28 de febrero de 2013

De la guerra

"LA guerra misma cuando es llevada con orden y respeto sagrado de los derechos ciudadanos", leemos en la Crítica del juicio, "tiene algo de sublime en sí y, al mismo tiempo, hace tanto más sublime el modo de pensar del pueblo que la lleva de esta manera cuanto mayores son los peligros que ha arrostrado y en ellos se ha podido afirmar valeroso; en cambio una larga paz suele hacer dominar el mero espíritu de negocio, y con el bajo provecho propio, la cobardía y la malicia y rebajar el modo de pensar del pueblo." 
Creo que estas líneas están en la raíz del proyecto de novelar las guerras barcialeas, y, de paso, de toda la fascinación por la guerra de su autor, Ferlosio, aunque sólo estas, también de Kant (Hacia la paz perpetua), hacen admirables los numerosos ensayos de este sobre el "arte de la guerra": "Una federación de Estados que tenga como finalidad evitar la guerra es el único estado jurídico compatible con su libertad." 
Quiero decir que la novela permite al novelista buscar en la guerra los valores que en modo alguno encontrará ni mucho menos justificará el ensayista. Qué hacía Kant escribiendo textos tan contrarios entre sí, es algo que se me escapa por completo, pero seguramente habrá escoliastas que ya lo habrán aclarado.

Curtidos, Tetuán, 11 de noviembre de 2005

27 de febrero de 2013

Ecco li nostri, ecco li suoi

NO hay escrito de Sánchez Ferlosio, por descuadernado que parezca, que no contenga algo, y aun mucho, para pensar. Pero tanto como el pensar nos ha gustado en él siempre cómo se vale del humor para llegar a los asuntos de los que se ocupa. Así el artículo del domingo pasado, que vino en el momento en el que preparaba uno una de las hojas de este almanaque, sobre la guerra, que aquí se publicará mañana. 
En ese de Ferlosio, aparte de las consideraciones que se hacían sobre las armas y el matar, llama su autor nuestra atención sobre una película, Franco, ese hombre, en la que descubre la esencia de lo que fue el Generalísimo y el totalitarismo que instauró a base de "pólvora pura", a falta de la cual tuvo que contentarse, tras la guerra, con la "pólvora descafeinada" con la que despachaba gamos, sucedáneos de hombres, en los bosques del Pardo. Pocas veces habrá visto nadie en menos líneas desmenuzada la naturaleza y la pulsión criminal de aquel régimen.
Pero, a mi modo de ver, el momento más gracioso (dicho esto como homenaje a quien ha tenido siempre la gracia al escribir), era aquel en que recuerda, de sus años infantiles... Él lo cuenta mejor: "En los cines de Roma, en mi infancia, cuando estaban los indios en pantalla preparando alguna de sus fechorías y de pronto sonaban en off las trompetas de la caballería americana toda la sala rompía en un clamor: Ecco li nostri. Eran sin duda más primitivos y por tanto más clarividentes que los españoles, que decían «Los Buenos»”.
Y por eso, viendo las cosas que suceden hoy en España, tan barroca como Italia, y ante Luis Bárcenas, arropado por el presidente de Gobierno y todo el Partido Popular, el rey y sus seres queridos y/o entrañables y tanti quanti, ante todos ellos, digo, podríamos imprimir en ese grito todo el sarcasmo: ecco li nostri.
Claro que mirando lo que sucede ahora mismo en Italia, ante Berlusconi y Grillo, podríamos añadir también: ecco li suoi.

Cartagena de Indias, 29 de marzo de 2007

26 de febrero de 2013

Sobre el olvido, una vez más

ME topo estos días, preparando las conferencias sobre JRJ de la Fundación Juan March, con este aforismo suyo, memorable, sobre el olvido, decantación de otro de Nietzsche, que acaso desconociera el poeta, porque la poesía está comunicada de secretas galerías entre la realidad visible e invisible: "Olvidar es vencer". Se recoge en la antología de sus aforismos publicada en La Veleta, que yo mismo preparé en 2007. Expresa lo mismo que el verso de aquel soneto suyo ("¿Cómo era, Dios mío, cómo era?"): "Memoria, ciega abeja de amargura". Lo había olvidado, y ya lo siento, porque de haberlo recordado a tiempo habría figurado al frente de ese libro, que no trata de otra cosa.


El Rastro, 24 de febrero de 2013

25 de febrero de 2013

La hedentina

QUE algo huele mal en España, y aun mucho, salta incluso a la nariz menos avezada. Dicho abiertamente: vivimos en la hedentina. Es un chiste muy viejo (no hay chistes viejos, como saben, siempre hay alguien que no lo ha oído). El maestro le pregunta a Jaimito por el ácido sulfhídrico. Jaimito, que ha oído campanas, apenas medita su respuesta y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, como suele decirse, se lanza a responder: “Es un ácido que se caracteriza por su agradable olor”. “Hombre, Jaimito”, le corrige el maestro, “precisamente huele a huevos podridos”. Jaimito no se arredra y le replica como un resorte: “Pues a mí me gusta”. ¿El dinero huele bien o mal?

Recopiló hace años Sánchez Ferlosio una serie de escritos con el título de uno de ellos, Non olet, que tomó a su vez del opúsculo de cierto clérigo del que ignoramos su nombre, oscuro arbitrista granadino del siglo XIX. Contó este una “sobradamente conocida anécdota del emperador Vespasiano” que algunos conocimos por primera vez en el libro de Ferlosio (quiero decir, que no está nunca de más contar lo que creemos del dominio público). “Tito, hijo de Vespasiano, le recriminaba a su padre el cobro de impuestos sobre las letrinas públicas. El emperador le acercó al hijo  el dinero de la primera recaudación preguntándole si le molestaba el olor, y al contestarle Tito, «non olet» (no huele), le replicó «y sin embargo es producto de la orina»”. Naturalmente, Vespasiano tenía razón, pero también la tenía Tito. Si a algo se amolda la pituitaria, y no digamos la pituitaria moral, es a los malos olores. Pasado un tiempo, el sentido del olfato se embota, si acaso la imaginación y la necesidad de salir del aprieto no nos hacen decir que a nosotros ese olor nos deleita, como a Jaimito el del ácido sulfhídrico.

