30 de junio de 2014

Teatro de variedades


LLEVAMOS ya un tiempo en este Teatro de Variedades. Entramos porque en la puerta, subido a un cajón, había uno con una chistera que daba caramelos y prometía patrias: “Pasen y vean”.

Eso hicimos. Al rato se apagaron las luces, y salió a escena un hombre bastante malencarado precedido por un redoble de tambor. El hombre lanzó primero por los aires un par de palabras, arriba y abajo, arriba y abajo, y así un rato, hasta que se decidió a meter en la rueda una tercera, y luego una cuarta. En cuanto llegaban a sus manos salían despedidas de nuevo hacia lo alto dando gentiles volteretas. En general sonaban bien, no sé, libertad, justicia, igualdad, en fin, de las más caras. De vez en cuando se le caía alguna al suelo, pero le daba igual, la apartaba con una patada furiosa y decía algo entre dientes, pero desde donde estábamos no se le oía bien. Los redobles del tambor eran cada vez más acuciantes, y pronto vinieron más y más palabras. “Lo demanda la sociedad”. Eso lo entendimos perfectamente. Incluso echó mano de un huevo y lo lanzó al aire con las palabras. Muchos pensamos, esto va a ser un suicidio, aquí va a haber una tortilla. Un viejo que estaba al lado nos tranquilizó, nos dijo, “no, de ese huevo sale al final la blanca paloma. Lo he visto antes”. Pero el viejo no recordaba si iba a ser blanca paloma o culebra, porque a sus años no regía bien de la cabeza. El huevo fue una pista falsa, y el malabar se deshizo de él, así como de todas las palabras que seguían en danza y que  guardó en un cajón, hasta que se quedó sólo con dos y las mostró triunfal al público, una en cada mano: “Monarquía o democracia”, gritó; “hay que decidir”. Pese al tambor, el cañón de luz y la chaqueta de lentejuelas que llevaba, se le veía bastante cabreado por si la gente no quería decidir o se equivocaban al hacerlo o decidían los que no tenían permiso. 

A uno que dijo que democracia y monarquía no eran incompatibles, lo echaron por alterar el orden, y a otro que recordó que el Estado de bienestar que tenemos no fue ni invento ni logro de los malabaristas ni nació en un circo, sino en una monarquía constitucional, lo llamaron fascista, y también lo echaron. Aquello era un pestiño y queríamos irnos, pero no nos atrevimos a hacerlo, por si también decían de nosotros que éramos fascistas. Y aquí seguimos aburridos, queriendo largarnos de este Teatro de Variedades, porque ni esto es un teatro ni estas son variedades.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de junio de 2014]

29 de junio de 2014

Castro Prieto en los museos


JUAN Manuel Castro Prieto es un fotógrafo a quien interesa la realidad, o más exactamente la vida. Va a los sitios, Perú, India, Etiopía, Méjico, pero también Navaluenga o Madrid, mira lo que hay de misterioso en esos lugares y en las personas que se encuentran en ellos, y sigue su camino. Lo que deja de su paso por ellos, es una huella, su huella. Sabe que cada cosa y cada persona es una suma de hechos, a menudo remotos; sabe que somos memoria. Sus fotos son el testimonio de ella, pero al mismo tiempo son un modo de amplificar la memoria, quiero decir que la fotografía, y las suyas también, son testimonio del pasado, pero también parte de nuestro presente, y así, cuando se vean sus fotos dentro de unos años, las verán unidas al presente en que se hicieron y a todos los presentes sucesivos.
De su trabajo en los museos lo más sobresaliente, a mi modo de ver, es que los ve y está en ellos como estamos en la casa de alguien o como vamos por una calle de una ciudad cualquiera.
No trata a las obras que se encuentran en ellos como obras de arte inalcanzables y sagradas. Puede considerarlas así también, pero las ve como a criaturas vivas, con todo el misterio que llevan las cosas y las personas dentro, y descubre en ellas también algo que llevan dentro, pero no a la vista. Lo invisible de lo visible. Muchas de las obras de arte están en los museos por eso, porque apresaron lo invisible de lo visible, y supieron conservarlo para nosotros, venciendo al tiempo: cuadros, esculturas, incluso objetos más modestos como un  humilde cántaro roto.
Castro Prieto descubre en esas obras de los museos al fotografiarlas lo que tienen de vivo, como si se tratara de seres muy cercanos, sin cuya compañía nos resultaría difícil vivir. Pero el de los museos es un trabajo acaso más difícil y sutil que el de fotografiar personas o cosas o paisajes. Como hacerle un retrato a un rey o a alguien poderoso, donde el fotógrafo o el pintor sabe que no le van a ser permitidas muchas licencias. Pensemos en el Inocencio X de Velázquez y el modo segado en que el pintor nos lo dice todo, hasta arrancarle al papa aquel troppo vero, que era para un papa orgulloso como él el mayor elogio a su alcance. Al fotografiar un Van Gogh o cualquier otro pintor, famoso o desconocido, Castro Prieto, sabiendo que ha de ser respetuoso y buscar en él lo que tiene de misterioso y sutil, se comporta como ante un rey. En todo aquello que ha logrado vencer el tiempo, como lo que queremos conservar en un museo, nos espera un troppo vero. Me imagino a Castro Prieto mirando esos cuadros, como se mira al Emperador, a un tiempo cercano, pero distante. No lo digo porque quiera “sacarlo” mejor. Todos los pintores de corte lo hacen. Todos tratan de ser agradables con el señor que les paga. Castro Prieto tiene más suerte, acaso porque es más libre, y sabe que después del museo seguirá su camino. No quiere sacar “mejor” a sus modelos, pero sí mejorarlos. No es lo mismo. ¿Es posible “mejorar” un original? Desde luego que sí. ¿No nos han sacado en muchas fotografías mejor de lo que somos? No me refiero sólo a que nos hayan sacado más favorecidos, sino a que alguien ha sacado a la luz un rasgo de nuestro carácter que diciendo mejor de nosotros, dice mejor de todos y de todo. En algunas traducciones de Emily Dickinson hemos encontrado un poco más de Dickinson que en el original. Los puristas creen que eso no es posible y que decir esto es un sacrilegio. Henri Le Sidaner ocupa en el historia de la pintura un lugar secundario. El cuadro que fotografió Castro Prieto arrancó de él un sentimiento que apenas estaba insinuado en ese paisaje donde se ve una cabaña, una luz que ilumina la ventana y una figura que va hacia ella. Ha sacado Castro Prieto toda la noche que llevaba dentro ese cuadro sin atreverse a manifestarse, y ahora tenemos dos trozos misteriosos de la realidad, donde antes sólo había uno
Para las demás obras hace igual. Trata de ver de cada una lo que tiene de vivo, y con un lenguaje fotográfico específico, revelárnoslo. Añadir a la memoria de otros, la suya propia. Así es como se mejora el mundo, haciéndolo más grande y haciéndolo más hondo. Dos, donde antes sólo había uno.
            (Texto para el Catálogo de la Exposición El archivo de la Memoria, Victoria 2014. Imprescindible entrar aquí, donde se pueden ver la mayor parte de las obras  que se citan en este texto)



