísima obra suya allí, a la que se llega por decantación: las hordas de turistas raramente alcanzan a descubrir aquellos rincones del gallinero. Son salas de paseantes solitarios y silenciosos. Me ha gustado siempre mucho, pero ahora he podido hacerle algunas fotos. Es muchísimo mejor, en efecto, que mis fotos, que cambian mucho el color. Nosotros siempre hacemos el mismo recorrido: Victoria de Samotracia, italianos (no la Gioconda, sí tizianos, tintorettos et allii), Chardin (la última vez lo tenían cerrado, porque, no se sabe por qué razón, lo cierran un día a la semana), la Hélene Fourment de Rubens, la Solana de Goya y los rembrandt (para homenajear al Gaya y, claro, porque sí), los corot, los valenciennes, algunos delacroix, algunos impresionistas y pre (emocionantes millet en lo que tienen de vangoghs) que están también en la planta de arriba, en los legados... En dos horas se ve. Da mucho gusto también pasar al lado de los van loo, los lorena, los  ingres, los watteau, los gericault, incluso la dentellière, que es la pariente guapa de la Gioconda, y demás, a la carrera, sin pararse".
Aunque, claro, en el Louvre siempre hay mucho más que esto que se dice aquí también con un poco de esnobismo.


29 de octubre de 2014

Píxeles de otoño

Nos la trae Inés del parque 
y queda escaneada para todos
Píxeles de otoño
                                G.

* * *
En solo un ginkgo
del Parque del Oeste
todo el Oriente.

También al mar le basta
lejos del mar
sólo una caracola.

Unas y otras,
hojas y caracolas,
primas hermanas.






28 de octubre de 2014

El abrazo del sol

SOMOS la memoria que dejamos en otros, en las cosas, en tal o cual paisaje, en un rincón, en las palabras que escogimos en el costal de las palabras para decir aquello que quisimos ser. Todos ellos, personas, objetos, lugares, libros, devolverán nuestra alma a la vida tal y como hace la tierra durante la noche con el abrazo que recibió del sol
Así es como vivimos en la memoria muchos años, y aún podríamos vivir eternamente, como el universo que se expande sin cesar, ya que nada es tan feraz como lo es ella.


Louvre, Pierre Henri de Valenciennes, 10 de cotubre de 2014

27 de octubre de 2014

El problema


VIMOS a la presidenta del Círculo de Empresarios en televisión. Si la cara es el espejo del alma, esa mujer parece de armas tomar. También de las que se gustan tanto hablando, que antes de decir alguna enormidad se permiten poner en guardia a su interlocutor. "Esta es una idea que quiero soltar aquí, también políticamente incorrecta”... empezó diciendo. Porque se le olvidaba a uno añadir que esa mujer no dice las cosas, o las sugiere, sino que las suelta escopeteadas, a propulsión, como los gases innobles del burro o los adjetivos Baroja, al decir de Pla.  “...pero yo lo único que os digo es que prefiero una mujer de más de 45 o de menos de 25, porque como se quede embarazada, nos encontramos con el problema”. 

Uno creía que el problema de España era exactamente el contrario, que tenía una tasa de nacimientos negativa. Como es uno alguien a quien le preocupa lo que se dice tanto como el modo de decirlo, relee esa frase dos, tres, cuatro veces, hasta quedar atrapado en ella como el masoquista del cuero, las cadenas y el azote de la estricta gobernanta. ¡Qué tono, qué poderío, cuánta seguridad y determinación! ¿Y qué decir del modo en que pasa del yo al nosotros, del “yo lo único que os digo” a ese “nos encontramos con un problema”?

Nunca diría uno de un embarazo deseado ni de ningún recién nacido que son un problema, y menos entre nosotros, sino una bendición y una solución. Al contrario, el problema lo tenemos en los empresarios que ven en ello un problema. Se ha mostrado uno siempre partidario de la discriminación positiva en los asuntos relacionados con las mujeres: ya saben, entre dos personas de distinto sexo y parejos méritos, las leyes deben favorecer a la mujer. No es el momento de pormenorizar las razones en un asunto que no tiene ni mucho menos el acuerdo de todos. A veces ha dado uno en explicarlo al revés, teniendo en cuenta la afición de lxs idiotas a promocionarse, postularse y trepar: entre un memo y una mema, creo que es prefrible la mema. Pues bien, es de suponer que a la presidenta del Círculo de Empresarios le habrá costado, como mujer, mucho más llegar adonde está que a muchos varones, pero por una vez acaso uno hubiese preferido que su puesto lo hubiese ocupado un varón. Probablemente a estas alturas ni un empresario, ni siquiera de los más idiotas, y de estos hay muchos, se hubiese atrevido a tanto. 
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 25 de octubre de 2014]