Es probable que al señor Bárcenas la fortuna que ha amasado como tesorero del Pp no le huela a nada en absoluto, pero de ahí a ver a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, y a todos sus secuaces, haciendo piña en el papel de Jaimito para convencernos que ellos, tras beneficiarse de los enjuagues y trapisondas de su contable, huelen a rosas, hay un largo trecho. Decíamos aquí hace unas semanas que más reprobable aún que su delito, será acaso la mentira y la arrogancia con que la sostienen, el modo en que han ido inficionando una sociedad próxima al colapso moral. Cada vez hay menos gente que no crea: 1/ que todos los políticos, sin excepción, no son unos ladrones; 2/que no lo es el rey y su parentela; 3/ que muchos robarían, si pudieran. Esto último nos confesó un taxista hace unas semanas: él no robaba porque no tenía dónde y no sabía cómo. Llegados a este punto de corrupción moral, política y económica, la tarea de regeneración se presenta difícil y lenta, y en tantos frentes que resulta abrumadora. Lo más descorazonador, sin embargo, es que el votante español y a pesar de saberlos corruptos seguirá, nos dicen, dándoles su voto. ¿Cuantas veces hemos oído a gente, incluso decente, que iba a votar tapándose las narices? Desde luego que la inmensa mayoría no somos responsables de la hedentina, pero sí, acaso, de haber embotado nuestra pituitaria con una dejadez y frivolidad irresponsables. 
       [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 24 de febrero de 2013]

24 de febrero de 2013

Ruina, naufragio

JUAN Valbuena es el editor de 2013, el libro en marcha del que se hablaba aquí ayer. Valbuena es también fotógrafo. Once años están detrás de este Noray, su particular periplo por el Mediterráneo, decantado en imágenes memorables, como esta. En cada una de ellas hay un poeta que sabe que el mundo se deshace ante nosotros, y él está allí para contarlo, como tantas veces hemos dicho, sin levantar un falso testimonio de la vida. Bien al contrario, celebrando siempre "toda la belleza del mundo", incluso en donde sólo parece que haya ruina, naufragio.

Juan Valbuena, Noray. Phree, Madrid, 2012.

23 de febrero de 2013

La vida por entregas

SE presentó ayer en la librería Alberti de Madrid el primer cuaderno de un trabajo singular, 2013: la vida por entregas, podríamos llamarlo. Como acaso ya saben los amigos, Jonás Bel y Rafael Trapiello se han propuesto retratar a lo largo de un año la sociedad española. En este su Gran Teatro del Mundo aparecen los actores vestidos de sí mismos, casi siempre de pie y siempre serios. La banalización de la fotografía ha traído consigo la banalización de la sonrisa y de la risa, que se reparten indiscriminadamente en nuestra sociedad, como el tú, los besos y las palmadas en la espalda. Una comedia humana la suya de personas más que de personajes, y nunca de comparsas. La seriedad con que nos miran parece haber invertido el sentido de la fotografía, no son ellos quienes comparecen ante nosotros, sino ellos los que miran en nosotros lo que hacemos y no hacemos en estos momentos tan desalentados para todos, principalmente para l*s decentes.
De este cuaderno se han editado cien ejemplares y cien se editarán mensualmente, hasta acabar el año. Buscaban J. y R. ayer dar a conocer su trabajo y ponerlo en manos de aquellos que lo harán posible. Lo posible aquí es muy poco, y lo es todo.


22 de febrero de 2013

Oji

QUÉ misteriosos los caminos de los papeles, más volanderos estos que las hojas secas. El que aquí comparece, una pequeña postal circulada desde Japón el año 3 del siglo 20, pasó antes por "Argelia (Francia)" hasta llegar, cien años después, una mañana helada, a nuestro Campillo del Mundo Nuevo.
Las manchas que aparecen en el cielo son heridas que ha ido infligiéndole el tiempo, cometas que alguien, quién, esta volando.
Es poco probable que el lugar que muestra esa tarjeta se conserve igual que entonces y menos aún que algún día vaya uno allí a comprobarlo. Sin embargo, tal y como lo vemos es suficiente, existe y quedará en nuestra memoria como un raro fruto sensitivo, nota de la lira inmensa que une oriente y occidente.

Vista de Oji, Tokio. Postal de 1903.