28 de junio de 2014

Santiago González y una crónica antigua

ES Santiago González uno de los periodistas y analistas políticos más inteligentes que escriben en España. Miren su blog, si acaso no lo conocen. Algunos de los inteligentes, muy pocos, podrían tal vez comparársele, pero ninguno en el finísimo sentido del humor con el que suele tratar incluso los asuntos más serios. En ese terreno no tiene rival en parte ninguna, ni siquiera en Bilbao.
La vida, con sus olas, ha querido reunirnos. Yo creía que no nos habíamos visto nunca, pero él, tan memorioso, recordó la presentación de El buque fantasma en la librería Herriak el 24 de abrir de 1992: "Yo entonces hacía una columna de negritas en El Correo y escribí una, que te envío, sobre aquella presentación. Ya no me acordaba, pero quien te presentó, José Antonio Urrutia, a quien también conocí ese día se me acercó a decirme que él era amigo de Patxo Unzueta y tal. Hicimos una amistad que duró hasta su muerte hace un par de años".
No recordaba uno nada de aquella presentación ni de otras parecidas. Sí que me llevaban de ciudad en ciudad y que había de fingir mucho entusiasmo por donde íbamos. La novela recibió las peores críticas. Ramón Gaya (lo ha contado uno otras veces, presumiendo), para animarme, me dijo: "La novela está bien, pero no te vayas a creer que es una obra maestra, porque ese maltrato sólo lo reservan para las obras maestras". 
Trataba, creo que por primera vez en las novelas españolas, de la demencial militancia antifranquista en los últimos años del dictador. Ni que decir tiene que me enorgullezco de esas críticas y de haber irritado a los más tontos de entonces, algunos, por suerte para todos, todavía en activo (saludos, compañeros). Les pareció una insolencia que en el libro se dijeran cosas como que las monjitas de la caridad habían hecho más por los pobres del mundo que todos los soviets juntos y que había sido una suerte para todos que no hubiésemos podido sacar adelante ninguna de nuestras revoluciones de juguete. Naturalmente la reacción de los estalinistas, maoístas y trotskistas fue la de rezar mucho pidiendo a Hegel que les mantuviera viva la fe en la filosofía de la historia, y gracias a ello muchos siguen todavía en activo, como podemos ver (saludos, camaradas). No es infrecuente tampoco que los camaradas vayan de la mano de los compañeros, si acaso no son los mismos en muchos casos.
Leo ahora, casi veinticinco años después, aquella divertida crónica de Santiago González (sigue en racha un cuarto de siglo después). No recuerdo haberla leído entonces y siento una grandísima gratitud hacia el escritor que era él y más aún, si cabe, al que es hoy.
* * *
Balsa de náufragos
El último Plaza Janés de novela, Andrés Trapiello, presentaba esta semana su libro, "El buque fantasma", en el sótano de Herriak. A la caída de la tarde coincidían en la librería los compradores rezagados y los más madrugadores de los asistentes. Fueron los primeros el concejal Angel Ortiz AlfauJosé F. de la Sota y Mari Feli Maizcurrena.
Poco a poco fueron llegando los habituales y alguno que otro que a fuerza de habitual es crónico: Iñaki Ezquerra y Emiliano Serna, antiguo gerente de la casa; José Gurrea e Iñaki Uriarte; el lingüista José Borja, Santiago Torres, Jesús Leciñana y el abogado Antonio Damborenea, que hizo en el coloquio una encendida exaltación de Proust y de la necesidad de leer "En busca del tiempo perdido"; la que fuera secretaria de "El Desván"Irene González y, naturalmente, José Luis Merino.
Presentó al autor José Ignacio Urrutia, un ingeniero que abandonó un día su profesión por la pasión de la escritura. Fue la suya una presentación apasionada y larga. Durante cuarenta y cinco minutos hizo una disección implacable de la novela, aunque algo caótica y quizá por eso lejanamente inteligible para quienes aún no la habíamos leído. Es verdad que al empezar atribuyó a Merino la tarea de moderador: " me cortas cuando te parezca" aunque por lo visto, a Merino no le pareció.
Trapiello es de León, la provincia española con más escritores por kilómetro cuadrado. Era, pues, bastante fácil predecirle un final de novelista, aunque ha ejercido otros oficios relacionados con la literatura: autor de cuatro libros de poesía, ha sido  director de la editorial "Trieste" y entre su labor como editor hay que destacar la edición de la poesía de Rafael Sánchez Mazas y  Unamuno.
Durante toda la presentación mantuvo una expresión inmutable: brazos cruzados, cabeza ladeada y una sonrisa de perversidad ingenua, que cuadra a la perfección a su aspecto de pitagorín, de chico relisto y algo trapisondista, como diría un personaje de su novela. Tras la intervención de Urrutia, Trapiello explicó en pocas palabras el quid de la cuestión, el viaje de memoria a su propia militancia antifranquista de los primeros setenta y definió su buque fantasma como un acicate del recuerdo, una invitación a plantearse preguntas peliagudas del estilo "¿qué era yo y qué soy ahora?"
Al final, todo tuvo un toque algo proustiano. Quedó claro que perdimos el tiempo, aunque tampoco ahora ponemos mucho empeño en recuperarlo. Quizá por eso, con el copetín no sirvieron magdalenas. 
                                                     Santiago González (El Correo, 26-4-92)
* * *
"En el libro que dediqué al zapaterismo, Lágrimas socialdemócratas, que tiene un componente de ajuste de cuentas con el propio pasado y con la memoria de izquierdas", acaba diciendo Santiago González en su carta, "quise citar una de aquellas intervenciones asamblearias que tanto explican el cuerpo de doctrina real de nuestra izquierda y el lenguaje del protofeminismo: «Andrés Trapiello cuenta en El buque fantasma cómo en la Universidad de Valladolid de los años setenta el feminismo militante apuraba la copa de la igualdad hasta las heces. Un estudiante, un vasco exaltado, arenga a sus compañeros de asamblea a salir en manifestación: «¡Todos! A la manifestación vamos todos. Nada de rajarse ahora. Se ha votado, ha salido  mayoría y tenemos que ir todos. ¡Todos! El que se raje, maricón”. Protestaron algunas feministas porque les pareció discriminatorio: De acuerdo, se enmendó Txiqui. El que se raje, (o la que se raje, debió añadir) maricón o puta»."
Saber que aquella novela, que tanto distinguieron compañeros, camaradas y compañeros camaradas, está citada casi veinticinco años después en el libro de Santiago González, viene a confirmarle a uno que la vida nos da siempre mucho más de lo que le damos y de lo que merecemos.
Edición de bolsillo, 1997. Dibujo de la cubierta : Pelayo Ortega. Lleva esta edición un epílogo especialmente escrito para la ocasión y sin dejar de pensar en compañeros, camaradas y camaradas compañeros. 