26 de octubre de 2014

Diario de un inadaptado


AUNQUE al frente del Libro del desasosiego figura el nombre de Pessoa, sabemos que lo escribieron dos heterónimos suyos, Vicente Guedes y Bernardo Soares. ¿Eran necesarios? “Crear otro Yo que sea el encargado de sufrir por nosotros, de sufrir lo que hemos sufrido”, dirá, y esa es exactamente la puerta del sueño, la que traspasan los niños que juegan solos para formar de la propia costilla de su soledad su compañera, la vida. Y la vida como es, es tal como se sueña: “Hay criaturas que sufren por no haber vivido en la vida real con el señor Pickwick y haber estrechado la mano del señor Wardle. Soy uno de ellos. He vertido sobre esa novela lágrimas verdaderas, por no haber vivido en aquel tiempo, con aquella gente, gente real”.
Y así fue como Pessoa concibió este libro único, escrito a lo largo de veinticinco años. Se lo encomendó a Guedes, primero, y luego a Soares, gentes reales como Pickwick, para que sufrieran por él su incontenible tristeza, su “infortunio nato”. Y Soares, un oscuro auxiliar contable en la Rua dos Douradores, decide soñar su vida, que tanto se parece a la vida real del propio Pessoa, empleado gris, atento y sensitivo como Baudelaire (Mi corazón al desnudo le consuela de su desasosiego), insobornable y orgulloso como Nietzsche (¿no es Pessoa, “predicador de la renuncia”, un Zaratustra de la Baixa? Es “un error doloroso” dividir la humanidad en clases: adaptados o inadaptados, eso es todo). Así es como convirtió su Libro del desasosiego en el diario de un inadaptado. Todos los que escriben un diario lo son, pero nunca nadie habrá mirado con mayor delicadeza aquella Lisboa cosmopolita y provinciana, la de los pobres hombres, poetas, o barberos, empleados o rentistas que “tienen como yo su futuro en su pasado”. Si los encontramos tan valiosos hoy, es porque nos parecen más que reales, soñados.
Y sueña, pero no se engaña: sabía que los que le comprendiésemos en el futuro, seríamos los incomprendedores de los Soares de ahora. No es este un libro que nos enseñe a vivir, sino a algo mucho más difícil. Soñar, “pero sin ilusiones”, de eso se trata: “No he pretendido nunca a ser otra cosa que un soñador”. ¿De qué naturaleza? “Amo los paisajes imposibles y las grandes zonas desiertas de las llanuras donde nunca estaré. (…) Duermo cuando sueño lo que no existe; me despierto cuando sueño lo que puede existir”. Paradójicamente, y Pessoa es el paradójico por excelencia, sin la vida real su sueño no existiría, de ahí que enalteciendo la vida con su sueño, enaltezca su sueño, pero sobre todo la vida.
No sé, se dicen en este libro cosas tan abismales e íntimas de cada uno de nosotros, que cuesta hablar de él en público. Aunque sea la novela de Soares, el poema de Pessoa, el gran diario de Lisboa… es más que un libro, es nuestra propia y gris biografía, esa que él describe como “un trozo roto de algo”, consciente de que es mejor eso que no tener ni siquiera el recuerdo de esa fractura.
      [Publicado en El País, Babelia, el 25 de octubre de 2014]



25 de octubre de 2014

Panal de todos los crepúsculos

CADA año nuestro amigo César Moreno va por estas fechas al huerto de su mujer, Luisa, y pone en una caja unas cuantas granadas, y las lleva luego a un transportista. No podemos decir que las esperamos, como no se esperan las golondrinas en primavera, pero si no llegaran nos asustaríamos y al cabo empezaríamos a preguntarnos qué había sucedido. Cuando llegan, y siempre logran hacerlo, no sé cómo, de improviso, la alegría que sentimos es de tal naturaleza que no puede encarecerse aquí. Y al abrirlas, volvemos, como todos los años, a abismarnos en el orden que viene siempre en cada una de ellas, panal de todos los crepúsculos, más hermosos que el trabajo de ningún orive.


24 de octubre de 2014

Oscar Wilde

El Libro del desasosiego no es exactamente literatura, o lo es en la medida en que consideramos que no ha desperdiciado su vida quien la ha consagrado al estudio y la literatura. Por esa razón, cuando se tropieza uno en él con algo "literario", nos hace sonreír. 
Y eso en un libro y con un autor en el que es difícil rastrear humor. Lo hay, y mucho, en esa frase, una de las pocas que puede considerarse a la altura de las más felices del autor irlandés: "Hablar es tener demasiada consideración con los demás. Por la boca muere el pez y Oscar Wilde".