21 de febrero de 2013

Manos


"HACE ocho o nueve años compré en Internet un ejemplar de su primer libro de poemas: Junto al agua. Dos sorpresas al abrir el envío: una encuadernación en media piel roja, nervios, hierros dorados, papel de aguas, y una dedicatoria firmada por el autor el mismo 1980 de su publicación. Conservaba las cubiertas originales, pero no la sobrecubierta.
"Para José y Herminia con el verdadero afecto de Andrés Trapiello marzo 1980" escribió A.T, en siete líneas con tinta negra. 
"¿Quienes serían estas personas que encuadernan tan preciosa, y quizás tan costosamente, el primer libro de un autor desconocido? Me pareció la prueba evidentísima de que ese afecto del que hablaba el autor era recíproco.
Años después, en una de las entregas de Salón de pasos perdidos, habló A.T. de Herminia. Mi mala memoria, y la extensión de los "salones", me han impedido reencontrar esa referencia. Herminia, la librera de Mirto. Creo que nunca nos habló de una librería con tanto amor. 
"Me siento un eslabón en esa cadena de afectos: mi amor por la obra de A.T. me hace sentir cómodo con algo que en principio me intranquilizaba: tener entre mis manos algo que formaba parte de la intimidad de un escritor y sus amigos. 
Y me lleva a pensar en el eslabón siguiente, en la tercera, en la enésima vida de este Junto al agua".
Hasta aquí el relato que este para mí desconocido amigo, Paco Sánchez Bellón, ha publicado en la página de Facebook Spp. Me conmueve saber hoy, después de tantos años en los que ya no están con nosotros ni José Muguruza ni Herminia Allanegui, que encuadernaran aquel libro tal y como hacían con los de los mejores poetas españoles modernistas y veintisietinos, que ellos avaloraron antes que nadie. El rótulo de su librería Mirto, que dibujó José, arquitecto del Museo del Prado, es el único objeto que hay en nuestra biblioteca (junto a una foto de JRJ, hecha por Juan Guerrero, y una ramita de mirto, arrancada por nosotros del que crece al pie de la tumba de Leopardi, en Polisipo de Mergellina). 
Cuando Mirto cerró, fui muchas tardes a ver a su dueña, hasta que murió. Era la viva expresión de la alegría, de la nobleza, de la distinción natural. Yo imaginaba que Zenobia habría sido un poco así (tampoco habían tenido hijos), que así debieron de ser también las mujeres de la Institución Libre, sus amigas. Ella era un ventanal abierto al aire más puro y limpio del pasado.
El rótulo, enmarcado en una media caña, reposa sobre los libros de poemas de JRJ, a un lado, y al otro, sobre los de Paco Giner de los Ríos, cosas afortunadas del azar. 
No sé cuál fue el camino que ese Junto al agua siguió a la muerte de Herminia, pero sí que hoy está donde tenía que estar, y deseo que siga ahí muchos y buenos años, agradecido profundamente a todos ellos. Que si los libros en edición diferente dicen cosa distinta, dicen cosa mejor en las mejores manos.


20 de febrero de 2013

San Anselmo, entre Unamuno y Machado

              (Recuerdo de unas horas pasadas con F. de A., J.J y F.O.)

COMO niebla del río
se levanta del agua
un dios helado,
y la niebla acompaña
al pescador de caña.


Foto: T. Rand Collins

19 de febrero de 2013

Tras modisto, poetisa

GLOSÁBAMOS ayer a Amelia Valcárcel a propósito de la palabra modisto, y decía ella: sígase el razonamiento. Y a ello vamos

Que detrás de muchas palabras hay ideología lo prueba "poetisa". Es un femenino que desaprueban y rechazan en la actualidad la mayor parte de las mujeres que escriben poesía, pues saben que en esa palabra ofensiva y caricaturesca, frecuente hasta los años setenta del pasado siglo, se escondía a menudo el desprecio de aquellos varones que consideraban la poesía escrita por las mujeres poco más que un bordado (*). Ahora, es legítimo guardarnos en el arca de palabras viejas poetisa y aun poetiso, por dos razones: porque harberlos haylos, unas y otros, y porque nunca se sabe si la llegaremos a necesitar un día, no en función del género, sino del degénero poético.

(*) No confundir con lo que decía JRJ, primero en hablar aquí de Emily Dickinson o de poner en el otro platillo de la balanza romántica, junto a Bécquer, a Rosalía de Castro, o de señalarnos a Teresa Wilms Montt como "perdurable": "En cuanto a las poetisas, se las tendrán que entender con Apolo y con las musas marimachos".

El Rastro, 26 de enero de 2012

18 de febrero de 2013

Modistos: sígase el razonamiento, que va solo.

LEE uno estos días en internet una gran entrevista con Amelia Valcárcel, filósofa, catedrática de lo suyo y consejera de Estado. Es una entrevista de hace dos años (segunda entrada de Google). Aunque es una lástima no haberla leído antes, no es en absoluto algo de lo que podamos culparnos, al contrario: en este mundo aceleradísimo nuestro, suele ser lo habitual llegar tarde a las cosas, pero eso puede hacernos vivir aún en un tiempo humanizado. Y de eso trata esa entrevista, de humanizar e individuar a quienes tantas veces a lo largo de la historia apenas fueron humanos y hasta fecha reciente, y aun hoy, ni siquiera individuos. Estamos hablando de la mujer.