27 de junio de 2014

Atzucac


"FINALMENTE, cuando a caballo entre los siglos de décadence se dejó ver una force majeure de genio y voluntad, lo bastante fuerte para hacer de Europa una unidad, una unidad política y económica, destinada a gobernar la tierra, los alemanes, con sus “guerras de liberación”, han hecho perder a Europa el sentido, el milagro de sentido que hay en la existencia de Napoleón, ­con ello tienen sobre su conciencia todo lo que vino luego, todo lo que hoy existe, esa enfermedad y esa sinrazón, la más contraria a la cultura, que existe, el nacionalismo, esa névrose nationale, de la que está enferma Europa, esa perpetuación de los pequeños Estados de Europa, de la pequeña política: han hecho perder a Europa incluso su sentido, su razón –la han llevado a un callejón sin salida".
No hay que añadir ni una coma: Friedrich Nietzsche, Ecce homo. (Madrid, Alianza Editorial, 1979, pág. 118).


Las Viñas. verano de 2014



26 de junio de 2014

Imputada

COMO nos temíamos (seguramente algunos dirán: como esperábamos, aunque nadie debiera esperar la confirmación de una mala noticia, y esta lo es), la infanta Cristina, hermana del Rey, ha sido imputada por el caso Nóos, y se sentará en el banquillo de los acusados.
Ahora, si descreyera uno de las instituciones que tienen algún o algunos imputad*s en sus filas, y aun condenados por corrupción, prevaricación o malas prácticas, pediríamos un referéndum para acabar en una primera instancia con el parlamento, los sindicatos, las religiones, los hospitales, las universidades, los tribunales de justicia, las autonomías, los bancos, las naciones, la onu, los niños de San Ildefonso, y desde luego para acabar con todos los que piden referéndums; y en una segunda, con los reinos animal, vegetal y mineral por no haber sabido eliminar a tiempo de la faz de la tierra la rabia, la cicuta y la gota fría.
O sea, que haya sido imputada esa infanta y vaya a ser juzgada es esperanzador. Al menos una parte de las instituciones funciona. Habrá que reformar aquellas otras que por no funcionar adecuadamente hicieron creer a la infanta que, si se daba el caso, tampoco funcionaría la que acaba de imputarla.

El Rastro, 6 de mayo de 2014

25 de junio de 2014

La inspiración

EN la obra poética (musical, pictórica, literaria) la inspiración es el instinto al servicio de la experiencia.
* * *
RELATA Unamuno en De Fuerteventura a París cómo creía él que la línea recta por excelencia era la dibujada por el mar en el horizonte, hasta que un amigo le hizo ver que esa era la segunda gran línea recta de la naturaleza, siendo la primera la del rayo de sol. Esto no le hizo corregir a Unamuno el soneto que acababa de escribir con la idea primera, porque, decía, la intuición también escribe recto con líneas torcidas.

Playa de Jandía (Fuerte Ventura), 19 de junio de 2014. Las motas del fondo son playistas.

24 de junio de 2014

Álbum de Historia Natural (y 4)

POR no hacer más larga esta incursión en el Álbum de Pirala (quedan fuera de estos comentarios los reptiles y peces, con los que le resulta a uno mucho más difícil entenderse), aquí la cerramos con lo que se dice en él del estornino.
Llevaba uno de los tomos del Spp el título de El canto del chamariz, que ya había cambiado hace tiempo por el de El canto del estornino. En su lugar quedarán explicadas las razones de elegir entre uno y otro pájaro, hermanos en esto del cantar imitando los cantos y voces de otros congéneres e incluso de quienes no lo son en absoluto.
¿Quién no desearía ser como el estornino? 
Veamos cómo lo describe Pirala: "Parecido al mirlo, es charlatán, inquieto, sociable, y toda su existencia, toda su ocupación se reduce a cantar o gozar. Viven de 7 a 8 años, y aún más en estado de domesticidad. Pueden aprender a hablar en francés, alemán, latín, griego, etc., y a pronunciar frases largas: articula la r con claridad". 
Lo que le hace más humano que a ningún otro de los pájaros no es, como da a entender Pirala, que pueda aprender a hablar alemán o francés, latín o griego, sino el que casi nunca quiera.



23 de junio de 2014

¿LIbertad: para qué?

TODOS hemos percibido que el líder de Podemos, Iglesias, se quiere comer el mundo: es joven, hace ostentación de su apetito y se le supone una gran dentadura. Apenas tres días después de su asombroso pelotazo electoral anunciaba que en año y medio Podemos estará en condiciones de ofrecer un equipo de gobierno, es decir, capacitado para gobernar este país mediante movimientos asamblearios, sacar a España del euro y de Europa y sacar a Euzkadi y Cataluña de España, entre otras políticas de menor cuantía.