Pierre Henri de Valenciennes, Louvre 10 de octubre de 2014

23 de octubre de 2014

El virus de la retórica

QUE la opinión pública se haya mostrado favorable a la enfermera Teresa Romero, contagiada y felizmente vencedora del ébola, es natural, tanto como que la prensa, o al menos algún periódico, decidiera maquillar las palabras de su marido, Javier Limón. Se emplea aquí la palabra maquillar en su sentido literal: embellecer o más exactamente, disimular alguna tacha. Si las palabras de Limón hubieran sido de las que lleva el viento, podría entenderse esa operación de poda, pero fueron leídas por él de un comunicado que, por lo que parece, redactó él mismo en el aislamiento hospitalario al que está sometido. Sostenía en aquel comunicado, y con toda la razón, que su mujer no era culpable de nada y que lucharía contra la administración, las autoridades sanitarias y quien hiciese falta por la honorabilidad de su esposa. El titular de El País recogía estas palabras, con su entrecomillado: "Me dejaré hasta la última gota para defenderla". La pregunta que cualquier lector se hacía al leerlo era ¿gota de qué? ¿Sangre, sudor, lágrimas? En realidad lo que el hombre dijo fue que se dejaría hasta "la última gota de sangre". La hipérbole impresionaba un poco, y quien decidió suprimir la palabra sangre del titular quiso no sólo atemperar las palabras del comunicante, sino evitar mentar la horca en casa del ahorcado. Pues, en efecto, por suerte para todos, pero principalmente para el propio Limón, este no se dejará más gota de sangre que la que se lleven los análisis médicos correspondientes. Y que el periódico restituyera en la edición digital la palabra sangre al titular unas horas después, cuando al fin se supo que Romero tenía la suya limpia de virus del ébola, confirma todo cuanto se ha dicho: también las palabras son susceptibles de su contagio.


Hokusai. Grand Palais, 10 de octubre de 2014



22 de octubre de 2014

Vanguardias involuntarias

DECÍA uno ayer, a propósito de ese gursky de las perdices encontrado en el Rastro, que acaso una de las virtudes de las vanguardias haya sido haber educado nuestra mirada, permitiéndole descubrir "algo" donde antes no lo había. El primero de todos fue, como es sabido, Duchamp. Nos dijo: "Vayan ustedes con más cuidado, porque eso en lo que están meando, no es un urinario, sino un duchamp". 
En realidad no se nos está diciendo que ese duchamp sea algo valioso, ni mucho menos, sino esto bien diferente: "Haga usted lo que quiera, pero sepa que eso que usted parece estar tratando con tan poco respeto vale un millón de dólares".
Sucede con la foto de las perdices algo parecido. De un anónimo y veinte años antes de que Gusky empezara a hacer de las suyas, la foto no vale más que lo que le hayan cobrado a su dueño en la tienda de revelado. Firmada por Gursky valdría unos miles de dólares. De hecho, aun no siendo de él, si Gursky decidiera adoptarla, como a una criatura de la inclusa de la vida, y darle su apellido, como sería lógico, también valdría unos miles de dólares. Así que cuando descubrimos vanguardias involuntarias o anónimas no estamos diciendo que estemos descubriendo cosas valiosas, sino mercancías por las que alguien estaría dispuesto a pagar una gran cantidad de dinero.
Ayer mismo se encontró uno, volviendo del mercado de San Antón, en la calle Gravina, esta escena. Unos obreros acababan de pintar estas tablas para un trabajo posterior en la tienda que estaban reformando allí al lado. En realidad esa "obra" no es en absoluto diferente a la de cientos de artistas conceptuales o no tan conceptuales (Newman, Stella, Sol Lewitt) que hemos visto expuestas en galerías y museos de arte contemporáneo. La diferencia entre las de estos y la de nuestros obreros es sólo el emplazamiento y su precio, no su valor, idéntico. Pero si uno repara en ella, al pasar por la calle, no es por su escaso valor artístico, sino por su precio, lamentando no tener tiempo ni los contactos necesarios para encontrar a esa autoridad competente, artística desde luego, dispuesta a confundir valor y precio, normalmente con cargo a los presupuestos generales del Estado.