Se ha preguntado uno a menudo por qué el feminismo despierta tanta impaciencia en tantos varones (¡y mujeres!) , y he llegado a una conclusión bastante chestertoniana: si el feminismo no se ha tomado más en serio es porque se supone un asunto exclusivo de las feministas; bastaría con que contara en sus filas con una docena de hombres ilustres e influyentes comprometidos en esa causa con el mismo tesón y brío combativo que ellas, para que se mirara de otro modo. Pero lo cierto es que a pesar de que tantos consideren el feminismo algo exclusivo de las mujeres, en el peor de los casos como la cocina, y en el mejor como parir, “el feminismo es uno de los pilares de la democracia, y es una de las políticas que nacen con el mundo que vivimos. Porque venimos de sociedades en las cuales las mujeres no son nada”, nos dice Valcárcel, que nos recuerda que “el feminismo no tiene nada de que avergonzarse. No ha producido violencia ni tiene todavía ningún muerto en el campo contrario. Y ha logrado, con métodos pacíficos siempre, y a costa de las vidas de mucha gente que se ha sacrificado, ir consiguiendo meta tras meta”. Por gusto reproduciría aquí toda la entrevista, inteligente, clara, irrebatible, de la que ni siquiera está ausente el humor. No se la pierdan, créanme. Ah, se dice uno, qué lastima que se la hayan perdido los varones (¡y varonas!) de la docta casa, hechos todo el día la picha un lío con estas cosas. “¿Qué opina del lenguaje de género o inclusivo? A mucha gente le parece ridículo”, se le pregunta. Y esta es su respuesta, meridiana como sol en la nieve, como la impronta de un gorrión en ella: “No lo sé, la primera vez que se dijo “médica”, probablemente alguna persona se asustó. ¡Pero la decimoquinta vez ya no se asusta nadie! La primera vez que se dijo “abogada”, también, y la decimonovena vez ya no se asusta nadie. Yo soy consejera de Estado. La primera vez que se dijo “consejera”, supongo que alguien se asustó. Pero, como todo, el lenguaje sirve para hablar de lo que hay; lo que pasa es que el lenguaje cambia más despacio que lo que hay. Las mujeres corren más que el lenguaje. Por lo tanto, el lenguaje tendrá que seguir nuestros logros y no preocuparnos de ello. Todo suena muy ridículo, ¡pero a mi más ridículo que la palabra “modisto” me suenan muy pocas cosas! ¡Y la Academia de la Lengua la aceptó en los años 50! ¡Así que allá ellos! [y ellas, habría que añadir hoy]. Les parecía muy poca cosa que un señor que hacía trapos se llamara “modista”. O sea que si a ellos les pareció bien “modisto”… sígase el razonamiento, que va él solo”.
        [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 17 de marzo de 2013]

17 de febrero de 2013

Arco, 2013


LOCO sólo, no basta; hay que ser loco y algo más. El loco sólo, marea. Y lo mismo puede decirse de la cordura. El cuerdo sólo, aburre o impacienta.

El Rastro, 2 de septiembre de 2012

16 de febrero de 2013

Canción de cuna


DEL dolor han brotado grandes obras, el espíritu parece que gusta pulsar las cuerdas del sufrir y arrancar de ellas las consoladoras melodías que todos conocemos. Pero yo cambiaría lo que tengo por una vida luminosa, ociosa, alegre. Y no me importaría que me dejara las manos vacías, que se dijera de mí: fue un gandul, alma de cántaro. A mí me suena bien así, sólo la idea de que esa vida fuese posible se derrama en mi oído como la más dulce de las nanas, y llego a soñar despierto lo mismo que sueña dormido un niño.

Las Viñas, 13 de febrero de 2013

15 de febrero de 2013

Plenitud de lo mínimo

PIDO disculpas por no haberla hecho mejor, pero se ve a lo lejos el humo de una pequeña hoguera. El humo dormido ha sido siempre un título que me ha gustado mucho, por lo que encierra de sueño. De ese humo al pie del monte parecen haber nacido todas las nubes de nuestra mañana riente de primavera, mientras leo a JRJ: "¡Plenitud de lo mínimo / que llena el mundo", nos dice, sin cerrar la exclamación (qué incómodo se siente uno encontrándole a JRJ una errata en un libro que él cuidó y corrigió). Y nadie podría haberlo dicho mejor de nuestro día que JR, tan delicado siempre que deja que lo cerremos nosotros ahora con nuestra propia exclamación.

Monte Santa Cruz, Las Viñas, 14 de febrero de 2013

14 de febrero de 2013

Hasta ahí podíamos llegar

"LA carne es triste, qué le vamos a hacer, y he leído todos los libros". Ese, y no el del dichoso dinosaurio, es el cuento de terror más corto de la historia de la literatura. Y ni la carne es triste ni leeré jamás todos los libros, hasta ahí podíamos llegar. 

Las Viñas, 13 de febrero de 2013

13 de febrero de 2013

Una pequeña hipérbole y otros fragmentos


UNA pequeña hipérbole. El Drae pone como ejemplo de oxímoron "un silencio atronador". Incomprensible. Porque todo el que los haya oído sabe que hay silencios atronadores por todas partes, y no sólo en sentido figurado. Por tanto no hay contradicción alguna. Se ajustaría más el oxímoron a la expresión una pequeña hipérbole, tan usada en la crítica literaria.
* * *
RESULTA comprensible la admiración que despiertan los judíos, incluso en abstracto: algunas de las personas más inteligentes y admirables de la historia lo fueron. Más aún, si resultase factible hacerse judío sin pasar por la sinagoga, muchos nos sentiríamos tentados de serlo. Ahora, haber dejado de tratar a curas y frailes para caer en manos de los rabinos no es muy atrayente.
* * *
EL poeta, si no crece, no se queda como está: va a menos siempre.

El Rastro, 11 de noviembre de 2012


12 de febrero de 2013

El bronce y compañía

PUEDEN verse estos días en Madrid dos exposiciones monumentales en el mismo edificio (Mapfre), procedentes ambas de París. De la llegada desde el Quai d'Orsay recordar a los amantes de la pintura que estos volverán a encontrarse con algunos de los cuadros más hermosos de Van Gogh (el de La Sirène) o de Cezanne (sus cebollas, sus manzanas) o de Vuillard (su retrato de Valloton y el políptico), entre otros muchos.
Pero es ahora de la otra de la que querríamos hablar, la dedicada a la gente del bronce y a sus amigos los artistas pobres. Su título original, "La bohème", creo, han tenido aquí el acierto de traducirlo con el que acaso sea uno de los grandes títulos de la literatura española de todos los tiempos: "Luces de bohemia". Han recurrido a pintores y cuadros del XIX y del XX, desde Corot a Picasso, de Van Gogh a Nonell, algunos en verdad extraordinarios. ¿Qué tienen los gitanos que a tantas gentes han seducido a lo largo de los siglos? Cervantes, en La Gitanilla, prodigio de finura, nos dio esperanzas a todos: no hay nada que no pueda hacer de un payo un gitano. ¿Y qué es un gitano? Algo que viene expresado muy bien en estos tres proverbios romanís: "Si no sabes hacia dónde vas, acuérdate de dónde vienes", "Lo que cuenta no es el destino, sino el camino que recorres" y, por último: "Me podéis matar, pero dejadme cantar mi canción". En los tres está encerrado todo lo que un ser humano ha de saber y a todo cuanto ha de aspirar, y no lo habría expresado mejor el mismo Epicuro.