Interesado uno en este fenómeno, acabo de ver en Youtube tres monólogos suyos, muy a lo Chávez y Castro, grandes monologuistas, y una actuación estelar. En esta se ve a Iglesias orquestando un escrache a Rosa Díez, a golpe de euskogudariak y en el más puro estilo “Revolución Cultural”. Los monólogos son también bastante pedagógicos. Búsquenlos. El primero lo cierra con un “Dios salve a América” por permitir que en los EU los ciudadanos puedan llevar armas. Lo explica: “El monopolio de la violencia no puede ser sólo del Estado”. En otro, en una herrikotaberna, le dice a sus oyentes que “esto” [la Constitución  y demás] sólo lo han entendido aquí “la izquierda abertxale y, sí, Eta”, (*) y les anima no ya a decidirlo en referéndum, sino directamente en una secesión, camino que allanan mucho, qué duda cabe, las escopetas. En fin, en el tercero de los vídeos se refiere a un ratero que les quiso robar una mesa de mezclas: lo llama  “gentuza”, y añade: “de clase mucho más baja que la nuestra”. Hasta aquí podíamos llegar.

Uno, que ni es ya joven, ni tiene tanto apetito y de sus dientes prefiere no hablar, se queda dubitativo, y se pregunta: ¿Y qué pensarán de este hombre los pacifistas que  hicieron del 15M un movimiento esperanzador, y que no conocían, como yo, estos vídeos? ¿Qué les parecerá su narcisismo, ellos que elevaron el anonimato a seña de identidad? Dándole la vuelta, Iglesias se ha defendido: Sólo así (con mi cara en las papeletas de voto y en la tv) he llegado al Parlamento. Pero tampoco  parece muy partidario de esa casa: su propósito, asegura, es vaciarla de “la casta” que la ocupa. ¿La llenará de encastados bolivarianos, etarras y miembros de la Asociación del Rifle? ¿Lo advertirán sus votantes de buena voluntad? Tiempo tendrá de ir concretándolo, y acaso en otro tono menos voraz y suficiente que ese que tanto recuerda el famoso “¿Libertad: para qué?”.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 22 de junio de 2014]

(*) Y hoy mismo acaba de decir P.Iglesias en cierto foro, tal y como recogen las portadas de todos los periódicos que "el terrorismo etarra causó dolor, pero tiene base política", por si a alguien le quedaba alguna duda.

Al hilo de ello, este comentario que Félix Ovejero ha compartido en fbook, y que es de mano maestra: 

Asumir que, por “políticos”, los “chicos de la gasolina” y los de las pistolas son mejores que los criminales comunes. Después de todo, no hay razón para pensar que las razones políticas son más limpias que las impúdicamente criminales. Más bien al contrario, el crimen por “razones políticas”, en una sociedad democrática, es peor que el crimen que no busca coartadas ni escamotea su indignidad. No cabe exculpación en la invocación a la naturaleza política de los objetivos de la organización terrorista, cuando precisamente la política decente se sostiene en el respeto a la dignidad del discrepante. Pero la magnitud del desarreglo moral es todavía mayor, si tenemos en cuenta que la política no siempre es coartada: pocos disculpan los crímenes de nazis y xenófobos. La vileza radica en que cuando se dice “por razones políticas” se está queriendo decir “razones políticas justas”. Ahí se instala la línea de demarcación con los nazis, la que sostiene el edificio entero de la comprensión, la que hace impensable la retórica del arrepentimiento, la que allana el camino a que, al salir de la cárcel, los criminales sean recibidos como héroes y encuentren a los suyos ofreciéndoles el balcón de los consistorios a su disposición para los aplausos de los vecinos. Nada que ver con el final del franquismo, cuando los cómplices de la dictadura volvían discretamente a sus casas, confiando en que nadie les recordara su pasado. El problema no era de poder, pues poder siguieron conservando los franquistas durante bastante tiempo, mucho más que el de una ETA policialmente derrotada por un Estado democrático, sino de paisaje moral, de ese sórdido paisaje moral ocupado por el mentiroso relato nacionalista de conflicto. El problema era que “franquista” era una ofensa y “aberzale” es un honor. 

22 de junio de 2014

Álbum de Historia Natural (3)

DECÍAMOS ayer cómo Pirala, hablando de tal o cual animal, podría parecer que lo hacía de tal o cual personaje real o de ficción. Y en unos años como los presentes en los que el lenguaje se ha vuelto ramplón y descolorido, halla uno un placer indecible en volver a un Paraíso como este en el que las fieras, mansas o sanguinarias, llenarían la imaginación de los niños con indelebles caracterizaciones:
"La cabra, con más instinto y recursos que la oveja, se familiariza con el hombre, gusta que la acaricie, le toma inclinación, y es robusta, ligera, ágil, viva, caprichosa y vagamunda". O sea, como la mayor parte de nosotros.
"Es uno de los animales más notables, mayores y más hermosos; y sin ser nocivo, es de los más inútiles"; habla de la jirafa, pero ¿quién no podría ponerle a esa descripción un nombre y dos apellidos?
"A una fuerza prodigiosa, reúne el valor, la prudencia, la serenidad y la obediencia. Conserva la memoria de los beneficios y de los agravios, y se venga de estos. Su índole es suave y sociable, y protege a sus semejantes". ¿Hay quien no quisiera reencarnarse en elefante.
"Animal fogoso, gallardo, noble, valiente, dócil cariñoso, de gran fuerza y amigo de estar en compañía de sus semejantes o al lado del Hombre " (el caballo); "humilde, paciente, sobrio" (el asno); "es un criado infiel; educándole se le hace tratable y zalamero, pero es astuto, ratero, ladrón, sabe ocultar sus pasos, disimular sus designios, acechar las ocasiones, esperar, elegir y aprovechar el instante de ponerlos en práctica (...) Nunca mira el rostro de la persona amada; y sea desconfianza o falsedad, siempre busca rodeos para acercarse a ella, y procura caricias que sólo agradece o sufre, por el gusto que le dan. Es además pulido, ligero, mañoso, voluptuoso, aseado y muy cómodo". Cuando se nos dice que se está hablando del gato, todo cuadra, pero afinar tanto en un retrato sólo está a la altura de Buffon o de Balzac, veterinario uno y médico el otro de parecidas anatomías.
                                                                        (Continuará pasado mañana)



21 de junio de 2014

Álbum de Historia Natural (2)