Gravina, Madrid, 21 de octubre de 2014

21 de octubre de 2014

Gursky en el Rastro

ANDREAS Gursky es conocido por haber sido el fotógrafo vivo de quien se ha vendido más cara una obra. Que a una fotografía, de la que pueden hacerse millones de copias, y todas exactamente iguales, se le dé tratamiento de obra única es sólo parte de la locura del arte contemporáneo, a medias esnobismo y estupidez.
Pero seamos serios y dejemos esto de lado. 
Se hace uno dos preguntas: ¿Es Gursky un buen fotógrafo? ¿Nos gusta?. A la primera se podría esponder a la gallega: probablemente no es un mal fotógrafo. Muchos lo encuentran bueno. Como los callos fríos, por decirlo en frase de Pessoa. Con lo que queda contestada en parte también la segunda.
Pero qué duda cabe que ha tenido un mérito. Ha metido en nuestra retina un modo de ver la realidad, su serialización, la opresión de los elementos repetidos. Gracias a ello puede uno reconocer gurskys en muchos lugares. Como esa fotografía encontrada anteayer en el Rastro, hecha por un autor anónimo en noviembre de 1963. Representa una cacería, y las que se ven, son perchas de perdices alineadas. La decoloración natural de la foto le da aun si cabe una tonalidad moderna muy convincente. Si en Gursky reconocemos alguna grandeza, en esta foto habría que reconocerla de igual modo, si acaso no mayor, habida cuenta que se tomó cuando seguramente Gursky iba aún en pantalón corto, lo cual, tratándose de arte contemporáneo no es una circunstancia menor, ya que se guía este sólo por un problemático "yo lo vi antes" o "yo llegué primero".


Perdices de una cacería. Anónimo, noviembre de 1963



20 de octubre de 2014

Leer periódicos


Internet puede acabar con una de las grandes conquistas de la civilización: leer el o los periódicos del día, naturalmente en papel. Si esa lectura va acompañada del primer café (en casa, en un café, en un bar, en una terraza), pocos placeres elementales podrán comparársele, teniendo en cuenta además que el de papel ofrece tantas maneras de leerse como maneras hay de tomar un café.

Una de las escenas más curiosas a las que puede asistirse en un bar a la hora de los desayunos es precisamente la de ver con qué minuciosa exactitud pide cada cual su café: café con leche corto de café,  cortado, solo, doble, café con leche corto de café y con la leche fría, café con leche corto de leche en vaso de cristal, sin azúcar, con un solo terrón... Y ver con la seriedad con la que todo el mundo pide el suyo, a menudo al mismo tiempo que lo hacen otros parroquianos mientras un camarero remite a voces las sucesivas comandas de todos ellos, ver esa seriedad, decía, que tiene una vaga comicidad chaplinesca, nos hace sonreír y ayuda a ser comprensivos con las manías de los demás en la medida que querríamos que los demás lo fueran con las nuestras.

Y hay tantas maneras de tomar el café, como de leer el periódico, si el periódico es en papel. En internet esa diversidad ha desaparecido en parte, como desparece en la pantalla el ruido al pasar las hojas de papel, que tanto tiene del de las olas del mar. Nos referíamos aquí hace poco a aquellos que empezaban el periódico por las esquelas (en tiempos de Franco corría un chiste: “la esquela que yo busco vendrá en primera página”). Tenemos una amiga que sólo compra La Vanguardia el domingo por su crucigrama, “el mejor de España”, y un amigo que, separado desde hacía cincuenta años de su ciudad natal, siguió suscrito hasta su muerte a El Progreso de Lugo, que recibía puntualmente en su casa... dos días después (y qué gran lección galaica leer periódicos dos días más tarde). Están también los que lo empiezan por los deportes o la bolsa (de estos, en cambio, no conoce uno a ninguno), y quienes, como yo, sobre todo en estos últimos tiempos, empiezan el periódico por detrás. Justamente por donde el periódico parece más inactual o intemporal, o sea, más firme. Hasta que a medida que avanzamos, o sea, que retrocedemos, vamos hundiéndonos más y más en el  presente, a menudo cenagoso y pestífero, y no podemos seguir.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 19 de octubre de 2014]

19 de octubre de 2014

Juicio Final


SE repite a menudo, para agigantar innecesariamente su leyenda, que Van Gogh no vendió un cuadro en vida. Pero no es ni será un caso extraordinario: ¿cuántos pintores vendían en el siglo XIX sus obras antes de los 37 años, habiendo empezado a pintar sólo diez antes? Veinte más, y Van Gogh hubiera visto colgadas sus obras en L’Orangerie, como todos los pintores de su generación, incluidos los que entonces eran menores, y siguen siéndolo.
* * *
EN ningún lugar cantan los pájaros más alegremente que en los cementerios.
* * *
DEBERÍA haber Juicio Final, aunque sólo fuese para saber lo que pensaban de veras de nosotros algunos amigos.