Van Gogh, Carromatos, de la exposición Luces de bohemia (Mapfre, Madrid)

11 de febrero de 2013

Lo juro por Dios

LO peor que haya podido sucederle a Luis Bárcenas, el extesorero del Pp, ha sido la confesión de Lance Armstrong, exganador de siete tours de Francia. ¿En qué sentido, qué tienen en común uno y otro? Tienen en común la mentira, pero más aún el modo en que la sostuvieron, que hoy encontramos una burla insufrible, mucho más que el dinero obtenido merced a su embustes y trapisondas. Puede incluso que lo devuelvan, aunque no parece muy verosímil que ocurra algo así, pues antes dirán que se lo han gastado ya o que nunca fue tanto como se ha dicho, porque si mintieron para hacerse ricos no van a decir la verdad para ser pobres. Pero en todo caso daríamos por bien perdido ese dinero, si pudieran devolver la fe que las personas de buena voluntad  ponen en sus semejantes, la fe en la palabra dada y en la decencia. 

Hemos visto días pasados a Armstrong confesar con aplomo que se había drogado porque era imposible ganar un tour de Francia sin hacerlo. Era también una confesión repulsiva, porque extendía en ese momento el venenoso orín de la duda sobre aquellos que ganaron alguna vez un tour, pero  lo llamativo no fue, con todo, el fondo de su claudicación, sino aquel tono suyo marmóreo, inexpugnable a cualquier efusión. Apenas hace unos meses empleaba otro bien distinto, arrogante y hasta colérico, para proclamar su inocencia, llegando incluso a amenazar con llevar a los tribunales a cualquiera que la pusiera en duda. Y eso mismo ha vuelto a ocurrir con Bárcenas, y la cobardía de ahora en eludir a quienes querrían conocer algunos hechos, contrasta con la altanería de hace unos meses en negarlos. Cómo se defendió entonces, cómo fingía su indignación, con qué fiereza: “No tengo nada que ocultar y me reservo el derecho de emprender acciones legales, etc., etc.”. Y lo extraño es que tal vez fuese cierto lo que decía, porque para entonces es posible que el botín ya estuviese oculto y a buen recaudo en Suiza, como hemos sabido. Y el tono de Bárcenas lo empleó también Mariano Rajoy, y con él el cuerpo de baile de la calle Génova, todos a una en defensa de su tesorero, en todos la misma victimación e insolencia. 

La gente que trabaja cada día honradamente y paga sus impuestos, que enferma y ve cómo privatizan la sanidad pública o a sus hij*s, padres y herman*s en el paro, no sabe qué hacer, y asiste avergonzada al espectáculo de este bandidaje. Es la gente que está irritada y furiosa contra esos políticos, pero más aún contra sí misma: “Nos han engañado como a perros”, se confiesan desolados, pensando que son idiotas por haberse dejado engañar. Pero ¿cómo no creer, si se es decente, a alguien que jura por Dios que él también es inocente? ¿Cómo vamos a pensar que el cinismo y la soberbia de nadie le lleven a mentirnos con ese aplomo? De modo que los que creen en la democracia y en la política limpia miran asustados la propagación del mal, la creciente ola de personas que, hartas de su trabajo honrado, proclaman su decisión de robar y mentir, si pueden hacerlo impunemente, o suspiran por el advenimiento de un mesías fascista que acabe con los políticos, corruptos y decentes, y de paso con todas las libertades que han de defenderse por encima de todo.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 10 de febrero de 2013]

10 de febrero de 2013

Malmö

ES un depósito de agua de hace cien años. Es también un homenaje a Julio Verne, uno de sus inventos. Aún sigue en pie en la ciudad de Malmö. Algún día ese edificio logrará despegar de la Tierra. Lo hará lenta, majestuosamente, como el Apolo, y llevará agua a Marte. Nos fascina esa arquitectura que cumple no sólo la función instrumental para la que fue creada, sino la no menos importante de la imaginación, sin la cual la vida es sólo H2O.

Del Rastro, enero de 2013

9 de febrero de 2013

Onís

ACABA de publicarse en edición facsímil la mejor antología que se haya hecho nunca de la poesía en español del siglo XX, y no sólo porque estén en ella algunos de los mejores poetas en castellano de todos los tiempos y, cosa rara, adecuadamente jerarquizados. A su lado la más célebre de Gerardo Diego se queda en una función de parvulario. Y el hecho de que sólo abarque el primer tercio de siglo resulta más o menos anecdótico, si se nos permite afirmar algo así y sin ánimo de provocar un motín de egos. Es una antología que pueden leer, y deberían hacerlo, incluso aquellos que no suelen leer poesía. Infrecuente y cara la primera edición, agotada una reedición de los años sesenta, esta, de la editorial Renacimiento, es una invitación tentadora que no debería inatenderse.  De ella ha hablado JLGMartín de manera tan justa y atinada que hace ocioso el extenderse más aquí. El prólogo de Alfonso García Morales es, en efecto, excelente.


8 de febrero de 2013

Cocuyos

EL libro de Bernal Díaz del Castillo abunda en pasajes memorables: retengamos este en el que los indios confundieron un rebaño de cocuyos o luciérnagas, en medio de la noche, con las mechas de los arcabuces. Por esa razón aplazaron su ataque, salvando así a los castellanos, a los que ni siquiera les quedaba pólvora. De haber sido atacados esa noche habrían perecido sin remedio ante el empuje azteca.