REPRODUCIRÍA por gusto muchas de las viñetas de este Álbum y los textos de don Antonio Pirala. Que Pirala no había visto la mayor parte de los animales que referencia no fue óbice para que los adjetive de modo magistral. Al igual que estudia Juan Pimentel en su libro el caso de aquellos pintores que figuran animales sin haberlos visto (el caso de Durero y su célebre rinoceronte es ya referencial), podríamos seguir el rastro que muchos de estos animales han dejado en la caracterización humana, no sólo entre los fabulistas como La Fontaine.
Veamos un ejemplo. Ignoro por qué razón algunos de mis hermanos mayores dieron en llamarme "Gorila" con siete u ocho años, cosa que me mortificaba y desesperaba lo indecible. Por suerte para todos, la moda pasó y se olvidaron pronto del mote, como me olvidé yo, hasta ver el primero de los animales que comparecen en esta obra y leer el texto que lo acompaña. Cierto que el orangután no es de la misma familia que los gorilas, pero leyendo lo que Pirala dice de este parece que estuviera hablando del que yo era entonces, y aun hoy mismo, cincuentaitantos años después: "gusta de las caricias y de vivir acompañado: es inofensivo".
                                                             (Continuará mañana)



20 de junio de 2014

Álbum de Historia Natural (1)

CONOCEN bien los lectores de este Almanaque cuánta importancia se dan en él a las cosas curiosas, ligeras y de interés general dudosísimo. Sin muchas de ellas nuestra vida sería mucho más monótona y triste.
Por los mismos días que su autor, el historiador de la ciencia Juan Pimentel, nos regaló su libro El rinoceronte y el megaterio, (Abada Editores, 2010), tentador y me dicen espléndido ensayo de morfología histórica, encontraba en el Rastro este Álbum de Historia Natural, con láminas para uso de los niños, de don Antonio Pirala, que sería años después el célebre historiador de las guerras carlistas. Se publicó en Madrid en 1852, se anunciaba como "obra de lujo" y se vendía encuadernado a 4 reales de vellón.
Su rareza (ningún ejemplar en mercado y sin referencia en las bibliografías exiguas de la wikipedia) sólo es comparable a su tosca y encantadora belleza, proporcionada en parte por los grabados de boj que lo ilustran profusamente. En su estilo es uno de los libros más bonitos que haya visto uno del siglo romántico. La conservación de la encuadernación original de época, en papel moaré, le añade aún más encanto, si cabe.
El haberse destinado a los niños explica seguramente que no hayan llegado demasiados ejemplares hasta nosotros, pintarrajeados, rotos o devorados por quienes de todos modos debieron fascinarse con esta pequeña arca de Noé, como espero se fascine el lector de esta ventana.
                                                            (Continuará mañana)



19 de junio de 2014

Filipino, fungir de (para un diccionario político)

POR la mañana, Felipe VI; tarde, nadar Fuerteventura. 
"Excelencia, si detesto tanto a los comunistas es porque me obligaron a hacerme falangista" (Conde de Foxá a Franco, quien, por esta frase y otras parecidas, acabaría haciendo que lo destinaran a la otra punta del mundo: con los gobernantes, y con más  razón los dictadores, mejor abstenerse de hacer chistes; lo decía Michael Ignatieff: "Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad"). 
Si nuestra fe republicana dependiera de la mayor parte de los republicanos a los que veremos hoy precisamente enarbolar la bandera tricolor (¿no tiene ninguno de ellos imaginación para diseñar una nueva? Y si llega la República que sea cualquiera menos la Segunda, por favor), si nuestra fe republicana, decíamos..., en fin, sígase el razonamiento.
Por todo ello no queda otra que, de momento, fungir de filipino.


Madrid, 26 de abril, 2013




18 de junio de 2014

Sadomaso político

“ESTO me ha jodido la vida”, dijo P. Iglesias la noche de su éxito electoral, según El País. No sé, durante la campaña daba la impresión de lo contrario, de estar deseándolo, despepitado, con todo su corazón. Por otro lado, así debiera ser la política: el servicio de quienes quieren mejorar la vida de los demás a costa de empeorar un poco la suya propia, y no al revés, como vemos que sucede tan a menudo. 
La frase (¿cínica, hipócrita, ambas cosas?) da, por lo demás, la medida exacta de alguien a quien sus votantes no deberían en consecuencia volver a votar. Es decir, no puede nadie despreciarlos tanto ("me habéis jodido la vida", versión del más conocido "se empeñaron") y esperar que sigan votándole, a menos que sean precisamente de los que se vienen arriba cuando más los fustigan, maltratan y desprecian.
En fin, quizá sea sólo el inicio de una gran amistad y una bonita relación sadomasoquista con la política y sus votantes, en cuyo caso es mejor no meterse por medio.
* * *
LAS mayores mayorías silenciosas las ha encontrado uno siempre en las asambleas. Gracias a ello los Jóvenes Guardias Rojos sacamos adelante nuestras huelgas de juguete allá en el Rancho Grande (Valladolid, 1971-1975). 

El Rastro, 9 de octubre de 1011

17 de junio de 2014

Deudas


OÍMOS a menudo esta frase tristísima en su sentido figurado: “Yo no le debo nada a nadie”. Y ese es el problema; no se puede vivir sin el reconocimiento de nuestras deudas, no tanto por saldarlas, que también, si se puede, como por gratitud. Sobre todo las que hemos contraído con nuestros enemigos y adversarios. Qué seríamos sin ellos.
Vida sin gratitud no es vida.


El Rastro, 15 de junio de 2014



16 de junio de 2014

Ruina, desamor y muerte

¿CUÁNTAS películas comienzan en una sala de subastas? Una de las más célebres es Con la muerte en los talones. En todas ellas la escena es parecida: unos personajes, los buenos y los malos, o los malos y otros más malos (los buenos nunca compiten entre sí porque la bondad es unánime) se disputan un objeto raro, un jarrón, una estatuilla, un cuadro, una pitillera. Da igual. El espectador ya sabe que ese objeto es sólo una excusa, un reclamo, el cebo que prende su curiosidad. El ambiente es sofisticado y exclusivo, y la gente que acude a la subasta va elegantemente vestida y alhajada. Empiezan las pujas y a circular por la sala los dólares, yenes, libras esterlinas, euros. Moneda solvente  para lo que tiene tanto de juego, de capricho. Al principio los compradores son prudentes, pero uno o dos minutos después las pujas se disparan, y la codicia de poseer ese objeto parece contagiar al espectador: ya no podrá dejar de interesarse por esa historia. ¿Qué esconde? ¿Crímenes, estafas, secretos inconfesables, la llave del universo?

