17 de octubre de 2011

Pero ¿cómo de grave?

Desde sus inicios en el siglo XVIII hasta hace como quien dice dos minutos los periódicos se leían en horizontal. Por internet, en los móviles y portátiles, se leen, como es sabido, en vertical. El papel es horizontal y la luz vertical, nuestros analógicos van de izquierda a derecha, y los digitales de arriba abajo. ¿De leer el periódico de una u otra manera, cambia el sentido de lo que leemos? ¿Cambian las noticias? Probablemente. Una esquela, en la página de las esquelas, dice una cosa, y en portada otra muy diferente. Y si cambian las noticias, pueden cambiar los hechos, parecer más o menos importantes o decisivos, como puede cambiar nuestro pasado si se confirma que el neutrino es más veloz que la luz.

Mientras los periódicos eran de papel, los periodistas conocían bien el valor que tenían las páginas, y dentro de las páginas, los espacios. La primera era mejor que la segunda, pero la tercera era más importante también que la segunda, y la última, que muchas otras, y la parte superior derecha, más que la izquierda, etcétera. Ateniéndose a este criterio los directores jerarquizaban las noticias, y al jerarquizar las noticias, los hechos. Para ellos, como para Napoleón, la página era un campo de batalla, y no digamos en aquellos periódicos del siglo XIX que tenían formato literalmente de sábana, de meseta.

Paradójicamente el espacio de internet, que acoge el infinito, se limita a una pantalla que apenas admite otra cosa que titulares. Y eso producirá algunos cambios: estaremos mejor informados de hechos a los que no tendremos tiempo de prestar mucha atención. Los periódicos analógicos suelen componer a cuatro, cinco y seis columnas; los digitales, a tres. ¿Quién ha decidido que la más importante en estas sea la de la izquierda, donde vienen las noticias, y no la de la derecha, como hubiera cabido pensar? La segunda columna, la del centro, la médula, suele reservarse a las noticias de deportes, conciertos de rock, escándalos y vida social. Y la tercera, a contenidos diversos sin clasificar, es el cajón de sastre, lo que no ha cabido en las otras dos. 

Y aquí viene lo más extraño y desconcertante de todo. Aunque en internet leamos de arriba abajo, también seguimos leyendo de izquierda a derecha en la pantalla, de modo que vienen a coincidir, por ejemplo,  a la misma altura en nuestra mirada, el accidente nuclear de Fukhusima, la última borrachera de Paris Hilton y un parpadeo publicitario; o que se hunden las bolsas, que ha ganado el Unicaja, que Mandela cumple años. De ser ciertas las alarmantes noticias sobre la marcha económica del mundo y los índices de pobreza, deberían haber estallado ya las revueltas. Pero la gente se dice: Exageran, no será tanto si ha ganado el Unicaja, si a esa noticia le dan el mismo rango que a la quiebra de Lehman Brothers. Desde hace tres años a la sociedad moderna le están diagnosticando a diario algo terrible, y como esta aún no se encuentra mal del todo (las metástasis tienen eso: pueden ser corteses durante un tiempo), nos preguntamos como los del Titanic: pero ¿cómo de grave?, mientras sigue la música sonando.
      [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 16 de octubre de 2011]

6 comentarios:

  1. No había caído en esta diferencia que apunta entre leer el periódico en uno y otro soporte; pero sí me reconozco en un bah, no será tan grave si sigue la liga; porque en el mismo golpe de vista alcanzaba dos titulares muy distintos.
    Como también los periódicos necesitan vivir, no nos ahorran disgustos en cuanto les conviene. Pero tampoco parecen dispuestos o interesados en contarnos nada que no podamos digerir. ¿Cómo nos daremos cuenta de la marcha de las cosas? yo creo que va a ser por el método tradicional, al empezar a sentir hambre en la barriguita.

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  2. Yo los periódicos los leo de atrás hacia delante. En internet, no existe correspondencia: ni de izquierda a derecha, ni de abajo hacia arriba. Ante un periódico digital, me encuentro en pleno proceso de desarrollo espacio-temporal. Otra cuestión es el tiempo de que dispones para leer esas noticias... pero de eso -imagino- hablaremos otro día. Saludos

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  3. Ya se lo apuntaba Bogart a Ingrid en Casablanca -¡cuánto ha pasado ya de ello, dios mío- : el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos.A mí, con la Bergman al lado, la verdad, me daría también un poco lo mismo, tal es el calado de mi solidaridad. Apocalipsis now, ya. Por lo demás, mientras el Planeta no baje la cuantía de su Premio, es que el Planeta y El País no van del todo mal. Cuando lo de la colza, a una señora que había comprado aceite adulterado le preguntaban ¿no va usted a devolver ese aceite? Quiá, decía ella, lo tomaré en cuanto dejen los papeles de hablar de ello.

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  4. Muy bueno. Nada que discutir. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad; ¡lástima que no sea así con las conciencias! Esas retroceden...

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