Luciérnagas en el hostal Alhambra, Madrid. 24 de diciembre de 2012

7 de febrero de 2013

La ristra

NO resulta fácil sustraerse a los acontecimientos. Oímos en la radio y la televión a los opinativos, leemos, al menos, cuatro periódicos. Asombra, abochorna, diríamos, el sesgo, ver cómo la realidad es una u otra según sea el medio que se ocupa de los hechos. Lo que para unos es decisivo, otros ni siquiera lo recogen. 
Va uno poniendo en su papel las conclusiones, con lo que tiene. Conjeturas.
1. Luis Bárcenas es idiota, tanto por llevar en una libreta la contabilidad b, igual que el contable de Al Capone, como por dejar que alguien se la haya fotocopiado. Sorprendido con las manos en la masa, ha decidido tirar de la manta, y vengarse. Naturalmente niega que la libreta sea suya.
2. Luis Bárcenas se cree muy listo, y sabiéndose cogido con las manos en la masa, ha copiado en una libreta nueva la contabilidad b de su partido, mezclando datos, unos verdaderos y otros falsos, con el fin de liarlo todo un poco, ver qué saca y ganar tiempo. Por esa razón, niega que la libreta sea suya.
3. Luis Bárcenas no es ni listo ni tonto, sólo tiene una noble aspiración en esta vida: que alguien le inmortalice como figurita de Lladró con ese abrigo de pelo de camello y cuello de terciopelo negro.
4. Luis Bárcenas es un hombre astuto, para lo cual no hace falta ser ni listo ni tonto, y ha hecho sus cálculos: de acuerdo, soy un chorizo, pero verdes las han segado y váis a ver mi dinero el día en que veáis el de Roldán.
5. Luis Bárcenas, más allá de ser listo o de ser tonto, más allá del bien y del mal, acaba encarnando al superhombre y pide que le asesore su amigo Trías Sagnier, aquel precisamente que le ha denunciado y que asegura que las libretas de la contabilidad b son las que Bárcenas le mostró hace años, lo que éste naturalmente niega.
En este sainete, a día de hoy, la gran frase la ha dicho el presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, eslabón perdido entre el lenguaje articulado y el corcho: "Todo es falso, salvo alguna cosa que es cierta". A esta la frase es posible que la supere otra pronto, porque el campeonato no ha hecho más que empezar. Se cree también que el lema del presidente de Gobierno es una célebre frase de Jesús, que era, como Cristóbal Colón, oriundo de Pontevedra: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco más me volveréis a ver"

El Rastro. Muestras de adn. 27 de enero de 2013.


6 de febrero de 2013

Vamos a menos

EN efecto, calle de la Amargura la hay en muchas ciudades. En León, muy cerca de donde pasé mi infancia, había una que me gustaba mucho, la de Cantamilanos, que me parecía infinitamente más distinguida y heráldica que otra cuyo nombre con los años me gusta igualmente, Cantarranas. Y una calle del Malpaso, corriente también en otras partes, y la preferida de mi hermano Pedro, Calle de la Tremolina.
En Madrid, mi preferida es la Costanilla de los Desamparados. La de los Alfigidos tampoco está mal ni el maravilloso Campillo del Mundo Nuevo Hay muchas otras. Las de los oficios suelen ser todas bonitas (Coloreros, Cedaceros, Chisperos, Ribera de Curtidores). 
En lo de las calles, leyendo el libro de Pedro de Répide, Las calles de Madrid, se ve claramente que vamos a menos. Hasta el siglo XIX tenían todas ellas unos nombres preciosos. Luego entró la horda de generales, aristócratas, obispos y políticos y se apropiaron de todas las que pudieron, con una voracidad grotesca, de modo que bastaba que muriese un espadón para que sus secuaces despojaran de su nombre a una calle y le pusieran el de ese militar, con la esperanza de que los que viniesen detrás hicieran lo mismo con ellos. Hasta llegar a un punto en el que vamos caminando y mirando los rótulos de las calles, preguntándonos quién era ese pájaro y el de más allá. Todos nos son desconocidos, lo que da la medida de la insignificancia y lo pasajero de su obra, y si te informas, es peor, aunque viendo las cosas que suceden ahora casi lo agradecemos, porque no querríamos ponernos en el pellejo de quienes un día tengan que vivir en la calle de los políticos que tenemos, sobre todo porque sabemos que para ello tendrán que despojarles de su nombre al Pretil de los Consejos o a la calle de los Remedios o al Paseo de los Melancólicos o a la de los Invencibles o la de la Luna o la del Desengaño. En fin, que hagan lo que quieran. Pero les pediríamos que dejaran como muestra de nuestro pasado cervantino aquella  Costanilla y la que tanto le gustaba a Machado, tan machadiana, al lado de nuestra calle del Conde de Xiquena (otro de tantos): Calle de Válgame Dios.

Madrid desde la terraza de la Ser, 7 de enero de 2013

5 de febrero de 2013

Políticos sobrecogedores y pobres ilusos

"MÉDICO del alma" le llama a la risa en su Crítica del Jucio Immanuel Kant (quien sigue mandándonos estas citas con su célebre paloma desde el ala oeste de la casa), y así hemos de verlo estos días en que se nos ha llenado España de políticos sobrecogedores (como se conoce en la jerga taurina a los críticos que se dejan sobornar). Ellos están haciendo de nosotros no ya "pobres de lujo", como decía Gaya, sino pobres ilusos.

Miguel Gila, El libro rojo de Gila. Ediciones 88, Madrid, 1974.