Acaban de tener lugar las dos mayores subastas de primavera en el mundo del arte. Según los periódicos, la de Sotheby’s resultó mediocre y en la de Christie’s se batieron récords históricos de recaudación. Difícil saber si ese asunto del mercado artístico es serio. Los artistas de una y otra eran los mismos, contemporáneos casi todos, algunos en activo aún. Leemos el precio que han adquirido algunas de las obras, notorias castañas de nuestro tiempo, y le viene a uno a la memoria el crac de los tulipanes, convertidos en artículo de lujo y colección en el siglo XVII: llevaron a la ruina a decenas de especuladores. Es un clásico que se estudia en las facultades de economía como una de las primeras burbujas. 

¿Cuándo se desinflará  la artística? Por temperamento y edad se encoge uno de hombros; tal vez, nos decimos, suceda eso cuando estemos criando malvas todos nosotros. No es fácil decir a alguien que eso que acaba de comprar no vale nada, pero más difícil todavía es que nos crea. Y con todo, sigue uno con interés las subastas. Nos decía una amiga pintora  de quien se subastaba un cuadro en una de ellas, que eso suele pasar, especuladores aparte, por una de estas tres razones y las tres, tristes: porque su dueño necesita el dinero, porque ya no le gusta o porque se ha muerto. Sí, en la película de la vida, la noticia no está en Christie’s o Sotheby’s, sino en todo lo que no sabemos: una ruina, un desamor, una muerte.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de junio de 2014]

15 de junio de 2014

Una paradoja

A medida que nos acercamos a un acierto, podemos sentir que nos estamos alejando de él. Puede incluso dar la impresión, a menudo injusta, de que el mayor error es aquel que más cerca se ha quedado de no serlo, teniendo su expresión más agónica en el dicho "morir matando".
Sucede en armonía: la mayor disonancia es la del semitono respecto de su nota, por arriba o por abajo, sostenido o bemol. La horrísona cacofonía del mundo procede de esos pequeños desajustes, y la inestabilidad en la que estos subsisten permanentemente. Rothko o Kandinsky, por ejemplo, no son disonancias de Velázquez; Manet, sí, tanto mayor cuanto más próximo se le coloque de él.
Ni que decir tiene que es una tristísima tragedia tratar de matar al maestro y seguir vivo.

El Rastro, 11 de mayo de 2014


14 de junio de 2014

Esperanzador

"SE ha descubierto en investigaciones recientes que cantan aún con más fuerza en los ambientes urbanos y suburbanos para que puedan ser escuchados por encima del ruido ambiental".
Que sea de los ruiseñores de quienes se dice (wpedia), ha de llenar de esperanza a los poetas, y servirles de ejemplo.
* * *
LAS hojas y pétalos que encontramos a veces en los libros de viejo vienen a ser como una primavera liofilizada.
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LOS aforismos, greguerías, máximas, incluso haikus, tienen mucho de cerezas: nacen juntos y unos tiran de otros.

Las Viñas, 7 de junio de 2014

13 de junio de 2014

Marilyn Monroe

AUNQUE se publiquen en este almanaque muchas fotografías hechas o aparecidas en el Rastro, no acostumbra uno a adornarlas de literatura. Sin el contexto, esta no se entendería del todo.
Apareció entre unas cuantas fotos pornográficas, todas ellas del tamaño aproximado de un naipe, unas más pequeñas, otras más grandes, siempre en blanco y negro y de los años cincuenta. Mujeres desnudas, o medio desnudas, que miraban con una gran salacidad. Muchas eran gordas con tetas como tinajas y unos muslos sólidos, irrebatibles. Otras en cambio parecían haber salido del hospital esa misma tarde, y se les notaba la tisis en las ojeras. En aquellos años no se estilaba depilarse, y los pubis de la mayoría, asilvestrados y tenebrosos, causaban un miedo infantil, como algunos barracones de feria. Habría lo menos una veintena de mujeres, de cuerpo entero, posando, unas levantaban el brazo y se les veía un gran felpudo negro en la axila, otras se cogían las ubres y parecía que quisieran darte con ellas, otras ponían unas nalgas descomunales en primer plano y se las miraban desde atrás como quien ofrece una bandeja llena de pasteles calientes; todas parecían ya muy emputecidas. Lo extraño es que, aunque fuesen de las tiradas, no se parecían en absoluto a las de Solana, de esas que miran y te están diciendo: tengo el corazón intacto. No, eran de las nihilistas, de las que te dicen: soy un caso perdido, y a mí qué.
Mucho antes de acabar de ver el montón y cuando ya lo iba a dejar sobre la mesa, apareció esta foto. Es una copia original, valga el oxímoron, de los años cincuenta también. Me alegro de habérsela arrancado a aquel tristísimo serrallo. Ahora no sé qué hacer con ella. Si fuese una mariposa, la dejaría volar de nuevo. Sabemos todos que ya entonces Marilyn Monroe caminaba deprisa hacia su cita con la muerte y que lleva muerta medio siglo, y sin embargo sigue siendo frágil como una mariposa. 




12 de junio de 2014

Tréboles de cuatro hojas

SABER que podemos registrar imágenes fugaces en cualquier momento y en todo tipo de circunstancias ha hecho de nosotros transeúntes atentos, testigos de realidades tanto más poéticas cuanto más frágiles. Incluso aunque queden registrados de una manera deficiente. Vendrían a ser digitaciones en las paredes de la caverna, algo que da testimonio del mundo y de nosotros. Así este sobre, tan Schwitters, destinado a Vogue y encontrado en la acera de Recoletos a media noche, o ese camión con el que compartimos un semáforo, camino del Rastro, y que esparcía sus trinos por la limpia madrugada de Madrid. Tréboles de cuatro hojas.

Puerta de Toledo, 7 de Junio de 2014

Recoletos, 10 de junio de 2014





11 de junio de 2014

Muchos y muchas, otros y otras

ESTÁ don Quijote contándoles a Sancho y al primo las visiones de la cueva de Montesinos. Llegado aquel al sepulcro de Durandarte, le dice el mismísimo Montesinos: "Le tiene aquí encantado, como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín, aquel francés encantador que dicen que fue hijo del diablo". 
Y qué duda cabe que si don Quijote creyera en los plurales inclusivos en los que creen los académicos y otros y otras, habría dejado la cosa en "muchos", sin más, pero siendo un caballero que tenía en tanto a las mujeres, empezando por la de sus pensamientos, nunca dejó esas cosas al buen tuntún ni a los sobreentendidos, y menos que a nadie a l*s gramáticos.