GTrapiello, Peonza.



18 de octubre de 2014

Amigos, enemigos, adversarios


SE nos conoce mejor por nuestros enemigos y adversarios que por nuestros amigos y parientes. Las personas más inteligentes suelen buscar tener amigos mejores que ellas; en cambio es muy difícil resignarse a los enemigos que nos han tocado en suerte o que nos hemos ganado a pulso, tanto da. Así como es difícil imaginar que nadie pueda ser mejor que nuestros amigos, la mayor parte de nuestros enemigos y adversarios nos parecen mucho más idiotas, ineptos y miserables que los de los demás.

Rastro, 12 de octubre de 2014

17 de octubre de 2014

Mi alma

"MI alma es una orquesta oculta; no sé que instrumentos tañen y chirrían, cuerdas y arpas, timbales y tambores, dentro de mí. Sólo me conozco como sinfonía", leemos en el primer fragmento de este libro (Pre-Textos; traducción de Antonio Sáez y edición de Jerónimo Pizarro).
Y pensando en esa reseña que has de escribir para el periódico, vuelves a esa partitura que es el Libro del desasosiego en busca, paradójicamente, de un sosiego que sabes que allí estará esperando siempre.


Le Sidaner, Museo del Louvre, 10 de octubre de 2014


16 de octubre de 2014

...Y sin embargo, otoño

PARA unos lo expuesto es asomarse al presente, mientras otros no pueden evitar hacerlo. Unos esquivan con astucia la realidad (cuántos sólidos escritores e intelectuales españoles no han dicho aún públicamente ni mu ni pío de todo cuanto viene sucediendo en Cataluña); a otros, por el contrario, les resultaría imposible no ocuparse de los asuntos públicos que nos conciernen a todos (y Fernando Savater acaba de hacerlo una vez más en otro de sus libros ejemplares, del que AEspada se ocupa aquí con extrema exactitud, virtud de los poetas).
Pero un escritor ha de mirar también, al mismo tiempo, hacia aquellos asuntos que no por conocidos dejan de concernirnos a todos. 
Antes de que el tiempo acabe, ahí fuera espera el otoño, como acostumbra. Y lo mira uno con atención, sobre el ruido del mundo ("ruido de moscas"), y advierte que no hay nada en él que no pueda expresarse definitivamente con un puñado de silenciosas sílabas, de esas que arrastra el viento como las hojas secas. Sí, al mundo lo hacen mejor las hojas secas, y vuelves a casa en paz con él, contigo.


París, 7 de octubre de 2014






15 de octubre de 2014

Más de lo mismo

LA pregunta, una de las frases más celebres de Pla, tiene hoy plena vigencia. La hemos oído antes, estos últimos meses, a muchos y en muchas partes, pero no se trata de ser original, y menos en política. Mas y cuantos asistieron y aplaudieron aquel día en el Salón de Baile en Capitanía uno de los actos más esperpénticos que se recordará en mucho tiempo (no nos cansaremos de ver esa escena en la que los convidados hasta entonces de piedra se acercan reverenciales, ceremoniosos, a fotografiar la estilográfica, catalana, por supuesto, con la que el President acaba de rubricar la farsa de su reina castiza), Mas y los demás, decía, sabían de sobra que el referéndum ilegal que convocaban jamás se celebraría, pese a lo cual sostuvieron esa mentira, que venía de dos años atrás, otros tres meses. Por el camino se han quedado cientos de millones de euros en propaganda, identidad, ficciones. Sí, tiene uno derecho a preguntar, como Pla ante las luces de Nueva York, y precisamente ahora que Mas acaba de dejarles a oscuras a todos sus secuaces: "¿Y esto quién lo paga?". En fin, la próxima vez alguien podría recordarles la no menos célebre frase de d'Ors, igualmente repetida en estos tiempos: los experimentos con gaseosa.
* * *
El párrafo anterior se escribió ayer, 14 de octubre, a las nueve de la mañana, y a las once menos cuarto el que sigue, confirmando que la melodía del mundo casi siempre es sincopada:
Y que Mas sin los demás asegure a día de hoy que habrá una cierta consulta durante el recreo el 9N no quiere decir sino que al fin ha comprendido y no se resigna a brindar con cava por el patente éxito de la consulta, sino que quiere hacerlo a lo grande: con gaseosa.
Así puedes verlo aquí también, en este comunicado de libreseiguales.