4 de febrero de 2013

Hablan las cosas


Le gusta a uno más hablar de las personas que de las cosas y  más de las cosas que de los libros, pero a veces tenemos la suerte de tropezarnos con un libro que habla de las cosas que hablan de las personas y que lo hace, además, mejor de lo que lo harían muchas personas de sí mismas. Es  lo que ocurre con este centón asombroso, La historia del mundo en 100 objetos, que he leído en dos sentadas, a pesar de sus setecientas páginas y gracias también a que muchas de ellas son fotografías y sus capítulos, referido cada uno de ellos a cada uno de los objetos glosados, son muy cortos. ¿Y de qué trata? Como indica su título, de contar la historia del mundo desde que el hombre talló su primera hacha de sílex hasta que ideó la tarjeta de crédito que usamos en los cajeros automáticos. Su autor, Neil MacGregor, director del Museo Británico, es además muy astuto, y es raro el capítulo en el que no le ceda la palabra a un especialista solvente para hablarnos de esos objetos, una vasija, un pergamino, un astrolabio, una pieza de ajedrez, el primer papel moneda, una copa, un tambor, así hasta completar los cien objetos, todos ellos pertenecientes al Museo Británico, que es acaso la más asombrosa almoneda de lujo, donde podemos encontrarnos la piedra Rosetta o uno de los peniques que las sufragistas inglesas circularon después de reacuñar en ellos sus consignas subversivas. 

Decía Walter Benjamin, hijo de anticuario y él mismo coleccionista, que todo documento de cultura es un documento de barbarie, y si cada objeto dice mucho de los hombres que lo idearon e industriaron, también lo hace de la violencia sin la cual no habría podido llegar a ser. Ese sarcófago nos recuerda al fino orive que trabajó en él, pero también la esclavitud sin la cual jamás habría sido levantada la pirámide donde el arqueólogo, inglés por supuesto, lo encontró, al tiempo que nos declara algo no menos valioso: sin la maquinaria militar de la rapiña, en este caso del Imperio británico, ese sarcófago no estaría hoy en Londres, y seguiría en Egipto. Algo así como dos historias del mundo, una dentro de otra. El señor MacGregor cuenta muy bien la primera de las dos historias,  y con la otra hace prácticas de elocuencia: el Imperio británico “tomó a su cargo”, cierto, enormes riquezas, que descubrió y salvó de su destrucción cuando otros las desdeñaban, invirtiendo en ello grandes sumas de dinero, pero a su entender tampoco está tan mal que sigan donde están, o sea, en “su” museo, ayudando a la gente a entender que la cultura es algo que nos pertenece a todos; en resumidas cuentas, que si los griegos, por ejemplo, piensan que los frisos del Partenón van a volver algún día a Atenas, como reclaman desde hace décadas, están muy equivocados; de hecho piensa, aunque no llega a decirlo jamás (las formas son las formas, y para eso es inglés), que en ningún otro lugar del mundo estarán mejor estudiados, custodiados, expuestos y admirados por más gente que en este Museo Británico, lo que seguramente era cierto hace cien años. Pero ese no era el propósito de su libro, sino el de poner de acuerdo a los hombres en  lo que nos concierne y compartimos, y esa historia  casi mágica la cuenta como nadie.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 3 de febrero de 2013]

3 de febrero de 2013

El hedonista acelerado


SE acaban de publicar los diarios de Joan Estelrich (Felanitx 1896-París, 1958)*. Dentro de la cultura de su tiempo Estelrich lo fue todo: erudito, conferenciante políglota, escritor, director de periódicos, conspirador, diputado a Cortes, diplomático, y todo ello por tierra, mar y aire. Pla, que le hizo un retrato al dente, lo resumió sin contemplaciones: “En el curso de su vida Estelrich sólo tuvo tiempo para las cosas inútiles”. Después lo arregla algo y asegura que algunas de esas cosas, como la edición de clásicos en la Fundación Bernat Metge, que dirigió desde su creación hasta que murió, fueron muy importantes. En todo caso, sí, la suya fue una vida apretadísima y su personalidad a un tiempo gimnástica y relajada le llevó a conocer a “todo el mundo” (desde Thomas Mann a Victoria Ocampo, de Valery al que usted quiera), y a rodearse de unas cuantas bellas señoritas que se turnaban para bailarle la danza del vientre allá por donde iba. Esto último se ve bien en estos diarios que según cuenta Manuel Jorba tenemos de milagro, ya que buena parte de ellos se destruyeron por misteriosas razones.
Decía Pla que su amigo tenía también un temperamento de lo más mediterráneo, capaz de trabajar al mismo tiempo para Cambó y para March, que se detestaban. Con ese espíritu concertante desembocó en la guerra: “Como catalán deseo el triunfo del gobierno, pero como español deseo el triunfo de los sublevados”. O sea, se puso al servicio de los sublevados dirigiendo desde París y con el dinero de Cambó, su jefe, un periódico, Occident, que trataba a un tiempo de agrupar a los intelectuales favorables al golpe y frenar la propaganda de los intelectuales de izquierda, implacable en el extranjero. Pese todo, la guerra no le nubló la vista y jamás ocultó la repugnancia que le producían los discursos de Queipo de Llano o la fatalidad de los acontecimientos: “Estoy seguro de que nadie se ha matado nunca con tanto gusto como los actuales combatientes”, le dirá a Madariaga, sin menoscabo de algunos pasajes involuntariamente cómicos, como este en el que un catalán de centro-derecha como él prefiere echarle la culpa a un charnego que a un catalán de extrema izquierda: “Está la Fai catalana, que conserva algún sentimiento humanitario; por encima de ella, la Fai murciana, que no tiene el menor sentimiento, y por encima de las dos aún la super-Fai murciana que lleva a cabo los horrores que no son capaces de cometer las otras dos”. La eterna novedad del mundo.
Los diarios prometían ponerse bien justamente entonces, pero los de la guerra son de los que se han perdido. No importa demasiado, porque los que siguen nos hablan de un hombre que sufrió el drama de tantos: ser uno de los vencedores y disimular la repugnancia que le ocasionaba vivir entre muchos de ellos, así que en cuanto pudo se quitó de en medio, a la espera siempre de que algo cambiase. ¿Qué? Estelrich no lo supo bien, y por eso, mientras espera, sigue haciendo lo que mejor se le había dado en tantos sitios, Barcelona, Madrid, Ginebra, Buenos Aires, Chile: política de claqué y hedonismo a tres voces. Como funcionario de aquel Régimen, a Estelrich se le podrían pedir responsabilidades, desde luego, pero es también el ejemplo de que las cosas no suelen ser sólo blancas o sólo negras. Liberal, inteligente y una buena persona (ahí está su conversación con Azorín para intentar repatriar a todos los intelectuales exiliados), creía que Cataluña y España podrían volver a ser cualquier día lo que fueron en la República, mientras él esperaba en París cultivando el arte de la ostra. Allí le llegó la muerte. Había hecho bueno lo dicho por algunos de sus camaradas más cínicos: nada como servir a una dictadura destinado en una democracia. 
(*) Cuaderns Crema, Barcelona, 2013.
   [Publicado en El País, Babelia, 2 de febrero de 2013]