Sevilla, 29 de mayo de 2014



10 de junio de 2014

Tres eran tres, y un aviso


PERSEGUÍA mariposas a puñetazos. A tal extremo llegaba su resentimiento.
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LEER los posos del té está al alcance de cualquiera. Lo difícil es leerlos con la taza llena.
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Si das con Wagner, relájate y goza.
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AVISO: Por razones técnicas andrestrapiello.com estará fuera de servicio unos días. Como suele decirse: disculpen las molestias quienes accedían a este blog a través de esa página


"Pentagrama" o más bien  tetragrama de Estas son las mañanitas. Foto: Mar Fierro, 2014



8 de junio de 2014

Crímenes oportunos


EL crimen gusta mucho. Nada como un buen asesinato para sacudir a una sociedad de su apatía: El asesinato como una de las bellas artes, escribió  De Quincey y, sí, el pueblo, que tiende a ser barroco, se perece por el teatro; eso explica su amor a las grandes puestas en escena y ninguna lo es tanto como un crimen y su escenario.  ¿Quién no recuerda aún el nombre de Puerto Urraco?

Puede una sociedad estarse fosilizando, indiferente a problemas acuciantes y gravísimos como la corrupción de sus políticos y banqueros o el descrédito de tantos gobernantes,  pero basta un bonito asesinato para que todo el mundo parezca revivir: en apenas minutos empiezan a circularse fabulosas teorías, móviles, sospechas. No hay nadie en la comunidad donde ha ocurrido ese crimen que no crea estar en el secreto de los hechos. Una vez más el crimen ha despertado de su modorra a la sociedad, aunque sólo sea de modo pasajero y para hundirla en una atmósfera estupefaciente, donde todos parecen hallar un placer inaudito en intoxicarse e intoxicar a todos con calumnias, insidias, fantasías y una variada muestra de noticias falsas verosímiles y verdaderas, pero inverosímiles.

Ha ocurrido en León: dos mujeres, madre e hija, con la complicidad de una tercera, asesinan a una cuarta, persona principalísima allí. Aunque quede lejos de la consideración de un crimen perfecto, según la preceptiva de la novela negra, no dejan de concurrir en él algunas circunstancias si no novelables, sí extrañas. La víctima, por lo que uno ha leído y al igual que la de Crimen y castigo,  no ha suscitado grandes simpatías, pese a ser persona de gran relevancia social y política, o precisamente por ello (¡y las cosas que saldrán a relucir en el juicio: causarán espanto!). Tampoco de las victimarias se sabe mucho. Que estas alentaran la venganza durante más de dos años tiene atónitos y desconcertados a los psicólogos forenses. En cuanto al móvil, la mera inquina, es tan gótico que hace de este atropello algo aún más absurdo y cruel. Bien, ¿qué sucederá? La víctima ha acabado en el cementerio, las asesinas están en la cárcel y pasada la primera impresión, la sociedad volverá a una apatía que la mantiene apartada de los problemas acuciantes y gravísimos, a la espera de otra muerte que dé apariencia de vida a vidas que no merecen tal nombre, mientras otros, especialmente oportunistas, les escriben su triste novela.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de junio de 2014]

La carrière

ES una lástima que cuando las asociaciones de eventos y protocolos pusieron el grito en el cielo, y aun el gritito, por cierto artículo mío a propósito de los protocolistas de la Generalidad (que siguen haciendo hacer el ridículo cada dos por tres a su jefe Artur Mas, como hemos visto ayer en su último donde dije dije, digo Diego a propósito de su asistencia a la proclamación del Príncipe como Rey de España), es una lástima, decía, que no conociera uno este artículo de Ortega, "Memorias de Mestanza", publicado en Buenos Aires en 1940. 
Llego a él por Jordi Gracia, quien señala en su libro sobre el filósofo que siendo un escrito ficcionado, en pocos lugares habrá dejado de sí Ortega uno de sus más acabados autorretratos, en el momento en que la figura del intelectual se había desacreditado por completo tras la guerra civil.
Ortega se distinguió por no arredrarse ante ningún tema (de forma sobresaliente, como en su prólogo al libro sobre la caza del conde de Yebes, o ridícula, en el que le puso al de Victoria Ocampo, hablando de la mujer y de las mujeres) ni ante nadie (trató de corregir a Einstein), pero no podemos asegurar que tuviera sentido del humor. Y sin embargo, es capaz de hacernos sonreír muy a menudo. Lean:
"Para mí lo más sorprendente en Mestanza es que hombre de tal calidad, de mente tan densa, fuese diplomático. Tal vez se trata, por mi parte, de una injusticia respecto a ese oficio. Pero debo confesar la debilidad que me hace sentir angustia y una atroz melancolía cuando en una comida me encuentro sentado junto a un diplomático. «He aquí –pienso– dos horas de mi vida, total e irremediablemente perdidas. Voy a oír una serie de anécdotas que no tienen nada que ver entre sí ni con la realidad de cosa alguna, noticias vagas sobre países que no parecen estar en el mapa, e ideas equivocadas sobre todo». El giro popular español que habla de «tomar el rábano por las hojas» parece la definición de la diplomacia. Estos hombres de la carrière son el universal casi. Son casi elegantes, casi aristócratas, casi funcionarios, casi inteligentes y casi donjuanes. Pero el casi es el vocablo de la ausencia. A veces, sin embargo –recuérdese el caso de Stendhal–, la carrera diplomática es el mejor antifaz que un hombre distante de los demás hombres puede elegir para circular entre ellos sin que sospechen los ricos hontanares de espíritu que llevan dentro".
Dejando de lado ese "hontanares de espíritu", que no podía faltar, no es difícil sostener, como tantas veces Gracia en su libro, que cuando Ortega es bueno, es muy bueno.
Lo sentimos por la asociaciones de eventos, etc. y las escuelas de Altos Estudios de Protocolo y Rendivús.