Pedro Gamonal, Fin de la guerra, 2009; puede verse ahora en la exposición del pintor "Naturalezas muertas", en el ICervantes de París.


14 de octubre de 2014

Venatoria


HAY que tener el alma enferma para matar a sangre fría a un animal por lance o juego, y se ha de ser además bastante tonto si el animal es inofensivo. Esto explicaría acaso que la venatoria se quiera hacer con dinero robado, ya que no suele haber tonto que no esté convencido de ser lo bastante listo como para no robar impunemente.

13 de octubre de 2014

El derecho al olvido (y 2)

SE mencionaba en la primera parte de este artículo el pesar que nos acompaña a muchos de los que hemos de hablar en público, echándonos a la espalda “palabras, palabras, palabras”, por decirlo con las de Hamlet. Claro, que no siempre tiene por qué ser así. También hablar, en público o en privado, puede llevarnos a la plenitud como seres humanos, tanto al que es elocuente como a aquel que tartamudea y vacila. Lo decía Cervantes: “Lo que se sabe sentir, se sabe decir”. Y por ello, el que las palabras sean tan frágiles y pueda llevárselas el viento, contribuye igualmente al valor que les damos  y, en algunos casos, a prestarles la mayor atención: porque en cierto modo cada palabra es irrepetible.

Y aquí es a donde queríamos llegar. Unas veces las palabras cumplen su función (una información, un relato, una orden), y se olvidan cuando la función queda cumplida. Son la mayoría de las palabras que pronunciamos cada día. Otras, las menos, las conservaremos siempre en la memoria: las últimas de un moribundo, aquellas con las que declaramos nuestro amor a una persona, las que nos dan la llave de un secreto importante... En ocasiones, excepcionalmente, uno puede llegar a expresarse incluso mejor de lo que suele hacerlo, como si alguien lo hiciera por nosotros, inspirándonos, y lamentamos que al cabo de un tiempo también las demos al olvido. Y acaso este es el origen del infierno: para evitar que se olviden, el hombre ideó unos medios mecánicos que pudieran conservarlas. Pero tales medios no discriminan, y registran todas, las banales, mayoría, y las que no lo son. En este caso, la emoción de volver a oírlas una y otra vez no se agota. Pero la tortura de saber que también las banales, necias, toscas, vanidosas, malvadas podrán oírse o leerse eternamente puede llegar a hacer de nuestra existencia un infierno. Sí, Nietzsche llevaba razón: un exceso de memoria daña la vida. Así que, basta que uno tenga delante una grabadora o un ordenador, para que mida todas y cada una de las suyas con un calibre, destruyendo el que acaso era mayor encanto de un ser humano: la verdadera naturalidad, su espontaneidad cultivada.  Así que cuando algunos reclaman de Google que elimine determinados registros de orden estrictamente personal (no hablamos de hechos históricos o relevantes) no están pidiendo cambiar su pasado, sino poder mirar hacia el futuro sin tener que ser eternamente víctimas de sí mismos.
  [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 12 de octubre de 2014]

12 de octubre de 2014

Gioconda

SE celebra en París una extensa exposición de Duchamp, y la Gioconda, en su paredón, recibe a diario miles de disparos fotográficos que mantienen viva su leyenda. 
Decididamente, si Duchamp no acabó con la Gioconda ni nosotros hemos podido acabar con Duchamp, al menos alguien debería acabar con el estado de cosas que recogen estas dos fotos. Ya que los templos se han convertido en museos, ese alguien debería echar de ellos a los mercaderes.

Louvre, 10 de octubre de 2014

11 de octubre de 2014

Ser o no ser (5)

CUANDO alguien desbarata la patente mendacidad de hechos que cierta izquierda o el nacionalismo dan por verdaderos, o desenmascara las villanía de alguno de sus líderes, próceres e intelectuales, raramente te dan las gracias, como parecería razonable; esperan la ocasión para llamarte fascista.

Ciudad Rodrigo, Palacio de los condes de Montejo, 19 de sepitembre de 2014




10 de octubre de 2014

Ser o no ser (4)


NO se sabe por qué razón el asco que nos produjeron los nacionalistas españoles hace cuarenta años no nos lo tienen que dar otros nacionalistas.

Ciudad Rodrigo, 19 de septiembre de 2014

9 de octubre de 2014

Ser o no ser (3)


SER antifascista no hizo demócratas a un considerable número de republicanos españoles de 1936, y se podría decir lo mismo de muchos republicanos de 2014. Sacadle a un republicano de 2014 el tema de 1936, y no será raro oírle decir y defender las mismas cosas que decían muchos revolucionarios de 1936. Les sucedió a Rafael Alberti o Julio Anguita. Cuando en 1989 cayó el muro de Berlín proclamaron que su admiración por la Urss (y en el fondo por Stalin) seguía intacta.