2 de febrero de 2013

Calle de la duda

"EN la actualidad el carrer del dubte se ha convertido en la plaça del dubte (de tan pequeña, daba igual calle que plaza) y se encuentra junto a la Ronda de Sant Antoni, entre el carrer de la cendra (de la ceniza) y el carrer del Príncep de Viana, es decir, junto al paseo donde se encontraban parte de las antiguas murallas de la ciudad y uno de sus portales de entrada. Más allá se extendía un paisaje de huerta y campos de cultivo que debía ocupar el actual Ensanche hasta los pueblos vecinos de Sants, Sarrià, Gracia...
Esa cercanía al campo parece que es el origen del nombre, una disputa entre payeses sobre la propiedad del agua que manaba de una fuente que había en la mitad de la calle y que cada uno de ellos reclamaba como correspondiente a la vena de agua que pasaba por debajo de sus tierras. Tras muchas disputas y comprobaciones parece ser que no llegaron a ninguna conclusión, así que que la cosa fué duda. Esa es la versión que da Joan Amades (folclorista, ateneísta, esperantista y más -istas todavía) en su libro Històries i Llegendes de Barcelona y que recoge también el nomenclátor oficial de Barcelona: "Tres terrassans de les hortes de Sant Antoni es disputaven l'origen del doll d'aquella font que segons cada un d'ells era igual al de la vena d'aigua que passava per sota del seu hort i que treia la seva sínia. Com que no es posaven d'acord, van fer diverses proves sense arribar a establir-ne la procedència i batejaren la font amb el nom del dubte."
Esto trajo el correo del amigo Robert Latorre, a quien pedí el otro día en Barcelona un socorro, encandilado por ese nombre. De todos los títulos de mis libros, publicados, en prensa o imaginados, acaso el que mira uno con mayor simpatía es este: Seré duda, inspirado en la jerga futbolística. Ninguno dirá tanto de su autor.
"Como ves", acaba su correo el amigo Robert, "no hemos encontrado la poesía que, quizás, su nombre nos había hecho imaginar. De poder transportarnos unos siglos atrás, la poesía tal vez la encontráramos en los campos que labraban esos payeses, en sus conversaciones o en la brisa marina que por las tardes les acercaría los sonidos de las Atarazanas".
Yo sí creo que en todo esto, en la calle y en su correo, puede encontrarse poesía. Es bonito y poético vivir en la Calle de la duda (y no digamos lo que supondría tener un estudio en la Calle de la duda metódica), cerca de la Calle de la ceniza, como en otras calles de nombres señalados (del aire, por ejemplo), y prometo traer aquí un día de estos los míos preferidos de Madrid, invitando a quienes quieran enviarnos los suyos, para hacer entre todos esa ciudad ideal de calles con nombres en los que no haya el de un solo alcalde ni cacique ni prohombre.


Foto: RL.

1 de febrero de 2013

Victoria de los Ángeles, la aguadora

RECORRIMOS el pasado sábado en Barcelona medio barrio del Raval buscando este documental sin saber que ya estaba colgado en internet, y verlo y despertarse en nosotros el deseo de volver a oírla una vez más, fue todo uno. De oírlo, si ello fuese posible, todo a la vez, meter cuanta música hizo en una sola nota, como el ángel el agua del mar en un hoyo, tal amor nos despierta.
A lo largo de este memorable Brava Victoria se oyen a menudo las palabras "expresividad", "naturalidad", "temperamento". La propia Victoria de los Ángeles subraya como germen de su modo de cantar el instinto. Con todo, nada parece explicar el milagro que fue su voz, su timbre meridiano y, principalmente, sí, ese modo único de naturalidad, una naturalidad sin adjetivos.
Y viéndola hablar a ella de las cosas que habla cuando no canta, tan luminosa, tan vivaracha, su aspecto, su jovialidad de mujer de pueblo a la que nada puede arredrar porque es honrada, la alegría que parece sentir por todo, ella, que tuvo vida tan desdichada, viéndola hacer punto, oyéndola recordar sin sombra de resentimiento cómo su madre fregaba los suelos de la Universidad que la está haciendo doctora honoris causa, comprende uno que la música en ella fue eso: poner en paz el mundo y apagar su sed con agua limpia y fresca, esa que llevó inagotable a todas partes en un cántaro de barro, la aguadora.