Rastro, 11 de abril de 2014

7 de junio de 2014

La rosa no cansa

SIEMPRE le ha gustado mucho a uno esto que le decía a JRJ su madre: "Hijo, la rosa no cansa".
Todo lo contrario de la actualidad. Está deseandito uno (ver la entrada donde se hablaba de este gerundio) que se pasen las latosas turbulencias del presente, para volver al trabajo en el silencio de otros días. Nada tan firme ni valedero como la costumbre. Y de lo contrario, se teme uno que no vamos a tener otro remedio que abdicar. Claro que siendo pobres, no tenemos qué ni en favor de quién, y no vamos a gritar precisamente ahora, cuando hay tanta gente gritando. 
Además las rosas no hacen tampoco ruido. 
Bueno, sí, por dentro. 

6 de junio de 2014





6 de junio de 2014

Ortega, malgré tout


LA principal virtud de José Ortega y Gasset, de Jordi Gracia (Taurus, 2014), ha sido hacer que la sobriedad de su título se haya desplegado a todo el libro. Y el acierto de Gracia no haberse contagiado de la prosa de Ortega, quien a menudo, como es bien sabido, más que escribir le gustaba hacer bordado de Lagartera, cuando no encaje de bolillos, como en la guerra, y darnos este ensayo biográfico, tan sobrio como exhaustivo y fascinante, tal vez el mejor con el que cuenta el filófoso español. 

Ni siquiera ha sucumbido Gracia a la tentación de discutirle o enmendarle la plana a Ortega las ideas filosóficas, estéticas o políticas, lo que ha sido desde hace cien años un deporte nacional de biógrafos, filósofos, políticos, críticos, creadores y periodistas, y se limita a exponerlas, tal y como las concibió el laberíntico Ortega, y a contextualizarlas. Y si cada uno es un "yo y mi circunstancia", rastrea Gracia en el yo ligeramente hipertrofiado de Ortega y en su circunstancia, que fue, como sabemos, la de un nuevo siglo de oro de la literatura española, y la de una temporada que acabó en el infierno de la guerra civil, el exilio y la dictadura.

Es también una biografía hecha por muchas voces y citas, taracea de oportunísimos entrecomillados de cartas, juicios ajenos, extractos de artículos, obras, discursos... que Gracia ha tenido el acierto de dejar en su orden cronológico, sin desatender los episodios sentimentales y familiares del filósofo y sus opiniones personales, que tanto celó. Cabe decir, además, que Gracia, que ha escrito aquí su mejor libro, no ha caído, como es moda, en escribir una biografía contra Ortega, sino de Ortega. Y de él salimos un poco más reconciliados con el filófoso. Acaso sea este de Gracia el último hito en una reconciliación tantas veces pospuesta, porque se diría que nunca acabamos de estar reconciliados del todo con él.

¿De dónde proviene esta especie de indiferencia, animadversión u hostilidad hacia Ortega? Procede, en parte al menos, de lo sucedido durante la república, en la guerra y en la posguerra. Fue una de sus víctimas intelectuales, como lo fue Azaña, caído entre dos fuegos, sobre todo el fuego amigo. Y diríamos que si es injusto que se haga responsables a los hijos de los pecados de los padres, tal y como se menciona en el evangelio, aún lo es más que se haga responsables a los padres de los pecados de los hijos, y la guerra que ganaron los hijos de Ortega, Pérez de Ayala o Marañón, les hizo perder durante muchos años a los padres el lugar que merecían en la historia de España y, desde luego, el lugar que merecían sus obras. Pero este hecho no explica toda la desafección o distancia con las que se le castigó, principalmente a partir de 1932. Tomemos como ejemplo antagónico de Ortega a Unamuno. A diferencia de Unamuno, que necesitaba tanto de la gente, aunque sólo fuese como frontón de unas ideas expresadas siempre en un castellano cortante y empedernido, Ortega se diría que se complacía en escribir para no sentirse gente, sino subrayando, desde su mismo estilo literario, abundante en fililíes y ortegajos, como los llamaron Ferlosio y Martín Gaite, todo lo mucho que le distinguía y separaba de ella. Acaso este prurito aristocrático haya sido lo que ha suscitado en algunos cierta antipatía hacia una obra por lo demás inmensa, extraordinaria. Expresado en términos paradójicos: el ríspido Unamuno o el reticente Juan Ramón, tan misantrópico este y tan laberíntico también el otro, acabarían siendo mejor aceptados en el salón de la historia literaria que el sociable y en cierto modo salonnard Ortega. 

Y aunque no es el momento de abordarlo, habría que distinguir entre la aristocracia de intemperie de JRJ y la aristocracia de Ortega, de raíz institucionista ambas, la primera una aristocracia popular y la orteguiana... tal y como advirtió su discípula María Zambrano, algo señoritil. Y de aquí, tal vez, las afinidades que sintieron hacia la obra de Ortega quienes se reclamaron discípulos suyos, desde Ledesma Ramos a José Antonio Primo de Rivera, sin el acuerdo, hay que recordar, de quien no aceptó jamás el ejercicio de ese magisterio. Y esta es una de las lecciones que sacamos del libro de Gracia: ¡Qué poco crédito han tenido aquí la mesura, la tolerancia, el sosiego! La razón, ¡de qué poco ha servido! ¡Cuánto fascina el ruido y la pólvora, inseparables! ¡Qué pocos liberales ha tenido este país o qué silenciosos han sido, o qué silenciados! Pero vamos a dejarlo aquí, para no sumarnos al deporte nacional ni a quienes, tras la guerra, trataron de sepultar en la misma fosa común a JRJ, Azaña, Unamuno, Madariaga, Castillejo, Jiménez Fraud, por no citar a los hoy ya hipercitados Morla, Chaves o Campoamor.

Quedémonos con un libro que nos recuerda, y de la manera más respetuosa pero sin hurtarnos ni una de las debilidades o contradicciones personales y políticas del filósofo, que Ortega fue, es y será mucho Ortega. Cuando le preguntaron a Gide por el mejor poeta frances dijo: "Victor Hugo, hélas!". Puede que alguien esté tentado de responder de la misma manera si nos preguntaran quién ha sido el gran filósofo español. Pero en este caso habrá que responder sin titubeo: "Ortega, malgré tout!".
    [Palabras leías ayer en la FMarch en la presentación del libro, en la que intervinieron, con el autor, Javier Gomá, Santos Juliá y AT]

José Ortega y Gasset ante el micrófono de Radio San Sebastián, 1949. Foto: Marín, San Sebastían.