Palacio de los Águila, Ciudad Rodrigo, 19 de septiembre de 2014



8 de octubre de 2014

Ser o no ser (2)


LA locura como hipertrofia del yo. Vale también enunciarlo al revés, y extrapolarlo: el pueblo, suma de yoes, como sujeto político: una locura.

Ciudad Rodrigo, 19 de septiembre de 2014

7 de octubre de 2014

Ser o no ser (1)


DESAPARICIÓN de Franco, caída del muro de Berlín, desenmascaramiento de Jordi Pujol, acontecimientos que deberían haberse producido antes y en technicolor, pero la justicia poética es sobria por naturaleza y gusta del blanco y negro. 


Bacoreta en la mano de RTrapiello: "Ser o no ser; de eso se trata". 3 de octubre de 2014



6 de octubre de 2014

El derecho al olvido (1)

CONTRA lo que da a entender el título de este artículo doble, no tratará de la memoria histórica. Ni siquiera del discurso que leyó el pasado 11 de septiembre en Madrid la historiadora y diputada Álvarez de Toledo. Debería distribuirse en la entrada de los colegios españoles, incluidos  por supuesto los catalanes, y no tanto a los chicos   y chicas, como a sus profesores. Búsquenlo en la red. Empezaba con palabras que debieran hacernos pensar (“A esta hora, en las calles de Barcelona, miles de personas están conmemorando una guerra civil”). En él se alude al tratado de paz que firmaron en Viena en 1725 Felipe V y Carlos VI, ya saben, los reyes que prendieron entre españoles, incluidos por supuesto los catalanes, una guerra civil que acabó en Barcelona en 1714. En aquel tratado ambas facciones se comprometían a  que «habrá por una y otra parte perpetuo olvido (...) como si absolutamente no hubiese intervenido tal guerra». Nietzsche lo formuló maravillosamente: “Es posible vivir casi sin recuerdos, incluso vivir feliz, pero no vivir sin olvidar; un exceso de historia daña la vida”. De ahí que desconfíe uno siempre de aquellos que están a vueltas todo el santo día con la historia, Hitler y su milenarismo, Stalin y sus boyardos, Franco y sus tercios de Flandes o, por venir a los de ahora, perpetuamente agraviados... Vamos a dejarlo aquí, porque no iba a ir este artículo por tales derroteros.

Estaba pensando uno desde el principio en algo que no rebasa su propia y limitada experiencia personal. La vida, no siempre misericorde, le lleva a uno a veces de aquí para allá como conferenciante, presentador, apologeta, charlista o camillero. De todos estos oficios acaso el más triste es este último. Frente a un público en general generoso y entregado, un pequeño grupo de personas interviene en una mesa redonda que acaba teniendo más de camilla que de mesa, a tenor de la desenvoltura con la que todos acaban o acabamos hablando en ella. Cuántas palabras ha ido sembrando uno a los cuatro vientos a lo largo de su vida. Es desolador. Y con qué frecuencia fueron afectadas, solemnes o ligeras, malvadas o aduladoras, estúpidas, vanidosas, confusas... Hablar en público nos hace distintos a casi todos. Sale luego uno de esos actos en los que ha intervenido, diciéndose amargamente, acabado a manos de su propia incontinencia verbal: “¿y a mí quién me mandó venir aquí? Cuánto mejor callado”.    
[Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 5 de octubre de 2014]

5 de octubre de 2014

Todo desconocido

QUEDÓ contada en otra parte la emoción que sintió uno cierto día al descubrir en los archivos de la Fundación Pablo Iglesias la lista de pasajeros del Sinaia y en ella aquella única y misteriosa línea, en medio de casi mil pormenorizadas biografías: "Ramón Gaya Pomés: todo desconocido".
Acaba de aparecer esta ficha, documento relacionado con aquel tiempo, hecho horas después del desembarco en Veracruz, el 13 de junio de 1939 . Y cuánta emoción ver la foto del amigo en ella y recordar las penosas circunstancias personales en las que viajó en aquel barco. Y saber que del pasado vienen estos papeles como pecios a la playa de nuestras vidas para recordarnos que todo en ella es atención y espera.
Y aunque todo lo que rodea a este trozo de papel fue sufrimiento en estado puro para nuestro amigo, su aparición nos alegra en lo más íntimo, pues supimos que después de aquel 1939 aún le esperaban muchos días felices, algunos de los cuales quiso la vida que los compartiéramos con él.

Ficha del Servicio de Migración mejicano extendida a Ramón Gaya a su llegada a Veracruz el 13 de junio de 1939 junto a otros exiliados españoles a bordo del Sinaia, encontrada por el historiador del arte Javier González de Durana.



4 de octubre de 2014

Cuento chino

OÍMOS, o leemos, la expresión "como dice un proverbio árabe", o "según una leyenda antigua china", y de inmediato nos asalta la sospecha de que son apócrifos. Acto seguido pensamos en la persona que, a lo largo de los siglos, ha estado fabricando en serie leyendas chinas y proverbios árabes, tal y como pulía Spinoza lentes en su mechinal, para circularlos por el mundo, pero no como los monederos falsos, sino como un prestímano que se llamara Marco Polo. 

Peonza de GTrapiello

3 de octubre de 2014

Una dedicatoria

ANTESDEAYER, enlazados en Córdoba por Elena Medel, hablamos Eloy Sánchez Rosillo y yo de lo que hablan dos amigos para quienes la poesía es tanto: de la vida. La crónica del asunto viene aquí. Estuvo todo en su punto, y más. Al término de aquel acto se acercó un desconocido con un ejemplar de Junto al agua, que acababa de comprar en internet y a un precio que no pagaba la preciosa encuadernación (media holandesa) que los amigos a los que les dedicó uno el libro mandaron hacer para él apenas se publicó, 1980. Me conmovió ver escrito en la página de respeto los nombres, José [Muguruza] y Herminia [Allanegui]. Cuántas horas no compartiríamos en su librería Mirto, la más hermosa librería de viejo que haya habido nunca en Madrid. Al de ellos dos añadió uno antesdeayer, como hacían los emperadores chinos, el de Francisco Sánchez Vellón, que había recorrido ochenta kilómetros para mostrar ese ejemplar, agradecido a él y a la vida por dejarnos algunas veces atisbar los secretos vasos comunicantes que nos mantienen unidos con los amigos muertos.

Palmera del patio de la capilla mudéjar de San Bartolomé, en la Facultad de Filosofía y Letras

2 de octubre de 2014

Baroja por Baroja (y 2)

Y si la de ayer era una de las aguafuertes más circuladas de Baroja, esta acaso sea una de las que menos: no existe sino este solo ejemplar, y se ha reproducido únicamente en dos o tres ocasiones (que recuerde, en el catálogo de la exposición de los grabados de Baroja, que se celebró en  la Academia de San Fernando hace ya muchos años, y en el libro Los nietos del Cid). Y pocos también los grabados dedicados por su autor. Este lo está a su amigo el librero de viejo Antonio Berdegué, vendedor de estampas, que tuvo su librería en la calle Cedaceros.
En el grabado que traíamos aquí ayer PBaroja aparece como un personaje de sí mismo; este es un retrato en toda regla del joven Pío y con un gran ambiente modernista, pese a lo estrecho del formato (no mayor que el de un billete de dólar). Y si en el de ayer PBaroja podía pasar por un Nietzsche algo encogido que paseaba el barrio de las Injurias, a este, por la nobleza y serenidad de su semblante, no dudamos considerarlo su mejor amigo en España en aquellos años.



1 de octubre de 2014

Baroja por Baroja

DE los casi ciento cincuenta aguafuertes conocidos que hizo Ricardo Baroja acaso este sea el más célebre (y por ello el más buscado): su hermano Pío caminando por uno de aquellos desmontes madrileños a los que iba a buscar escenarios para sus novelas anarquistas. Procede de la reciente venta en almoneda de los bienes del Hotel del Paular, perteneciente a la cadena Sheraton, a quien Franco dio un beneficio de explotación por cincuenta años. Quédese para otro momento la historia de esa subasta y la consideración de aquellos tiempos en los que en las habitaciones de los huéspedes de los hoteles de lujo estaban las sombrías estampas originales de Ricardo Baroja. Bástenos hoy mirar en el semblante de ese don Pío el de Nietzsche, a quien tanto citaba y a quien tanto quería parecerse el novelista vasco por aquellos años. Claro que en una cosa podemos distinguir al uno de otro, su andar. Si el de don Pío sólo podía ser ese andar cabizbajo y perdido, subido el cuello del abrigo, doblado el espinazo y todo él encogido, el de Nietzsche, aun con frío, sólo podía ser derecho, con la barbilla en alto y a cuerpo gentil.